Un futuro con coches autónomos ya es perfectamente planteable a medio plazo, pero ¿significa esto que nos podremos dormir en el coche mientras conduce solo? No nos precipitemos: la atención humana será siempre necesaria, en una medida u otra. Mientras tanto, tenemos que idear sistemas que permitan acumular datos y actuar sobre ellos de manera que el vehículo adapte su comportamiento al volante en función del contexto en el que se encuentre, y hacer que la circulación sea lo más fluida y segura posible. El antiguo becario de ”la Caixa” Damián Roca es el ingeniero que está detrás de un curioso sistema que se fija en el comportamiento del vuelo de los pájaros para organizar el tráfico viario.

¿Has visto alguna vez a un pájaro chocar con algún miembro de su bandada? ¿O a algún pez despistarse (no, Nemo y su amiga Dory no cuentan) o incapaz de seguir el ritmo de su grupo? Eso mismo debió pensar Damián Roca, un brillante ingeniero mallorquín que, a sus 29 años, ha alcanzado avances que pueden resultar determinantes de cara a la conducción autónoma. Una de las mayores dificultades en esta materia es la multitud de variantes que nos encontramos en el tráfico vial. Para ello, la gestión de datos debe poder hacerse de forma inmediata e ininterrumpida.

 

Ilustración de coches circulando

 

Por ahora se venía utilizando el Cloud Computing: “Es un sistema muy práctico, nos aclara Damián. Todos los datos están en la nube, tiene una gran capacidad de almacenamiento y procesamiento y además es muy barato, pero para ciertas aplicaciones tiene demasiada latencia.” Y la inmediatez es fundamental en la conducción, ya que las decisiones deben tomarse en tiempo real y cualquier retraso, por mínimo que sea, puede imposibilitar la maniobra.

Para ello, Damián prefiere utilizar un sistema a más corta escala, el Fog Computing, que almacena estos datos no en la nube sino en los propios dispositivos generadores de datos o en nodos cercanos a dichos dispositivos —coches, sensores y todo lo que es ‘el internet de las cosas’, incluyendo routers y servidores, entre otros—para que cuando necesites ejecutar una función, tengas esa capacidad mucho más cerca”.

A raíz de esta nueva manera de proceder, Roca ideó el Hierarchical Emergent Behavior (HEB), con un planteamiento de lo más original. “Lo que hice fue estudiar el comportamiento de una bandada de pájaros o un banco de peces y ver cómo se organizan entre ellos.” El joven investigador aplicó una idea aparentemente simple a flotas de vehículos autónomos para circular de forma racional y segura. “Ni los pájaros ni los peces chocan entre sí cuando se desplazan y además tienden a moverse en la misma dirección y a la misma velocidad, exactamente lo que buscamos en el tráfico con vehículos autónomos”.

Las reglas básicas de conducción son las mismas en todas partes: no chocar con nadie, respetar los límites de velocidad, etc. “Luego es verdad que hay que adaptarse y, por ejemplo, tener en cuenta que en el Reino Unido se conduce por la izquierda o que en Alemania se puede circular más rápido.” No podemos prever todas las condiciones o escenarios con los que nos vamos a poder encontrar en una conducción real. Se trata por ahora de implementar simples reglas generales y pedirle al coche que las aplique de manera local para determinar su trayectoria sea cual sea la situación.

En el largo camino que queda todavía por recorrer aparecen también algunas cuestiones éticas. Por ejemplo ante un accidente inevitable, ¿cuál sería la prioridad del coche autónomo? ¿Se antepondría la seguridad de nuestros pasajeros o la de los peatones? “La clave es cómo vas a programar el algoritmo que determine la conducción y es verdad que puede haber dilemas a la hora de decidir a quién vamos a salvar en una situación determinada. En caso de accidente también tenemos un problema: ¿quién es el responsable? ¿El conductor, el fabricante? Todavía falta legislarlo todo.”

Para poder desarrollar su trabajo, Damián destaca la tranquilidad que le dio la beca que ”la Caixa” le concedió en el 2013: “Su apoyo me permitió tener libertad total para mi investigación, que es un tema atípico, porque mezclar temas de ingeniería con biología no es muy común y resulta difícil que te bequen en casos así. Además, tener acceso a la red de becarios de ”la Caixa”, sus contactos, las presentaciones, etc., todo esto me ha ayudado muchísimo.”

 

Texto: Raúl M. Torres
Ilustración: Ana Galbañ