Mi madre es alérgica a los aviones y a la aventura en general. Solo ha viajado una vez fuera de España. Fue en el 2010, cuando voló a París con mi padre para celebrar sus bodas de plata. Por eso, cuando le conté que quería irme a Estados Unidos durante el segundo año de la beca de periodismo que me dieron ”la Caixa” y la Agencia EFE, se asustó un poco y me animó a cambiarlo por Portugal. Al final la convencí (le conté una mentirijilla y le dije que mis otras opciones eran Venezuela y Palestina) y, ahora que estos nueve meses en Nueva York han terminado, hasta ella reconoce que fue una buena decisión. En la Gran Manzana aprendí una barbaridad y fui descubriendo muchas curiosidades que iba contando a mi madre y que ahora comparto también con vosotros.

  • No es raro que una estrella de Hollywood te sirva café. Cuando entrevisté a Sharon Stone, me sorprendió que tras cruzar la puerta lo primero que hizo fue servirnos una taza de café a los periodistas. Después descubrí que es algo que también hace Angela Merkel. La canciller alemana es consciente de ser una gobernante muy poderosa y, para no intimidar, sirve ella misma el café a sus invitados, según me explicó María-Paz López, corresponsal de La Vanguardia en Berlín. Imagino que con la protagonista de Instinto básico pasa lo mismo. O simplemente es muy amable, no lo sé.
  • Junket no es el presidente de la Comisión Europea. Perdonadme el chiste, pero es que la primera vez que mi jefe en Nueva York mencionó esa palabra, iba tan perdido que hasta pensé en Jean-Claude. Pero no, un junket es un acto de prensa que organizan los estudios de cine para promocionar un estreno y en el que los actores conceden entrevistas de escasos minutos a los periodistas. Como bien sabe Paquita Salas, están llenas de lujos: suelen ser en hoteles de cinco estrellas, el cáterin que traen es de vértigo, hay maquilladores y peluqueros a disposición de los periodistas y, si vienes de otra ciudad, puedes tener suerte y alojarte en el Ritz la noche previa a la entrevista.
    Mi primer junket se frustró antes de empezar. Nada más aterrizar, me tocaba entrevistar a Kevin Spacey por su papel en All the Money in the World, pero días antes de la cita estallaron las acusaciones contra él por abuso sexual y lo cancelaron. Al final, eliminaron a Spacey con posproducción y contrataron a otro actor para sustituirlo. Aunque me quedé con las ganas, pude sacarme la espina entrevistando a otros actores como Sharon Stone, Dwayne Johnson (la Roca), 50 Cent, Gerard Butler, Neil Patrick Harris, Drew Barrymore, el elenco de Queer Eye y muchos más.

 

 

 

 

  • En Nueva York, si quieres quedar con tus amigos, saca la agenda. Una de las cosas que más echaba de menos de Barcelona era la posibilidad de quedar con mis amigos en cualquier momento y sin ningún plan concreto. Escribirles un mensaje y, a los 20 minutos, estar juntos en una plaza tomando algo. En la Gran Manzana, eso no se estila. Las grandes distancias y la adicción al trabajo hacen que los compromisos sociales se planeen con antelación. Además, la visión productivista que los neoyorquinos tienen de la vida provoca que, incluso fuera del trabajo, quieran sentir que están aprovechando el tiempo (quality time, lo llaman). Por eso, antes de proponer quedar con algunos amigos tenía que echar un ojo a las agendas culturales de la ciudad. Pronto aprendí a sustituir el “¿Vamos a tomar una birra?” por un “Oye, ¿quieres ir a esta exposición que acaban de inaugurar?”. Consejo: la newsletter de Nonsense NYC puede salvarte de un aprieto.
  • Los neoyorquinos son los reyes del networking (y eso a veces cansa). En todas las fiestas a las que iba en Brooklyn, lo segundo que me preguntaban (lo primero era mi nombre, que siempre pensaban que era ruso) es a qué me dedicaba. Los neoyorquinos no dejan pasar ninguna oportunidad para hacer networking y eso a veces cansa. Mi angustia por esta tragedia del primer mundo la ha plasmado la humorista Rocío Quillahuaman en este vídeo. Si el networking aprovechategui existe en Barcelona, imaginaos en Nueva York.
  • La redacción del New York Times mola mucho. Como todo lo malo se pega, pronto me hice amigo de alguien que trabajaba en el Times y le pedí que me hiciese una visita por la redacción. Y aunque en los últimos años hayan alquilado varios pisos a otras empresas para ajustar sus cuentas, sus oficinas me dejaron con la boca abierta. Tenían muchísimas zonas de ocio y descanso, varias mesas altas para trabajar de pie (una idea que María Ramírez llevó a El Español y que tengo entendido que va muy bien para la espalda) y cafeterías donde te cobras tú mismo (eso no tengo tan claro si funcionaría en España); ah, y con varias estanterías de comida sin gluten, cosa que como celíaco siempre agradezco.

Mis anécdotas en la Gran Manzana dan para un pódcast, así que lo dejo aquí. En Nueva York fui muy feliz y aún estoy asimilando que eso de entrevistar a mujeres como Alaska o la Chana por la mañana e ir a los mejores musicales de Broadway por la noche se ha acabado. Al menos me alegra saber que en Barcelona no pagaré 12 euros por una copa de vino. Habrá que consolarse.

 

*Si te gustaría vivir una experiencia parecida a la de Sergi, aún tienes unos días para apuntarte a la convocatoria 2018 de las becas, que termina el 17 de septiembre. 

 

 

Relato: Sergi Santiago