Creer en las personas, en su capacidad para crecer, trabajar y superar adversidades, creer en un futuro mejor y en una sociedad más justa, es creer en la cultura. A Cristina, de 18 años, el teatro le ha enseñado a evadirse. Para Víctor, otro estudiante, el teatro es empatía. Y Diana, su profesora, ha encontrado en esta arte escénica una gran aliada a la hora de escuchar y entender a los jóvenes. Todo ello, gracias a CaixaEscena, un programa que promueve las prácticas teatrales en centros educativos. Esta es una de las historias, de compromiso e ilusión, que inspira la nueva campaña de la Fundación que tiene como lema: Nosotros lo llamamos ”la Caixa”.

 El dramaturgo brasileño Augusto Boal fue uno de los más destacados impulsores de un tipo de teatro en el que el público y los actores se convierten en observadores activos. Las escenas cambian constantemente, a través del diálogo y la representación, en una suerte de reflexión vital conjunta. Diana Fernández, profesora de lengua castellana y literatura en el instituto Barrio Loranca de Madrid, bebe de esta escuela. “No se suele escuchar mucho a los jóvenes y creo que el teatro es una oportunidad muy grande de darles voz”.

 

Adolescentes abrazándose

 

Diana empezó enseñando teatro a sus alumnos de instituto como una actividad extraescolar. Hoy en día, gracias a su empeño, en su centro ya cuentan con siete grupos y el teatro se ha convertido en una asignatura optativa en 3º y 4º de la ESO y en 1º de Bachillerato. “Somos uno de los centros de referencia de Madrid en este aspecto”, nos cuenta Diana. “Nos movemos mucho. Justo ahora un total de 21 profesores acabamos de empezar un curso que imparte la sala Cuarta Pared para aplicar el teatro a la práctica educativa, y la verdad es que los chicos se involucran muchísimo en el proyecto”.

Hablamos de chicos y chicas como Cristina, que actualmente compagina sus estudios con dar clases de inglés y de teatro, a modo de extraescolar. “La primera vez que asistí como alumna a las sesiones del grupo de teatro, Diana empezó con ejercicios de voz. Teníamos que gritarle a una pared. Y me di cuenta de que eso era exactamente lo que necesitaba. Yo quería gritar a la pared, al mundo, a una persona, a quien fuese. Quería contar mi historia y quería que todo el mundo viese el potencial que tengo, lo que puedo llegar a hacer gritándole a una pared”, cuenta entre risas. Para ella el teatro es un silencio a gritos en el que ha encontrado la libertad: “Gracias al teatro he aprendido que no hay que tener ningún miedo a ser como eres. El teatro te enseña que no hay dudas en cuanto a ser tú mismo”.

Cuando le preguntamos a Diana dónde ha aprendido a transmitir esa pasión por el teatro a los jóvenes, la profesora no duda: “Todo lo que sé se lo debo a CaixaEscena. Es uno de los recursos más cercanos al profesorado que se aventura al teatro desde la educación. Para mí, ha sido una gran herramienta en cuanto a recursos web y ayuda humana al profesorado. Además, los encuentros para profesores son una gran inspiración creativa”.

Víctor, otro alumno de Diana, cuenta que haciendo teatro “te libras de ti mismo y a la vez aprendes a ser tú mismo, interiorizando y sintiendo los diferentes papeles”. Para él, el teatro es una gran herramienta para difundir valores positivos. Y está de acuerdo con Diana cuando dice que en la educación hacen falta nuevas herramientas, porque solo con la idea del profesor como maestro no se está llegando a los estudiantes. “El teatro es muy integrador, permite enseñar a otros; no solamente a los intérpretes, sino también a los espectadores”, añade la profesora. “Además, la práctica teatral desinhibe, te ayuda a sentirte parte del grupo y te da la fuerza para hacer un plan de vida”. Los alumnos que han pasado por sus clases de teatro son un buen ejemplo de ello.

 

Texto: Laura Calçada
Fotografía: Rita Puig-Serra