“La ciudad del infinito”. Así es como, hace muchos años, los habitantes del sureste indio bautizaron su ciudad (Anantapur, en lengua local). Por una especie de casualidad poética, fue precisamente en Anantapur donde Vicente Ferrer inició una larga historia de lucha por hacer posible lo imposible. Ahora, la fundación que lleva su nombre celebra 50 años de acción contra la pobreza en la India con una exposición fotográfica en CaixaForum Madrid. Un viaje que nos lleva al origen mismo de un sueño hecho realidad.

En una de las fotos expuestas hasta el 29 de septiembre dentro de la muestra “Viaje a la ciudad del infinito” en CaixaForum Madrid, aparecen dos chicas con atuendos deportivos y largas trenzas negras luciendo, sonrientes, la medalla de oro que llevan cada una en el cuello. Son dos de los trece atletas de la Fundación Vicente Ferrer que, en el 2015, representaron al equipo nacional indio en los Special Olympics World Games de Los Ángeles, cosechando nada más y nada menos que 17 medallas.

 

 

Seguramente, más de 40 años antes, cuando Vicente Ferrer y su esposa Anna empezaron a construir pozos y caminos transitables en una región tan árida y pobre que hasta las autoridades locales recomendaban su evacuación, ni se imaginaban que una foto así podría llegar a ser realidad. Pero cada paso que dieron fue en esa dirección. Porque, como afirma Jordi Folgado, sobrino de Vicente Ferrer y director general de la fundación, “Vicente siempre decía que la pobreza y el sufrimiento no están para ser entendidos, sino para ser resueltos. Esa fue su mayor lección para mí: aprender a huir de las teorías y encontrar acciones eficaces ante problemas concretos, porque con la pobreza no podemos permitirnos perder ni tiempo ni recursos”.

A través de un recorrido fotográfico en blanco y negro, la exposición recorre la historia de Vicente y de Anna, de la India y de la fundación, que no es otra que la historia de los miles de personas y de todas las acciones concretas que han hecho posible que, hoy ya sí, podamos decir que en la India no hay pobreza extrema: “La población sigue siendo muy pobre, pero ahora tienen garantizado que mañana también comerán”, explica Jordi. “Antes decíamos que la pobreza extrema tenía solución, pero apenas la vislumbrábamos. Hoy ya no solo vemos que es posible, sino que lo hemos demostrado”.

Y esto es gracias, en gran parte, a esos 25 primeros años de aprendizaje en los que la fundación sentó las bases para que la propia población se hiciera dueña de su libertad. Un gran logro, sin duda, que es la suma de cientos de pequeños hitos: de la primera escuela para hijos de campesinos en 1978, a crear centros para menores con discapacidad intelectual en 1992, de inaugurar en el año 2000 un hospital que a día de hoy cuenta con más de 300 camas, a que en el 2019 haya más de 30.000 letrinas construidas y la crisis de salubridad que azota el país esté más cerca de ser resuelta.

En la última parte de la exposición, el blanco y el negro dejan lugar a fotos a todo color proyectadas sobre una de las paredes. Son imágenes de brazos alzados al cielo, de chavales que sonríen. Fotos que celebran lo conseguido, pero que también reivindican la lucha por el futuro de una India que todavía puede ser más brillante, que merece ser aún más brillante. Porque el viaje comenzó en la ciudad del infinito, pero no ha hecho más que empezar.

 

Texto: Patri di Filippo
Fotografía: Bárbara Lanzat