En el Día del Abuelo hemos querido hacer un viaje en el tiempo. Hemos contactado con el programa para las Personas Mayores de ”la Caixa”, que desde sus orígenes, hace más de 100 años, ofrece a las personas mayores un gran abanico de actividades y recursos en más de 600 centros de toda España. Hemos preguntado a dos usuarios qué significa para ellos ser abuelos y qué mensaje les trasladarían a los jóvenes y hemos creado un puente entre generaciones a través del arte: como si del claim de un influencer se tratara, los ilustradores Adrià Marqués y Alba Blázquez han tenido el gran reto de traer estos valores a la actualidad dando forma a sus palabras con diseños vanguardistas y rompedores, capaces de conectar con las generaciones más jóvenes. Y con ellos, hoy, Día del Abuelo —y de la Abuela— queremos rendirles nuestro pequeño homenaje. Porque son imprescindibles. Porque, como dijo Arquímedes, son un punto de apoyo capaz de mover el mundo.

“Nosotros aprendimos a no rendirnos nunca. Ahora nos toca enseñarlo.” Adrià tenía el enorme reto de “dibujar” este mensaje que nos compartió Manuel, de 76 años, uno de los usuarios del programa para Personas Mayores de la Fundación ”la Caixa” para los jóvenes del mundo. Las frases son breves pero contundentes y resumen algo que define a la generación de nuestros abuelos: esa enorme fortaleza y capacidad de perseverar para afrontar los retos de la vida, tras una apariencia frágil y delicada que no debe confundirnos.

Para crear la ilustración, Adrià nos cuenta que se ha inspirado en los antiguos barcos de vapor que surcaban los mares. “La imagen junto a la frase me transmite fortaleza, me recuerda que hay que ser tenaz y fuerte en esta vida. Puede sonar un poco a libro de autoayuda, pero para mí es una verdad como un templo. Y un barco cruzando océanos contra viento y marea representa esa tenacidad”.

 

 

“Cuidar es comprometerse con lo que sucede. Porque tu futuro es mi presente.” Lo dice Lourdes, de 84 años. Casi sin querer, podemos imaginar su mirada sostenida y comprometida con las generaciones futuras. Con la Tierra y la sociedad que les va a dejar a sus hijos y a sus nietos. Y para ilustrarlo, Alba Blázquez ha creado un impactante cartel, lleno de fuerza, vitalidad y color, que destaca y actualiza la virtud esencial que subyace tras las palabras de Lourdes: la compasión. “He intentado que fuera legible, amable y también divertido”, dice la artista. “Me habla de la importancia de hacer el ejercicio diario de aprender a cuidarnos y, así, cuidar de nuestro entorno y de los demás, tratar de tener empatía con tu yo del futuro”.

De hecho, ambos ilustradores reconocen que sus abuelos tuvieron —y tienen— un notable impacto en sus vidas y en la configuración de su personalidad. En el caso de Adrià, incluso de su expresión artística. Cuenta que creció con sus abuelos paternos, que se quedaban con él todos los fines de semana. Su casa era como un segundo hogar y recuerda especialmente el patio, que tenía un pino gigante muy bonito con un pequeño estanque con peces donde, recuerda, pasó la infancia jugando. “Mi abuela solía decir que ‘cada día es Navidad’, siempre estaba contenta y con una sonrisa. Y mi abuelo, que también era muy bromista, siempre que veía a parejas metiéndose mano decía: ‘¡Esa mano, puñetera! ¿O es que va a por la cartera?’ Y me hacía mucha gracia”.

Pero lo que más recuerda —y lo que mayor impacto tuvo posteriormente en su experiencia artística— es su biblioteca: “Allí había muchos libros ilustrados y cómics antiguos de mi padre y mis tíos. Creo que desarrollé bastante el hábito de la lectura, y muchas de esas imágenes se impregnaron en mi imaginario, hasta el punto que influyeron en mi estilo al dibujar”, cuenta.

También tiene un gran recuerdo de sus abuelos maternos. Adrià define a Elvira, la madre de su madre, como una mujer fuerte y sabia. “Le encantaba leer y solía recitarnos poesías en los días festivos”, recuerda el artista. “Vivía en una gran casa con muchas flores y árboles frutales que cuidaba mi abuelo, que era jardinero. Al morir, ella siguió cuidando de las plantas”.

Alba, por su parte, conoce bien la sensación de confianza y amor que le transmite la mirada de su abuela Tomasa. “Me viene a la mente su cara redondita, cómo sonríe con los ojos y sus vestidos de flores. Como ella no hay dos, lo tengo claro. Solemos tratar con más respeto, cariño, paciencia y amor a nuestras abuelas que al resto de las personas con las que nos relacionamos. Creo que tener espacio para expresar esas emociones positivas y el vínculo que se crea entre nosotras es muy enriquecedor”.

Tampoco hay duda de que nuestros abuelos nos transmiten grandes valores, a veces arrinconados por la inercia del día a día, y que nos inspiran a ser mejores personas. Alba admira de su abuela su sentido del humor, su cariño, ternura y, sobre todo, el apoyo incondicional que le brinda. “La última vez que la fuimos a visitar, mi pareja la quiso saludar con el codo (por la COVID-19) y ella se lo cogió y le dio un besito en él. También recuerdo que, en todas las fiestas familiares, ella se iba un momento a su habitación y volvía disfrazada y bailando con lo primero que encontraba”, recuerda divertida.

Nuestra sociedad cambia rápidamente, y el papel de los abuelos y de las personas mayores también ha evolucionado. De hecho, nuestros artistas creen que son una pieza indispensable en la sociedad. Que debemos pararnos, escuchar y aprender de su experiencia vital y sabiduría, y nuestra responsabilidad es hacer que esta se perpetúe en el tiempo. “Yo admiro la fuerza, el coraje, el respeto y el amor que ponen en cada cosa que hacen”, dice Alba. “Yo siempre he tenido un gran respeto por la gente mayor. Hay muchas culturas, como la gitana, en que la edad es motivo de gran respeto, por la sabiduría y la experiencia que entraña. Deberíamos aprender de ello”, concluye Adrià.

 

Ilustraciones: Adrià Marqués y Alba Blázquez