Desde la investigación científica hasta la alimentación, pasando por la industria farmacéutica o la producción de energía sostenible, la biología sintética está abriendo nuevas puertas en una infinidad de ámbitos y todavía es pronto para hacernos una idea de las consecuencias que estos avances tendrán en nuestra vida diaria. El Centro de Regulación Genómica y la Universitat Pompeu Fabra organizaron los días 13 y 14 de junio el ciclo de conferencias Synthetic biology. Engineering life for the medicine of the future. El ciclo, que tuvo lugar en CosmoCaixa, se centró muy especialmente en las aplicaciones médicas, pero también abordó las cuestiones filosóficas y éticas que se derivan de estas nuevas técnicas. Hablamos con dos de los organizadores de estas jornadas, Maria Lluch Senar y Marc Güell.

Para el común de los mortales, hablar de biología sintética equivale poco menos que a hablar de magia. Porque la posibilidad de crear en un laboratorio nuevos sistemas biológicos nos suena más a película de ciencia ficción que a una realidad tangible. Por suerte, existen mortales tan poco comunes como Maria Lluch, biotecnóloga en el laboratorio de diseño de sistemas biológicos del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, y Marc Güell, investigador de la Universitat Pompeu Fabra, para aclararnos un poco las ideas.

 

 

“Las películas han hecho que haya un gran escepticismo respecto a la biología sintética. Es verdad que tenemos las herramientas para modificar el ADN de humanos, animales o plantas, pero hay un gran consenso acerca de lo que se puede o no hacer”, nos dice Maria.

La biología sintética es un campo emergente y todavía es pronto para calibrar las inmensas posibilidades que ofrece. De ahí la pertinencia de organizar jornadas como este B·Debate, impulsado por Biocat y ”la Caixa”, para transmitir los avances realizados gracias a esta tecnología en la medicina, principalmente, pero también las perspectivas que abre respecto a nuestra concepción de lo que es la vida.

“Con el desciframiento de la secuencia del genoma humano en el 2003 aprendimos a leer la vida y esto generó muchas expectativas. Pero hubo algo de frustración, porque tampoco supuso curar todas las enfermedades. Claro, después de aprender a leer, tenemos todavía que aprender a escribir, y en eso consiste la biología sintética”, asegura Marc. Si todavía estamos en la fase de aprender a escribir, la lectura de lo que constituye la vida nos vuelve a recordar hasta qué punto su diseño es increíblemente perfecto: “El Apolo que llegó a la Luna no es nada comparado con un cerebro o incluso con una bacteria”.

Las posibilidades son tan amplias que, inevitablemente, aparecen los debates acerca de lo que éticamente se puede llevar a cabo y en qué medida podemos incidir de forma artificial sobre la naturaleza, nuestro cuerpo y nuestro entorno. Maria lo tiene claro: “La agricultura clásica siempre se ha hecho mediante cruces y se obtienen variantes de manera desconocida, sin saber realmente qué modificación se ha realizado en el genoma. Hoy en día la biología sintética te permite hacerlo de manera controlada y racional. Puedes modificar un genoma, crear una variante con una propiedad buena y, sin embargo, la legislación te impide hacerlo porque se considera un organismo modificado genéticamente. Aquí se abre un debate ético: ¿es mejor algo que has modificado sin saber cómo o algo que has hecho de manera controlada?”. Marc también opina que sería una lástima ponerle freno a una tecnología que tendrá unos beneficios incontestables para todos: “No tiene sentido que en Europa no se pueda llevar a cabo una modificación de genes con CRISPR y sí se pueda hacer la misma modificación con radiación nuclear o rayos X”.

Los investigadores están ahora centrados en las áreas que mayor beneficio pueden aportar, especialmente para la salud humana. En el caso de Maria Lluch, su grupo está investigando enfermedades infecciosas del pulmón que son de difícil tratamiento porque los antibióticos no funcionan: “Nuestra idea es desarrollar una tecnología nueva basada en una bacteria que está en el pulmón de la mayor parte de la población y que hemos modificado genéticamente para que sea una cepa atenuada capaz de producir moléculas frente a las bacterias infecciosas”.

Marc Güell recalca que “por primera vez en la historia, la humanidad puede editarse a sí misma” y ante la inmensa posibilidad de beneficios, “la tendencia actual es ir hacia la inteligencia artificial y la ingeniería con la vida para resolver retos tan importantes como el de la salud del planeta o la de los seres humanos. Es una tendencia natural. Antes utilizábamos las máquinas a vapor, luego las eléctricas, más tarde los ordenadores y ahora tenemos tecnologías como la ingeniería biológica”.

 

Texto: Raúl M. Torres