España es el país que más cooperantes ha aportado a esta crisis humanitaria. Y eso es algo de lo que deberíamos sentirnos orgullosos. El hecho de detectar que hay una sociedad y unas personas eminentemente solidarias, quizás las más solidarias del mundo, te da una cierta paz. No lo arregla todo, pero te reconcilia un poco con la condición humana.

 

«No tener un lugar en el mundo es como vivir en un suelo de cristal.»

 

No tener un lugar en el mundo es como vivir sobre un suelo de cristal. Todos necesitamos tener donde localizarnos y unos objetivos en la vida: nuestro GPS vital. La situación de emergencia de los refugiados y de las muertes en el Mediterráneo es de por sí terrorífica. Pero la noche antes del programa, una conversación en una cena con Serrat, nuestro equipo y Òscar Camps, uno de los cooperantes y fundador de la ONG Proactiva OpenArms, me tocó en lo más profundo.

Òscar relataba sus experiencias con una emoción y una crudeza que me trastocaron. Concretamente, explicaba una incursión en la que rescataron a varios niños y madres. Los pequeños tenían hipotermia y estaban a punto de morir. Ellos se los pusieron dentro de sus neoprenos —dijo que era como ponerse un cubo de hielo contra la piel— y, gracias al calor de sus cuerpos, los niños revivieron. Al llegar a puerto, la expresión de las madres mirando a Òscar, aunque no hablasen el mismo idioma, era de una potencia que le justificó todo el esfuerzo y más.

 

«Yo siempre digo que los cooperantes son gente mejor que la sociedad en general.»

 

Yo siempre digo que los cooperantes son gente mejor que la sociedad en general, yo incluido. Y no debe avergonzarnos reconocerlo. Al contrario, hay que decirlo mucho y agradecérselo mucho. Renuncian a sus vidas para ayudar a otros durante emergencias y eso me parece de un valor impresionante. ¿Qué les lleva a hacerlo? Creo que tiene que ver con una pulsión interior de humanidad desbordante: la solidaridad como única alternativa.

De hecho, así se crea Proactiva OpenArms, encabezada por Òscar y apoyada por la Obra Social ”la Caixa”. Òscar y su equipo eran socorristas tradicionales, de playa turística. De repente, vieron las imágenes de los muertos en el Mediterráneo —la foto de ese niño, Aylan, que se nos quedó grabada a muchos en la memoria— y decidieron que, como socorristas, tenían que estar allí. Llevaron hasta el final su vocación, y allí siguen, salvando vidas.

 

 

El número oficial de refugiados en el mundo ha llegado a un máximo histórico de 22 millones. Es curioso cómo ha cambiado el significado de esta palabra. El periodista Agus Morales, director de la Revista 5W, me contó en otro programa que en la Guerra Fría el refugiado era una persona que daba prestigio al otro bloque por acogerla, ya que era un intelectual, un exiliado político. Ahora tenemos la suerte de vivir en un mundo próspero, y ver a gente que viene de una guerra a veces nos da terror. Vemos en ellos nuestro propio miedo y tenemos ciertos prejuicios.

La verdad es que no conocemos lo suficiente sus historias. A veces los relatos se reducen a números. El drama se lo come todo. Si conociéramos más las historias, si entendiéramos que la mayoría son gente como nosotros —con carreras, smartphones y zapatillas Nike— empatizaríamos todavía más con ellos. Esto es algo que debemos trabajar más los que nos dedicamos a la comunicación. Por otro lado, tener unos gobiernos generosos, con unas políticas de asilo bien planteadas, también influiría en la sociedad y esta se volvería más abierta. Y no estoy haciendo una lectura política del conflicto. Esto no va de política, sino de salvar vidas y, como ciudadanos, tenemos que reivindicar el trabajo puramente humanitario que están haciendo las organizaciones y sus voluntarios.

 

«Como ciudadanos, tenemos que reivindicar el trabajo puramente humanitario que se está haciendo.»

 

Desde mi profesión, siento la obligación de comunicarlo. La vida me ha puesto en una posición relevante, y no puedo estar aquí, acomodado, tomándome un Martini sin más. Es curioso cómo los comediantes estamos adquiriendo un papel para el que no fue pensada la comedia. Yo entré en este mundo para hacer reír. Pero la comedia a veces funciona como un abrelatas, un ariete, un lubricante, que entra mejor en la conciencia de las personas. Te hace más receptivo. Nunca pensé, cuando empecé, que pudiera llevar una mochila de conciencia tan poderosa. Esto quiere decir que en el mundo hay muchas cosas que solucionar, pero quiero dejar un mensaje positivo: creo que esta sociedad es cada vez más justa y tiene más conciencia. Hace unos años, las cosas pasaban y parecía que no iban con nosotros. Me parece detectar que ahora sí van con nosotros. Arreglarlas siempre cuesta, pero creo que el mundo quiere ser más justo.

 

Entrevista: María Arranz
Realización: Javier Ortiz y Guillermo A. Chaia