No todo son certezas respecto al destino de la transformación digital a la que nos dirigimos. Sabemos, eso sí, que se destruirán puestos de trabajo repetitivos y pesados en los que máquinas o robots son más eficientes. Y sabemos también que se crearán nuevas oportunidades laborales que ahora mismo no podemos ni imaginar. De este par de certezas, que son dos caras de una misma moneda, podemos extraer algunas conclusiones. Y una de las más importantes es que el mundo cambia cada vez más rápido y que si no queremos perder el tren, tenemos que formarnos durante toda la vida. En inglés y en entornos digitales es lo que llaman always in beta.

 

«Tendremos que mantenernos despiertos, conectados y aprendiendo siempre.»

 

Antes te formabas mientras estudiabas y, al terminar los estudios, te ponías a trabajar. Ahora tendremos que mantenernos despiertos, conectados y aprendiendo siempre. Cuando te acostumbras, es la fórmula de la eterna juventud; por lo menos para tu cerebro, alma y actitud. Tendremos que ser más flexibles y estar al día de las novedades que la pereza y la inercia a veces nos hacen obviar, pero por el camino conectaremos con otras culturas y generaciones con las que compartiremos la misión de construir un mundo mejor: más inclusivo, sin brechas de género, que cuide el medio ambiente y sepa poner fin al cambio climático.

También tendremos que ser más empáticos y conscientes, y saber convertir nuestras casas, escuelas y vidas en laboratorios. Por suerte, los laboratorios de la era digital proliferan a nuestro alrededor. El gran referente es el MIT Media Lab americano, fundado el año 1985. Allí se cocieron las pantallas táctiles, la tinta electrónica de los ebooks o el Guitar Hero. Pero también la cultura de los laboratorios de fabricación digital: una red global de talleres locales donde utilizar máquinas industriales de la era digital que antes solo estaban al alcance de las grandes empresas.

 

«Hay que potenciar la educación y la formación de los más pequeños en las disciplinas STEAM.»

 

Cuando Mariona A. Cíller con 21 años y sin encajar demasiado en nuestro sistema educativo se fue a EE. UU., no tardó en descubrir el MIT y una de sus filosofías más interesantes, que se trajo consigo al volver: la de potenciar la educación y la formación de los más pequeños en las disciplinas STEAM (las siglas en inglés de ciencia, tecnologías, ingeniería, artes y matemáticas). Y aquí es fundamental subrayar la importancia de las artes en esta ecuación científica que nos puede iluminar el camino. La idea es terminar con la vieja (y artificial) separación entre ciencias y letras, aportando creatividad y diversión a la manipulación de la tecnología, a la programación, a la robótica, a la fabricación digital.

Desde Soko Tech, su antigua fábrica de chocolate situada en el barrio de Sant Andreu de Barcelona, o en centros como CosmoCaixa, Mariona enseña a los más pequeños a familiarizarse con la tecnología y organiza eventos referentes en este sector de la creatividad y la innovación, como la gran cita anual del universo maker, la Maker Faire Barcelona, o las conferencias sobre educación STEAMconf promovidas por el programa EduCaixa de la Obra Social ”la Caixa”.

 

«Solo si somos capaces de cambiar la forma en que los niños ven el mundo conseguiremos mejorarlo.»

 

En la última edición de estas conferencias participó Linda Liukas, programadora finlandesa y autora de Hello Ruby, un libro que enseña a los niños a programar a partir de historias y juegos. Linda defiende que “solo si somos capaces de cambiar la forma en que los niños ven el mundo conseguiremos mejorarlo, y la programación es un herramienta esencial para entender este mundo”. Ella tiene claro que el modelo educativo es lo primero que hay que repensar. “No hay que enseñar a los niños a memorizar datos, sino a hacer buenas preguntas. Y la forma de motivarlos es a través del juego, la resolución de problemas y la autoexpresión”.

La transformación digital del mundo pasa por un cambio cultural. Si medimos nuestros éxitos (y los de nuestra sociedad) con indicadores cuantitativos, estamos abocados al fracaso. Nuestra alfabetización digital acaba de empezar, y no se trata solo de aprender a escribir y a leer los nuevos lenguajes. También hay que aprender a adaptarse, a pensar y a hacer. Hay que jugar y experimentar. Hay que acercar las nuevas herramientas digitales a toda la sociedad y promover la inteligencia colectiva. Tenemos muchos retos por delante y en algunos vamos bien encaminados. Solo se trata de hacer un cambio de chip: ser más conscientes, aprender sin cesar y sobre todo enseñar a las futuras generaciones que el mundo no es un absoluto inmutable. Que lo pueden moldear y mejorar gracias a la tecnología. Y que tienen que coger las riendas de su propio destino para diseñar el futuro que les gustaría vivir.