Traducir Under the Bridge de los Red Hot Chili Peppers o Work de Rihanna a un lenguaje puramente visual puede parecer una tarea titánica. ¿Cómo transmites los agudos y los graves? ¿Las rimas? ¿Los juegos de palabras? ¿Cómo sigues el ritmo? ¿Pueden los lenguajes facial y corporal convertirse en canciones? Parece que sí. Así lo demuestran el dúo maravillas formado por la cantante Rozalén y la intérprete de lengua de signos Bea Romero. Ellas crean música que se canta con las manos y se escucha con los ojos. Una pequeña revolución sensorial que pudo apreciarse  el pasado Día Nacional de las Lenguas de Signos Españolas, en un concierto promovido junto con otras entidades por la Delegación de Voluntarios de Madrid de ”la Caixa”.

María Rozalén nació en Albacete, y canta y toca la bandurria desde su infancia en la sierra del Segura. Su madre le cantó siempre, “y muy bien”, puntualiza la hija, orgullosa. Sus años de estudiante, los pasó en Murcia y Madrid, donde cursó psicología y un máster en musicoterapia. Quizá de ahí le vienen su interés por lo social, su fe en las personas y su voluntad por hacer la música accesible a todo el mundo.

Una noche de septiembre del 2012, Rozalén subió a internet su primer videoclip, 80 veces, en el que su amiga Bea Romero traducía la letra a lengua de signos en una coreografía perfectamente cronometrada. Esa primera noche, el vídeo tuvo 10.000 visitas. Ahora tiene más de 13 millones. No tardaron en ficharla en Sony y RLM. Y su último álbum ha sido disco de oro.

 

 

A su compi de aventuras la conoció en un curso de sensibilización sobre desarrollo para jóvenes cooperantes en Bolivia. A Bea, que trabajaba de intérprete en un instituto, siempre le había gustado la música y jugar con la expresividad y el lenguaje corporal. De hecho, interpretar o “bailar”, como dice ella, las canciones era algo que hacía a menudo cuando estaba de fiesta en casa con sus amigas. “El cuerpo me lo pide bastante, me sale de forma natural y, además, me parece un trabajo precioso de adaptación para intentar transmitir tanto el mensaje que hay en cada canción como la música y los sentimientos”, nos cuenta. Todos sabemos de sobra el importantísimo papel que tiene la comunicación no verbal en la expresión de las emociones, así que no debería sorprendernos que alguien pueda reír o llorar con las manos.

“Así que nos conocimos y nos hicimos fans mutuas. A mí me encantó su lengua y su expresividad y a ella, mis canciones”, sigue Rozalén. “Y en las noches de guitarra y cachondeo, empezamos a hacernos íntimas.”

Dicen que la primera canción que cantaron a la par fue Al amanecer de Los Fresones Rebeldes. Y el primer concierto, en un cole de Albacete donde había niños del Sáhara con discapacidad. “Vimos que juntas provocábamos algo muy potente.” Y ahora animan a que otros artistas se lancen a hacer conciertos inclusivos. “Todos deberíamos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades para disfrutar de la cultura de igual manera”, afirma la manchega.

“Para muchas de las personas con dificultades auditivas o sordas, nuestros conciertos son la primera ocasión en que pueden disfrutar de verdad la música y compartirla con las personas que quieren. Y eso es emocionante que te mueres.” Pero a Rozalén también le encantan las reacciones de las personas oyentes: “Algunos nos dicen que a través de la lengua de signos pueden entender mejor las letras. Estimular más sentidos a la vez es algo que enriquece y suma a todos los niveles”. Y Bea no puede estar más de acuerdo: “Ver que están disfrutando a la vez de un espectáculo tanto sordos como oyentes es lo más emocionante”.

 

Ilustración: María Medem