Nuestro planeta es como un acuario, pero a lo grande: un espacio limitado donde coexisten millones de seres, a veces en armonía, otras desde el conflicto. Y para reflejar las tensiones y distensiones propias de la convivencia intercultural nace el proyecto artístico comunitario Aquario Barcelona, una de las iniciativas seleccionadas en la convocatoria 2018 del programa Art of Change ”la Caixa” que ha conseguido unir a personas de diferentes culturas a través de las denominadas “artes vivas”.

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra acuario como un “depósito de agua donde se tienen vivos animales o vegetales acuáticos”. Pero cada vez que Elena observa el que tiene en su casa, ve otra cosa. “Es una metáfora del mundo: un espacio donde coexisten especies diferentes. A veces hay conflictos, otras viven en armonía; es un ecosistema muy delicado, cuyo equilibrio depende de que se cuide y se mime mucho”.

 

 

Elena López Nieto es creadora de MOVE: arte para todos y una de las impulsoras del proyecto Aquario Barcelona, seleccionado por el programa Art of Change ”la Caixa” y creado para fomentar la integración y el diálogo de la comunidad china con sus vecinos a través de las “artes vivas”, que hibridan la danza y la performance. O, al menos, así fue concebido en un principio.

El proyecto Aquario nació en el 2017 en el barrio de Usera de Madrid, un crisol de culturas donde habita la comunidad china más grande de la capital. Elena y la artista china Xirou Xiao fueron las encargadas de concluir los actos de celebración del año nuevo chino con una performance protagonizada por mujeres de diferentes edades procedentes del gigante asiático junto con chavales de orígenes distintos de un colegio de la zona. “Quisimos hallar los puntos de encuentro entre ellas y los jóvenes a través de los juegos. Eso nos llevó a constatar que todos jugamos a lo mismo, pero le ponemos nombres diferentes”, cuenta Elena. “Además, tuvimos la oportunidad de hablar mucho con las mujeres chinas. Nos contaron su historia, cómo había sido su vida. Fue una vivencia muy especial, para nosotras y para ellas. Esas mujeres nunca habían estado en un colegio en España”, recuerda Xirou.

El éxito del proyecto en Madrid despertó el interés de la experta en arte comunitario Eva García, quien les pidió que replicaran la iniciativa en Barcelona. Así, Elena y Xirou se trasladaron a la capital catalana para crear un nuevo Aquario. Esta vez, el proyecto se focalizó en los barrios del Fort Pienc y la Sagrada Família y la zona del Arc de Triomf, donde vive la mayor parte de la comunidad china de la Ciudad Condal.

Sin embargo, el interés por la comunidad china atrajo a un verdadero abanico multicultural de personas que las artistas no pudieron dejar escapar: de pronto, cohabitaron en Aquario personas de origen chino, ruso, taiwanés, africano y español. “Esto nos llevó a replantearnos el proyecto”, explica Elena. “Decidimos aprovechar lo que cada persona aportaba desde su individualidad. Al final, la diversidad era tal que, para nosotras, era oro puro. Entendimos que, en esta ocasión, en Barcelona se iba a hablar de culturas”.

Y comenzó la exploración. Celebraron los primeros talleres en primavera, en el Centre Cívic Sagrada Família y el Centre Cívic Ateneu Fort Pienc. Después, la iniciativa despertó el interés de Transformadors – Casal de Barri del Fort Pienc, cuya apertura en el mes de septiembre les llevó a celebrar en sus instalaciones la segunda parte de los talleres. Las artistas comenzaron a extraer las diferencias individuales de cada participante y a convertirlas en material artístico, mientras el ilustrador Miguel Gallardo capturaba el proceso con su lápiz. Todo ello, hilvanado por una dramaturgia perfilada con amor y mimo, dio forma al espectáculo final, SIN, una creación de danza contemporánea y performance representada los pasados 30 de noviembre y 1 de diciembre en CaixaForum Barcelona. El espectáculo permitió a los asistentes darse cuenta de que la diversidad es una fuente inmensa de riqueza cultural y que, en esencia, las personas no somos tan diferentes.

Pero no es lo mismo observar el Aquario desde fuera que vivirlo desde dentro: el proceso de creación de SIN ha unido para siempre al heterogéneo grupo, cuyos participantes aún tienen la piel trémula por la intensidad de la experiencia. “Me gustó porque trabajamos con el cuerpo. Comunicarse con él es más difícil, ya que estamos desconectados”, dice Ilnur, un participante de origen ruso. “Primero tuvimos que reconectar con nuestro cuerpo, y luego con el de nuestro compañero. Eso generó un vínculo muy profundo entre nosotros”.

Un vínculo que ha incluido a Elena y Xirou. Ahora que ha finalizado, hasta les cuesta soltarlo. “Aún no estamos preparadas para despedirnos de todo lo que ha sucedido”, cuentan. De hecho, explican que la intensidad y el éxito del proyecto han sido posibles, entre otras cosas, porque se han dedicado al cien por cien al mismo durante los tres meses de creación artística comunitaria. “Debería haber más iniciativas de apoyo a las artes, como el programa Art of Change ”la Caixa”. Normalmente siempre andamos enredadas en 3 o 4 proyectos al mismo tiempo para poder vivir. Y hay muchos otros que se van al garete por no tener una ayuda económica”, dice Elena.

A partir de ahora, Elena continuará observando su acuario…, pero con el convencimiento, esta vez, de que el arte comunitario tiene la capacidad de superar hasta más recia de las barreras.

 

Texto: Bárbara Fernández
Fotografía: Rita Puig-Serra