Unos comen las uvas, otros mordisquean los tapones de unos rotuladores recién comprados. Y mientras unos se abrazan al dar la medianoche, otros lo hacen tras un verano sin verse. Hay quien se enfunda en un vestido elegante y quien lo hace en una batita recién planchada. A veces, las campanas resuenan por toda la Puerta del Sol; otras, de pasillo en pasillo. Y es que hay un calendario según el cual el año no empieza en enero, sino en septiembre. Es el calendario de los niños, que se inaugura con la vuelta al cole.

Así como los adultos se emocionan ante la llegada de la Nochevieja, el primer día de cole es el acontecimiento del año para cualquier niño. Todo empieza con los nervios de la noche anterior, preguntarse si habrá nuevos compis con los que corretear por el patio, las ganas de estrenar esa libreta nueva. Luego, el tan esperado primer día: día de reencuentros, de contarse el verano, de comprobar que todo empieza de nuevo pero a la vez sigue en su sitio.

Los niños vuelven al cole llenos de energía e ilusión, y cada uno tiene su momento favorito. Hannah, de seis años, lleva todo el verano esperando “estar con sus amigas en el recreo y jugar al escondite”. En cambio, lo que más ganas tiene de hacer su compi de clase Cristina es la asignatura de Experimentos. Ya tiene hasta una pregunta pensada: “cómo quitarle el color feo a una moneda”. Volver es emocionante, aunque sea, como dice otro niño, Eloy, “porque la Navidad está más cerca y en verano no llueven regalos”.

Desde el programa dedicado a luchar contra la pobreza infantil de la Obra Social ”la Caixa”, cada año se reparten por toda España cerca de 38.000 kits de material escolar para que, en este día tan especial, los niños no deban preocuparse de nada más que de disfrutar de su vuelta al cole. Además, durante todo el curso se ofrecen a las familias atendidas ayudas como el refuerzo escolar o la atención logopédica, para que los niños puedan sacar todo su potencial, mejorar sus resultados académicos y, con ello, su autoestima.

Pensados para que, tengan la edad que tengan, los chavales puedan sacar el máximo provecho al nuevo año escolar, dentro de los kits hay desde témperas y estuches con gomas y lápices para los más pequeños hasta carpetas con separadores y calculadoras para los que son ya un poco más mayores. Pero todo esto va más allá de conseguir que niños de familias que no pueden costearse nuevo material sientan esa especial emoción de pintarrajear una libreta que todavía tiene las hojas en blanco. Hacer que todos los niños tengan material escolar es garantizar que a ninguno le falten herramientas para construir, año a año, su futuro.

 

 

Fotografía: Laia Sabaté