Llegar a casa con la cara llena de arena o lanzarse al agua desde una embarcación para atrapar una ola son algunos de los momentos veraniegos que todos deberíamos tener la oportunidad de vivir y recordar. Con este ideal trabaja Mayte Celeiro, coordinadora de CaixaProinfancia en Vigo y del área de protección de menores de ARELA, la asociación desde la cual día a día logra pequeñas grandes gestas, como que varios adolescentes de familias con pocos recursos suban por primera vez a un barco, en un verano que nunca olvidarán.

Un grupo de jóvenes gallegos ha llenado su memoria de divertidas aventuras veraniegas gracias a la iniciativa Vacaciones Urbanas de CaixaProinfancia, el programa de la Obra Social ”la Caixa” que lucha contra la pobreza infantil. Según Mayte, esta actividad, organizada en Vigo por la asociación juvenil Abertal y la entidad ARELA, tiene como meta que todos los adolescentes puedan disfrutar plenamente del tiempo libre que les brindan sus largos veranos ofreciéndoles actividades que no pueden hacer normalmente. Para Bruno, el más joven de los 10 chicos y chicas que participaron en las actividades del año pasado, “cada día fue especial”. Fueron juntos a la playa y a la bolera, visitaron parques naturales e hicieron excursiones a otras ciudades. “Es mucho mejor estar en las colonias que en casa porque no haríamos nada interesante ni estaríamos con nuestros amigos”.

 

 

Las sonrisas y los selfis que llenaban el barco que el pasado julio les llevó a Cangas anunciaban que esta era una de las actividades más insólitas del verano. Al pisar tierra, las sorpresas continuaron a medida que los jóvenes se iban encontrando con mapas que los invitaban a explorar la plaza del pueblo, su antigua ermita y la nave donde trabajan las redeiras, las mujeres gallegas que confeccionan y reparan redes de pescar. En este último escenario, los jóvenes aprendieron unos valores que podrán guardar en el estante más valioso de su biblioteca de recuerdos. Según Mayte, lasredeiras les hablaron de todo el esfuerzo que implica su trabajo y de cómo superaron el incendio que abrasó todas las redes de su nave: “Sus palabras tocaron especialmente a uno de los chicos, Mario, que estaba preocupado porque, desde que su padre murió, su madre está sin trabajo y viven en casa de su abuela. Conocer la historia de esas mujeres le hizo entender que en la vida hay momentos malos, pero que se pueden superar”.

El hallazgo de un cofre del tesoro lleno a rebosar de golosinas y chocolatinas con una invitación para disfrutar de un baño en la playa de Rodeira marcó el comienzo del mejor momento del día. Al vivir en una zona de Vigo alejada de la playa, para algunos de estos jóvenes era el primer baño del año, explica Mayte. Y para Samir, un joven refugiado sirio que llegó el año pasado a España, era el primero en el mar del país. “Primero metió los pies y nos miró como diciendo: ‘¡el agua está helada!’. Pero después acabó entrando y estuvo en el agua hasta el último segundo. ¡Volvió al barco aún empapado!”, recuerda Mayte.

Para ella, actividades como la de ese día hacen que estos jóvenes se olviden por un rato de las complejas circunstancias de su entorno y disfruten de momentos que les ayuden a mirar la vida con un enfoque más positivo. ¿La razón? Se dan cuenta de que hay una infinidad de realidades más allá de la que viven normalmente. Y prueba de ello es que, en el trayecto de vuelta a Vigo, dejaron de relacionarse por grupitos para ser una auténtica piña que no paró de reír recordando el día de verano que acababan de pasar juntos. “Para mí, que todos me pidieran repetir las Vacaciones Urbanas fue la mayor satisfacción”, asegura Mayte.

 

Texto: Alba Losada
Fotografía: Alberto Van Stokkum, Iratxe Reparaz y Javi O. San Martín