En 1980, el periodista Hunter S. Thompson, mandado a Hawái a cubrir la maratón de Honolulu, se preguntaba qué diantres empujaba a ocho mil personas a levantarse a las cuatro de la madrugada para recorrer 42 kilómetros a toda pastilla. Años antes, el escritor Dino Buzzati también se preguntó, en sus crónicas sobre el Giro de Italia de 1949, si servía de algo un acto tan absurdo como dar la vuelta al país en bici. Los miles de personas que cada año se suman a la Oxfam Intermón Trailwalker también caminan y caminan. En concreto, 100 kilómetros y unas 32 horas. Pero no lo hacen por la gloria ni por el puro placer de caminar, sino con un objetivo muy claro: ellos caminan para que otros puedan tener una vida más digna.

Todos los años, miles de personas se dan cita en alguna de las tres ciudades por donde pasa la Oxfam International Trailwaker: Girona, Vitoria y Madrid. Hace seis años que el Grupo Caixa participa y CaixaBank, concretamente, ha ganado el Premio Convocatoria tres años por ser la empresa que más gente ha movilizado. Este año, entre los caminantes hay 35 equipos formados por empleados de CaixaBank y la Obra Social ”la Caixa”, y su objetivo no es solo lanzarse a trotar montaña a través. Para participar, cada equipo tiene que conseguir 1.500 € que se destinarán a una buena causa: que miles de mujeres y niñas de países en vías de desarrollo no tengan que recorrer a diario largas distancias para conseguir agua potable. Un primer gran paso para mejorar su día a día.

 

 

“Maneras de participar en proyectos solidarios hay muchas y muy variadas”, cuenta Albert Cornadó, quien se está preparando para hacer la versión “corta” (50 kilómetros) de la carrera, este 2 de junio en Madrid, junto a sus compañeros de la Obra Social. “Pero la Trailwalker te exige tanto, física y mentalmente, que te ayuda a tomar conciencia de la dura situación en la que viven muchas personas. Porque la experiencia es muy emocionante, pero nunca hay que olvidar por quién y para qué caminamos”.

Este año será el sexto que Albert y su equipo participan. “La Trailwalker es sinónimo de trabajo en equipo, con todo lo que eso supone”. Y también será la sexta vez que lleguen todos a la oficina, el siguiente lunes, muertos de cansancio… pero contentos. “Aunque tengas unas ojeras enormes, te da igual. La felicidad que ves en la cara de tus compañeros va más allá del reto de llegar a la meta: es la satisfacción de un momento compartido”.

En las carreras de Girona y Vitoria de este año, ha estado animando a los corredores el deportista y youtuber Valentí Sanjuan, junto a su equipo Menos Cabeza y Más Corazón. “Correr está muy bien, pero es algo que puedes hacer por tu cuenta. En cambio, experiencias como esta, en las que una multitud de gente se junta para ayudar a desconocidos, merecen mucho la pena”. Y, aunque Valentí sea un hombre capaz de recorrer sin dormir los 250 kilómetros de la Marathon des Sables o los 770 de la Non Stop Madrid-Lisboa, confiesa que cuando participó en la Trailwalker de Madrid en el 2015 también sufrió lo suyo. “Como sucede en la vida, por muy preparado que estés siempre surgen imprevistos. Y tanto en la vida como en una maratón, tienes que intentar minimizar los daños, convencerte y seguir adelante”.

Salir a correr o a pasear puede dar para muchas reflexiones y aprendizajes. El propio Haruki Murakami decía que la mayoría de lo que sabía sobre escribir lo había aprendido corriendo por la calle. “Corro, luego existo”, confesaba el célebre escritor. Y Albert está de acuerdo: haciendo deporte puedes ganar medallas, pero lo mejor es ganar en conocerse a uno mismo y mejorar así como persona. “En 100 kilómetros tienes mucho tiempo para pensar, reflexionar sobre tu vida y hasta tomar decisiones. Y es curioso, porque esta iniciativa nace para ayudar a gente que lo necesita, pero ellos también te están ayudando a ti en cierto modo”.

Al final, la vida no es más que otra carrera, y lo aprendido con las zapatillas puestas no se olvida cuando te tiras al sofá. Sobre todo en una carrera como esta, donde lo que importa no es quién llegue primero a la meta, sino tomar un buen día la decisión de ponerse a andar y, en los momentos duros, saber recordar por qué o por quién diste el primer paso.