El protagonista de la película RoundersMatt Damon, nos enseñó en los noventa que, para muchas personas adictas al juego, haberlo perdido todo no basta para dejar de apostar. Pero tocar fondo, a veces, hace que uno coja fuerzas para levantarse de nuevo y hasta para echar una mano a los demás. Esto es precisamente lo que hacen en la asociación alicantina de afectados por la ludopatía Vida Libre, que este año ha sido uno de los proyectos finalistas de la convocatoria de Interculturalidad y Acción Social 2018 de la Obra Social ”la Caixa”.  

La entidad Vida Libre está formada por personas que antes no sabían vivir sin el juego, y sus familiares. Como cuenta su presidenta, Áurea Pastor, trabajan para promover hábitos saludables y acabar con la ludopatía ofreciendo charlas preventivas a alumnos y profesores de institutos de Alicante y alrededores, ayuda psicológica a jugadores patológicos y familiares, además de formación para todos aquellos que quieran contribuir a dar un giro a esta situación.

 

 

Los caminos para que un juego se convierta en adicción son complejos y distintos para cada persona. Las consecuencias (el deterioro moral, emocional, laboral, social y físico) son siempre las mismas. Para Luis Vilar, todo empezó cuando, en el 2013, murió su esposa. Primero jugaba a las máquinas tragaperras para evadirse y sortear así su soledad, hasta que llegó un momento en que vivía únicamente por y para el juego: casi no hablaba con sus hijas y acumuló un aluvión de deudas que le obligaron a vender su casa. “Me despertaba pensando en las máquinas, comía deprisa pensando en las máquinas y me acostaba pensando en las máquinas. Realmente no vivía”, recuerda Luis.

Ahora que lleva un año rehabilitado, su reto es ayudar a las personas que acuden a Vida Libre para dejar atrás este universo de luces de colores y sonidos estridentes “que está diseñado únicamente para sacarnos el dinero”. Así es la anatomía del juego: la probabilidad de ganar algo en una partida en las tragaperras, por ejemplo, es de un ínfimo 18,3 % o, lo que es lo mismo, más del 80 % de las veces pierdes.

Desde su posición de voluntario, Luis ha empezado a aportar su granito de arena colaborando con el psicólogo de la asociación en las terapias grupales. Allí expresa su punto de vista a los pacientes y les cuenta cómo salió él de ese “agujero”. “Me aportaría mucha satisfacción que todo lo que he sacado de mi experiencia valga para ayudar a los demás”, afirma. “Además, aquí puedo ayudar a la gente joven. Veo que hay muchos que están cayendo y yo estoy aquí para intentar evitarlo”.

La presidenta de Vida Libre también lamenta esta tendencia, que cree que está en auge a causa de la irrupción de las nuevas tecnologías y la facilidad de las apuestas on-line: “El martes estuve con un chico de 22 años que está enganchado desde los 12. Incluso se escapaba del colegio para jugar”, cuenta Áurea. “Poder animar a alguien a iniciar su camino hacia la recuperación de alguna manera compensa todo el sufrimiento que pasamos junto a mi marido a raíz de su adicción. De hecho, cuando viene a saludarnos alguien que estuvo en tratamiento años atrás, no necesito nada más: mi día está hecho”.

 

Texto: Alba Losada
Fotografía: Laia Sabaté