“Paseemos por el espacio sin palabras. Nos va a hacer cambiar de dirección algo que llame la atención de nuestra mirada. O del oído. No os toquéis. Despertad los sentidos. Buscad el espacio, cambiando de trayectoria porque oís, veis, oléis algo. Sin contacto físico. Despertad todos los estímulos”. Jordi Cortés, coreógrafo y bailarín, da instrucciones a un grupo de profes de instituto en el taller de danza creativa: “Tomad este vals de quebradura de cintura”. Un vals que coge su nombre del poema Huida de Nueva York, de Federico García Lorca. El monumental poeta es precisamente el artista escogido en el undécimo encuentro de profesores de CaixaEscena.

En el taller de producción, dirigido por la actriz Anna Güell, un chico recomienda a sus compañeros la aplicación para el móvil Dramarts que, entre otras funciones, permite organizar los ensayos del elenco. Algunos profesores se la descargan in situ.

En la sala donde la escenógrafa Laura Clos comparte enseñanzas sobre atrezo e iluminación, ahora mismo están a oscuras. Los profesores-alumnos juegan con linternas.

Esta primera semana de julio se han reunido en CaixaForum 70 docentes de todo el Estado para participar en talleres, compartir experiencias, crear y disfrutar del teatro. Pasado el verano volverán a sus aulas con más recursos para apoyar y gestionar las representaciones teatrales de sus estudiantes.

 

 

El coordinador artístico Xavier Erra explica que el objetivo del proyecto es construir una sociedad con un espíritu crítico, “y más culta”, añade la responsable del proyecto Àngela Segura.

El profesor de instituto que hace o que quiere hacer teatro con sus alumnos es a veces como aquel Quijote que tiene una gran idea para desarrollar, pero está solo. Los encuentros de profesores de CaixaEscena le sirven para juntarse fuera del contexto educativo con otras personas con la misma inquietud y aprender con profesionales de todas las disciplinas del teatro.

Jordi Casany es un simpático y tímido profesor de matemáticas de Barcelona que asiste al encuentro por primera vez. Él descubrió el teatro amateur, en el que participa hace dos años, y le cambió la vida. “Todo lo que vives teatralmente se integra mucho más que si simplemente lo ves por escrito o en vídeo”, cuenta Jordi. “Además, el acto de interpretar y comunicar es inherente al trabajo de docente”, añade.

María del Mar Berlanga, otra profesora, viene cada año desde Málaga. Nos cuenta que todos los conocimientos técnicos teatrales se los ha proporcionado este programa, al que está muy agradecida.

Paloma Avilés, profesora en Asturias, es actriz de formación y para labrarse un futuro más seguro empezó a enseñar lengua castellana y literatura hace 13 años. El teatro siempre ha estado presente de una u otra manera en sus clases. Ella trata con chicos de familias desestructuradas y con situaciones muy duras. “El teatro les ofrece lo que la vida no les da”, dice Paloma, “esa falta de raíz, de conexión. El grupo de teatro es su familia. Un espacio donde nadie les juzga”.

Cuando le preguntamos por qué es tan importante el teatro en la escuela, Paloma recuerda una frase de Auggie, el protagonista del libro La lección de August, de la escritora R.J. Palacio, que dice que todo el mundo debería recibir un aplauso al menos una vez en la vida. Y es que de Federico García Lorca solo hay uno, pero intentar vencer las dificultades de nuestra existencia es algo que hacemos todos, cada día de nuestras vidas.

 

Texto: Laura Calçada
Fotografía:
Laia Sabaté