Si hiciéramos una encuesta sobre la idoneidad de abrir un negocio en pleno confinamiento, lo más probable es que la respuesta fuera “Ni se te ocurra”. Sin embargo, hay personas que no entienden de razones y se dejan guiar por el corazón, la ilusión y el empeño. Es el caso de Daouda Sene. El 20 de abril, con el país entero confinado, abrió su propia pastelería en Vigo. Llevaba desde 2015 gestando la idea de abrir su propio negocio. Y el confinamiento no ha supuesto un obstáculo para él. En el proceso lo ha acompañado Marta Alonso, de la Fundación Érguete-Integración, una ONG que colabora con el programa Autoempleo Incorpora de la Fundación ”la Caixa”. Es gracias a este programa de emprendimiento para personas en situación de vulnerabilidad que Daouda, desafiando a la pandemia, ha podido hacer realidad su sueño.

La de Daouda es una verdadera historia de superación. En 2015 dejó su Senegal natal, donde cerró una pastelería en la que trabajaban tres personas con él. Su idea era formarse y montar un negocio más grande. Así que no se lo pensó dos veces y cerró su pequeño obrador para probar suerte en Europa. “Primero me trasladé a Francia, porque para mí era más fácil que España, porque hablo francés. Pero me estafaron”.

 

Cesta con diversos panes y mano de una persona negra

 

Viendo cómo el primer paso de su sueño se había truncado tan pronto, no tuvo más remedio que trasladarse a Vigo, donde residen su hermano y unos tíos suyos. “Cuando llegué a Vigo, lo primero que hice fue apuntarme a clases de español. Y también hice una prueba de nivel para sacarme el título de la ESO, porque yo quería trabajar tranquilo, sabiendo que podía tener el permiso de trabajo y todos los papeles en regla”.

En 2018, y con el graduado de la ESO, Daouda empezó a trabajar en una tahona como aprendiz. “Me frustraba un poco, porque yo sabía hacer mucho más de lo que me pedían. Así que aprovechaba los ratos libres para crear”.

La idea de montar su propio negocio seguía en su cabeza. Hasta que encontró la manera de abrirse camino en el mundo del emprendimiento. “Un día, hablando con el director de mi oficina de ”la Caixa”, le dije que quería emprender. Y él me derivó a Marta, de la Fundación Érguete-Integración. Y fue cuando empezó todo”.

“Su ilusión, motivación y gusto por el sector es tan elevado que, desde la primera entrevista, vi que conseguiría abrir su negocio”, comenta Marta, quien sigue en contacto con Daouda para hacerle un seguimiento. “Tiene los pies muy en la tierra. Nunca ha tenido prisa por empezar, se lo ha tomado con tiempo y no se ha venido abajo, incluso cuando han surgido dificultades”, añade.

Daouda consiguió el local perfecto y la financiación justo antes de empezar el estado de alarma. Y Marta pensó que ese golpe no lo pararía, pero sí que retrasaría la puesta en marcha del negocio. “Yo creía que iba a esperar a ver cómo iba la pandemia. Pero lo tuvo claro desde el principio: él iba a abrir y además sabía que le iba a ir bien. Lo cierto es que es una persona que transmite mucha paz y optimismo porque siente mucha pasión por lo que hace”.

Desde el 20 de abril, Daouda se levanta cada día a las tres de la madrugada y se va al local de Bellavista, su nueva panadería. En la tranquilidad del obrador, amasa panes integrales, de maíz con pipas, chapatas, moñas gallegas, chuscos y una especialidad que tiene mucho éxito entre sus clientes. “Lleva jamón y queso, pero no puedo contar cómo lo hago porque es un secreto”, dice riendo. A las diez llega Cris, una chica a la que ha contratado a través de Cáritas para que le ayude a atender a los clientes. Entre las cuatro y las seis de la tarde, vuelve a casa. Se ducha y descansa un rato. Y a las seis entra de nuevo, se despide de Cris hasta la mañana siguiente, y sigue elaborando sus panes y dulces hasta que dan las diez de la noche, hora en que baja la persiana.

“Creo firmemente que si uno da todo lo que lleva dentro a los demás, no hay nada que sea imposible. En mi caso, poder ofrecer lo que hago en mi obrador, porque es mi pasión”, dice Daouda, quien resalta la gran ayuda que ha recibido por parte de Marta. “Ella ha sido clave para elaborar el plan de negocio y mejorar mi idea inicial”.

Marta asegura que el perfil de Daouda no es habitual. “De las 80 personas con las que suelo tratar al año, unas 25 consiguen poner en marcha su negocio. Pero Daouda lo tenía todo para ganar: es una persona muy trabajadora, luchadora y sobre todo tiene mucha ilusión. No lo ve solo como un medio de vida, sino la forma de entregarse a los demás a través de lo que crea en su obrador”.

El siguiente sueño de Daouda es volver a Senegal el año que viene, a ver a su mujer e hijos, después de cinco años. “Estoy convencido de que la vida te pone a prueba. Y cuando salí de Senegal dejé muchas cosas atrás. Lo importante es no dejarse llevar por los problemas, porque las ganas de arriesgarse son lo que mantiene viva la ilusión”.

 

Texto: Itziar Lecea