Charles Darwin fue considerado por sus maestros como “un chico con un intelecto por debajo de la media”. Su padre quería que fuera médico, pero tampoco parecía servir. ¿Fue entonces un inútil? La historia demuestra que no. Solo tardó en encontrar su utilidad. Pues este es el caso de las proteínas dúctiles, desechadas durante años por los científicos por raras, que ahora se saben claves en enfermedades como el cáncer o el alzhéimer. Para que todos podamos conocer su gran importancia, La Ciència al teu Món junto a la Dra. Inmaculada Yruela ha creado el espectáculo interactivo de danza y ciencia Molecular Plasticity, que se presenta en la Semana de la Ciencia en CosmoCaixa.  

La Ciència al teu Món nace de la investigadora evolutiva Josefa González y el comunicador científico Roberto Torres. Su meta era crear un colectivo de artistas, investigadores y profesionales de la comunicación capaz de promover entre la gente el razonamiento crítico y el respeto por la evidencia. Y buscaron su propia fórmula. “Hay mucho arte inspirado en la ciencia, pero no necesariamente es divulgación. Nosotros, en el caso de Molecular Plasticity –proyecto financiado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología en colaboración con el gobierno de Aragón y CosmoCaixa—, buscamos ofrecer conceptos claros mientras tú disfrutas de una performance”, nos cuenta Roberto.

 

 

Todo surgió en las Jornadas de Divulgación Innovadora de Zaragoza 2016, cuando se le acercó Inmaculada Yruela, investigadora del Grupo de Biología Computacional y Estructural de la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC). “Me habló de las proteínas dúctiles, unas moléculas presentes en plantas y animales que, debido a su irregularidad y desorden, habían sido prácticamente descartadas por los investigadores”. Hasta no hace mucho no se sabía demasiado sobre el potencial de investigación que toda esa flexibilidad y diferencia les confería ni sobre su importante papel en muchos procesos de desarrollo y adaptación en organismos, claves para entender procesos implicados en el cáncer, el párkinson y el alzhéimer.

“Yo le dije que podíamos crear algo usando el leitmotiv Ser diferente no es una desventaja’ y le pareció genial”, cuenta Roberto. Así fue como empezaron a concebir un espectáculo que permitiría actualizar a la sociedad sobre todo un cambio de paradigma científico en la biología molecular, destacando el trabajo de la investigadora Inmaculada Yruela como role model de la mujer en ciencia. A su vez, el mensaje de que, como en el caso de estas proteínas, ser diferente no tiene por qué ser algo malo “es un mensaje muy útil para enfrentar problemáticas sociales como el bullying y la segregación escolar”, apunta Roberto.

A partir del contenido científico desarrollado por Yruela, Roberto creó el guion y el equipo: Laia Mora sería la bailarina, contactó con Sebastián Jara para el desarrollo tecnológico y encargó a Pablo Volt la música, in crescendo, con ritmo, bajo, trompetas y sintetizador. El resultado es una pieza multisensorial y envolvente en tres partes. En la primera, se explican conceptos básicos sobre las proteínas. En la segunda, se habla del desorden y lo raro para introducir las proteínas dúctiles. Y la tercera parte “es una recapitulación de lo aprendido. Se plantea un problema y algunas personas suben al escenario e interactúan con el atrezzo que utiliza la bailarina en su interpretación –unas bolas, que representan la estructura, y unos tubos, la flexibilidad–, formando moléculas con dos tipos de aminoácidos para solucionarlo”, explica el director artístico del show.

Roberto no puede estar más contento: “Hemos conseguido una performance visualmente muy agradable que hace aprender de forma diferente. ¡Y estamos divulgando datos que ni siquiera la comunidad científica conoce demasiado! Hablamos desde lo básico en proteínas hasta lo que se ha descubierto más recientemente. Si lo entiendes todo, perfecto. Si solo te ha despertado la curiosidad, genial. Ahora sabes que ahí fuera hay un mundo por descubrir”.

 

Fotografía: Clara de Ramón y  D+i/Carlos Muñoz