En la Inglaterra de Margaret Thatcher, la comunidad LGTBI apoyó la Gran Huelga de Mineros para que las reivindicaciones de ambos colectivos fueran escuchadas: acabar con la homofobia imperante de la época y conseguir más derechos laborales. Eran dos mundos que no tenían nada que ver pero, juntos, alcanzaron mayor repercusión, llenaron las calles de Londres de diversidad y comunicaron al mundo que las luchas, como las emociones, compartidas tienen más fuerza. Un mensaje que hoy sigue muy vigente y que hemos vuelto a recordar gracias a “COMPARTIDAS: el valor social de las artes”, uno de los proyectos seleccionados en la convocatoria del 2017 de Art for Change ”la Caixa”.

 

 

“COMPARTIDAS: el valor social de las artes” es un proyecto de la entidad ARTransforma, en el que han participado también compañías como Yur Dance, Innerland Projekt y Les Impuxibles, y entidades como los Centros Ocupacionales La Marina y 1981 de ASPROSEAT, la Escuela Municipal de Música Can Ponsic, la Escuela de Música Àngels Casa y el Coro NovAura. Gracias a todos ellos y a profesionales como Jordi Cortés y Queralt Prats, directora de ARTransforma e impulsora del proyecto, se juntaron 133 profesionales y no profesionales de la música y la danza, con y sin diversidad funcional, para, en primer lugar, compartir pensamientos y experiencias sobre los conflictos que surgen de las diferencias, las discusiones familiares, las luchas internas, la crisis de los refugiados o las guerras. Después, los participantes convirtieron sus reflexiones en movimientos de baile, coreografías y piezas musicales para coro o instrumentos como el cello, el violín y el contrabajo. El proceso creativo, que duró nueve meses y tuvo la guerra y el conflicto como temática central, culminó el pasado 17 de junio con Fènix, un espectáculo que contó con la colaboración del actor Lluís Homar, llenó las 500 butacas del Mercat de les Flors de Barcelona y regaló a los asistentes una muestra de ese arte inclusivo que debería tener más cabida en los teatros.

En el espectáculo, los participantes plasmaron ese espíritu de resiliencia necesario para abordar cualquier conflicto. Queralt explica que, así como la legendaria ave fénix se consumía en el fuego cada 500 años para después resurgir de sus cenizas, el público de esa tarde de junio fue testigo de cómo unas “flores guerreras” renacían de la tierra manchada de sangre una y otra vez sin perder nunca la esperanza. “Uno de los mensajes que queríamos transmitir es que no tenemos que evitar los conflictos cuando llegan, sino encontrar la forma de gestionarlos y transitarlos para recuperar la estabilidad. Algunas personas participantes necesitan pegar un grito; otras, darse una ducha; otras, respirar o cantar. Y hay que recordar que después de la calma siempre llega otro conflicto y que no pasa nada: es parte de la vida y es una fuente de aprendizaje”, cuenta Queralt.

En el caso de Rubén Cruz, por ejemplo, un chico con diversidad funcional que toca la viola desde los nueve años, la experiencia le ayudó a gestionar sus enfados con más calma y a reflexionar sobre qué decir y cómo actuar antes de hacerlo. Su madre, Carme Tulleuda, nos cuenta que “le hizo darse cuenta de que los conflictos forman parte del día a día y que tenemos que aprender a gestionarlos”. Y eso es solo la punta del iceberg del gran impacto que las iniciativas de ARTransforma tienen tanto en los participantes como incluso en la propia impulsora del proyecto. “Después de diez años de trayectoria, tengo la conciencia tranquila de que, si me muero mañana, habré cambiado la vida de muchas personas”, expresa Queralt.

Está claro que la música, la danza y las artes en general no son elitistas porque las encontramos en la radio, en el cine y en todas partes, y todos vibramos de emoción cantando nuestro tema favorito o bailando la canción del verano, pero según Queralt la formación artística sí lo es. La mayoría de escuelas de música y danza no responden a las necesidades de todas las personas, y para aquellas con diversidad funcional, su acceso a estos centros es casi siempre una misión imposible. Es por eso que ella quiso “dar a todo el que quisiera un espacio donde expresarse y, a la vez, cambiar la visión que tiene el público en general del arte y de las personas con discapacidad”. Según Queralt, “la idea es que cuando los espectadores empiecen a disfrutar de uno de nuestros espectáculos, dejen de ver a personas con o sin diversidad funcional y vean solo a artistas. A través del arte, intentamos que las diferencias desaparezcan”.

 

Texto: Alba Losada
Fotografía: Rita Puig-Serra