Si preguntas a los vecinos de Alicante cuál es la zona menos apetecible de su ciudad, la mayoría te dirá que la del Cementerio. Ningún autobús pasa por ahí de noche, los taxistas no quieren entrar, los pizzeros nunca llegan… Pero esta situación de marginación tiene los días contados. Gracias al proyecto Asertos de Arquitectura Sin Fronteras Levante, seleccionado en la convocatoria de Interculturalidad y Acción Social 2018 de la Obra Social ”la Caixa”, los vecinos asisten a talleres —de albañilería, carpintería…— y reciben materiales de construcción con los que están mejorando sus viviendas y su barrio, aprendiendo un oficio y empezando una vida más salubre, digna y llena de futuro.

 Cuando el joven arquitecto Daniel Millor fue contactado por Arquitectura Sin Fronteras Levante para traer a Alicante lo que había aprendido durante cinco años en la periferia parisina con el proyecto de arquitectura social Quatorze, lo tuvo claro: “Si por algún barrio había que empezar era por este”. Su plan: involucrar al mayor número de vecinos en las obras de mejora de sus viviendas y el espacio público. “Nosotros les aportamos el material y el conocimiento, pero ellos son los protagonistas y los que construyen”, apunta.

 

 

Aunque los vecinos del Cementerio no solo están construyendo. Durante semanas y junto con el equipo de Daniel han estado diagnosticando los problemas y necesidades de su zona y diseñando, en consenso, las soluciones que hoy por fin se hacen realidad. Así, si hace unos pocos días la parcela entre el Vial de los Cipreses y la calle de la Mina era el basurero ilegal de la ciudad, hoy está libre de las 10 toneladas de basura que lo cubrían y ya no parece la misma. Ángel, Joaquín y Alfonso han construido varios bancos de obra y madera; Pilar, Ana y Sara han ayudado con la zona ajardinada y de juegos; niños como Dolores, Isabel, Rafael y María Perla han pintado un gran mural multicolor; y Antonio y Eugenio, con la ayuda de muchos otros vecinos, han levantado nuevas chabolas de resistente madera para Gringo y Paloma. “En la de antes nos mojábamos cuando llovía, lo sabía todo el mundo”, explica Gringo. Además, ahora la zona estará vallada para que ningún camión vuelva a volcar desperdicios. “Vamos a estar vigilando”, asegura Ramón tras pasar toda la mañana limpiando.

Carpintería, albañilería, limpieza, electricidad… Los múltiples talleres learning by doing impartidos por profesionales de cada sector cumplen una doble función: posibilitar la reconstrucción participativa del barrio y dar a sus vecinos un impulso profesional. “A la formación se han apuntado unos 70”, cuenta orgulloso Daniel, coordinador del proyecto. “Y en total hay involucrados unos 100 vecinos, pero cada día implicamos alrededor de 20, dependiendo de las competencias que necesitemos ese día”.

Fuera de la parcela con chabolas, ya en la zona de casas, Antonio, padre de Daniel e ingeniero de telecomunicaciones de profesión, ayuda en las labores de seguridad, como la reforma de cubiertas y la rehabilitación eléctrica. “En general las instalaciones son muy precarias, carecen de cuadros eléctricos o protección”. Los cercos negros alrededor de enchufes y bombillas y algún que otro incendio reciente dan fe de ello. Pero gracias a estos talleres, los accidentes van a ser cosa del pasado. Como dice Millor, “lo mejor es que lo que se genera con la formación se queda en el barrio”.

“El momento que más me ha impactado fue el pasado lunes, el primer día de obra”, reconoce el arquitecto. “No sabíamos cuánta gente iba a venir ni si iban a estar aquí a las 8 h como habíamos quedado. Y no solo se presentaron todos puntualísimos, sino que en vez de los 20 apuntados, vinieron 43, se quedaron religiosamente hasta las 15 h trabajando (recibiendo una dieta de 40 euros y un bocata) y aún hubo muchos que se quedaron hasta las 20 h, voluntariamente, porque querían que la obra avanzara. Se ha creado un ambiente espectacular”.

El proyecto Asertos, que empezó en diciembre del 2017 con el impulso de Obra Social ”la Caixa”, la Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento de Alicante, podría acabar en 2 o 3 años. Pero a su coordinadorle gusta pensar queterminará “cuando el barrio esté en condiciones dignas y sin gente en situación de extrema precariedad” y espera que voluntarios y micromecenas den continuidad al proyecto. “Planteamos una metodología participativa para que toda esa inteligencia colectiva —de técnicos, ayuntamiento, vecinos de Alicante, entidades privadas…— siga generando un avance año tras año”.

“Esto va a ser un paraíso”, asegura Antonio. “Con mucha alegría y mucha energía positiva”, añade Ana. “El día en que el barrio esté perfecto lo celebraremos con una gran fiesta”, avanza Pilar. “Aunque luego lloraremos porque no queremos que se vayan todas estas personas”.

 

Texto: Ana Portolés
Fotografía: Alicia Pitaluga