Más de 100 mil personas cantando el estribillo de Tender esperando a que los Blur volvieran al escenario. Cientos de manifestantes marchando al son del Alright de Kendrick Lamar. Los hinchas del West Ham celebrando una victoria con una multitudinaria serenata de Blowing Bubbles. O aquella vez en que 65.000 voces se arrancaron a entonar Bohemian Rhapsody de forma espontánea. Una canción siempre tiene más fuerza cuando es compartida con otros. Cuando cada voz pone su granito de arena para hacerla llegar más lejos. Cuando cada persona se siente parte de un todo, como si formaran parte de un club. Así lo demostraron las más de 500 voces reunidas para interpretar El Mesías de Händel en el barcelonés Palau de la Música.

Desde que Händel compusiera esta mastodóntica obra coral en el siglo XVIII, se ha convertido en todo un clásico de las actuaciones participativas. Sin ir más lejos, la Obra Social ”la Caixa” lleva más de 20 años convirtiéndola en una experiencia colectiva que suprime las barreras entre el público y el escenario, y reúne a personas de todas las edades y procedencias.

 

Al finalizar esta edición, El Mesías habrá pasado por 17 ciudades de la geografía española, como Sevilla, Madrid, Bilbao o Santiago de Compostela. En Barcelona, 562 cantantes aficionados, acompañados por músicos profesionales de la orquesta Gabrieli Consort & Players, se pusieron bajo la batuta del director Paul McCreesh.

El principal denominador común de todos los participantes es que les gusta cantar. “En mi casa son todos músicos. Empezó mi padre. Para él, es el octavo año que canta El Mesías. Me animó a hacerlo y ya es la segunda vez que me apunto. ¡Y me encanta!”, cuenta Elena, una de las más jóvenes de la formación. Por su lado, Josep lleva muchos años cantando en coros y cinco sin perderse ni uno de los conciertos participativos que monta la Obra Social ”la Caixa”, pero nunca había probado algo de tanta envergadura. “La experiencia de cantar con un coro tan enorme, con una orquesta tan maravillosa y profesional, y aquí en el Palau, te pone la piel de gallina”, cuenta. Eva, en cambio, es la primera vez que canta en un coro y asegura que “es una sensación completamente diferente a hacerlo como solista. Trabajar con la orquesta ha sido una gozada”.

Además de disfrutarlo, que es lo esencial, no hay que perder de vista que es un acto grupal en el que, como en el resto de actos en sociedad, todo el mundo debe comprometerse a hacer bien su parte para no perjudicar al resto del grupo. “Darte cuenta de que tu voz forma parte de un proyecto y que, sin todas las demás, no es posible llegar a esto… es muy emocionante. Hacer algo compartido siempre te llena más que hacer las cosas sola”, sentencia Elena.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra