A los ocho años, pasó algo que me marcó para siempre. Mi padre tuvo un revés económico en los negocios. Con esa crisis que tuvo que afrontar mi familia aprendí muchas cosas. También recuerdo que una tarde mis padres me llevaron a un parque donde había niños sin hogar, descalzos. En ese momento me prometí a mí misma que un día, si lograba triunfar, no solo reivindicaría económica y socialmente a mi familia, sino que también haría algo por aquellos niños.

 

«Ya muy de niña estuve convencida de que la educación era la única salida.»

 

Durante mi infancia y adolescencia en Colombia descubrí que millones de niños y jóvenes de mi edad estaban solos, pasaban hambre, vivían la violencia, el frío de las noches y no contaban con una escuela, ese lugar donde sentirse protegidos. En América Latina hay 52 millones de niños que viven en la pobreza. Esta idea siempre me fue insoportable, y ya muy de niña estuve convencida de que la educación era la única salida. Porque solamente en una escuela es donde un niño puede crecer, jugar, aprender y vivir su infancia plenamente. Solo cuando recibes una educación apropiada puedes tener un futuro digno. Es obvio que ningún niño sueña con ser violento o con ser un señor de las drogas; ellos tienen sueños más puros: profesor, abogado, médico, piloto.

 

 

Por suerte, erradicar la pobreza es posible. Está estudiado por economistas como el estadounidense Jeffrey Sachs o premios Nobel como James Heckman. De hecho, muchos estudios corroboran que la inversión humana con más retorno para la sociedad es la educación. Educar a estos niños es conseguir países más estables y prósperos. Garantizar igualdad de oportunidades es lo único que puede darnos una sociedad en paz. Pero todo esto no depende de una sola persona, de un presidente o de un ministro de educación, sino de una gran alianza entre el sector público y privado.

 

«Nuestras siete escuelas abiertas en Colombia proporcionan a los niños instalaciones de primer nivel.»

 

Gracias al aporte económico de socios como la Fundación Bancaria ”la Caixa” y la Fundación FC Barcelona, nuestras siete escuelas abiertas en Colombia proporcionan a los niños instalaciones de primer nivel, además de programas como Jóvenes Emprendedores de la Obra Social ”la Caixa”, para que puedan convertir sus ideas en realidad, y FutbolNet, que enseña valores y reduce la violencia a través del deporte. Así conseguimos que todos los niños cuenten con igualdad de oportunidades para triunfar en la vida.

Para ellos una escuela en mitad de un barrio conflictivo y pobre es un oasis. Tiene una fuerza transformadora única. Y eso es lo que me ha hecho apasionarme tanto por este tema con la Fundación Pies Descalzos. He visto que cada esfuerzo invertido en educación se ve duplicado y triplicado en satisfacciones. Ves cómo progresan, que van a la universidad y que se liberan de ese círculo de pobreza. Y eso para mí es un logro más grande que ganar un Grammy. Es como sembrar semillas en tierra fértil: ese es el trabajo de educar.

Realización: Teo Campos
Fotografía:
 Leo García Méndez