La música despierta emociones y recuerdos, y moviliza personas como pocas cosas en la vida. Para prueba, el último reto solidario que ha sido elegido “Causa del mes” por la plataforma de micromecenazgo migranodearena.org y la Obra Social ”la Caixa”. Creado por el club de fans de Pablo López para celebrar el cumpleaños del cantante, el reto tenía como objetivo recaudar fondos para apoyar a la Fundación Pasqual Maragall en su encomiable lucha contra el alzhéimer. El reconocimiento obtenido no podría ser más merecido: más de 700 personas se sumaron a la causa y la recaudación superó los 11.000 €.

Miriam Subirana, presidenta del club de fans, nos cuenta que decidió centrarse en la Fundación Pasqual Maragall porque el alzhéimer le toca muy de cerca. “A mi tía se lo diagnosticaron con apenas 51 años, y viendo toda la gente que ha participado, mucha con vivencias personales similares a la mía, te das cuenta de que el alzhéimer no es algo en absoluto minoritario y que es muy necesario que se conozca la realidad de esta enfermedad”.

Que el pretexto para la recaudación de fondos haya surgido de la música no es baladí, ya que esta puede llegar a tener un efecto realmente balsámico en quienes padecen alzhéimer. Como apuntaba un estudio publicado hace un par de años en la prestigiosa revista Brain, parece ser que en personas con alzhéimer la región del cerebro donde se almacena nuestra memoria musical está sustancialmente mejor preservada en comparación con otras.

 

 

“Solemos pensar en la memoria como la capacidad de recordar hechos”, explica Nina Gramunt, neuropsicóloga clínica de la Fundación Pasqual Maragall, “pero hay otros muchos tipos de memoria. Uno de ellos es la memoria condicionada, que vendrían a ser aquellas vivencias que hemos asociado a una emoción. Cuando se reproduce el estímulo que generó la emoción, esta vuelve a surgir de manera espontánea”. Por ello, si se le pregunta a alguien con alzhéimer por los detalles de su boda lo más probable es que no sepa contestar, pero bastará con ponerle la canción que sonó aquel día para que sonría, se emocione e incluso quizá hasta se ponga a bailar.

La cuestión es ¿cómo conocer la banda sonora vital de alguien que apenas recuerda su vida? Este fue precisamente el punto de partida de “Life Soundtrack: la banda sonora de mi vida”, un proyecto llevado a cabo en 2018 por la Fundación Pasqual Maragall junto a estudiantes de bachillerato de un centro de Sabadell y el Grupo de Investigación en Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra. Con los datos biográficos recogidos a través de entrevistas a personas con alzhéimer y sus familiares, los estudiantes crearon una playlist personalizada para cada paciente gracias a un algoritmo desarrollado por el equipo de la Pompeu Fabra.

Seguidamente, observaron qué efectos tenían esas canciones en las personas con alzhéimer. “Diego, uno de los participantes, estaba siempre medio adormecido por la medicación que tomaba. No conseguíamos encontrar ninguna canción que le emocionara, nada que provocara alguna reacción”, recuerda Nina. “De repente, revisando su perfil, tuve una intuición. “Poned Paquito el chocolatero”, dije a los chicos. Empezó a sonar y Diego se animó de golpe, sonriendo de oreja a oreja y siguiendo el ritmo con las palmas. ¡Fue increíble!”

Además, resulta que la vida está llena de casualidades: una de las participantes de Life Soundtrack había sido precisamente la tía de Miriam. “Cuando hablas con ella quizás no sepa decirte qué ha desayunado, cuándo nació o qué edad tiene. Pero cuando estamos viendo Pasapalabra en la tele y ponen canciones, ¡se las sabe todas! Es alucinante ver cómo con apenas dos notas es capaz de recordar las canciones de su vida”, explica la presidenta del club de fans.“La música nos ayuda muchísimo a toda la familia a poder disfrutar de buenos ratos con ella”.

Todos estos ejemplos nos enseñan que en algún lugar del cerebro de la persona con alzhéimer, la emoción asociada a un momento feliz sigue tan viva como el primer día. Solo hay que buscar un camino alternativo para llegar a ella. Solo hay que dar con la canción adecuada.

 

Texto: Patri di Filippo
Ilustración: María Herreros