No es nada fácil integrarse en la sociedad después de haber pasado 10 años en un centro penitenciario, y Sonia Clavijo lo sabe bien. A veces hace falta que pase algo en tu vida que le dé un vuelco y te haga reflexionar. Y también es necesario tener un poco de ayuda, de persona a persona. Gracias a una amiga que siempre estuvo allí y al técnico de inserción laboral del programa Incorpora de ”la Caixa” que la acompañó en el proceso de búsqueda de empleo, hoy Sonia nos puede hablar con orgullo de la familia que ha construido y de cómo consiguió retomar las riendas de su vida.

En el piso que tiene alquilado en L’Hospitalet, hoy Sonia vive con su hijo Martín, su padre y su amiga Carmen, y los otros miembros de su familia: su marido, que viene siempre que tiene un permiso, y sus dos hijas mayores, María y Saray, que también se dejan caer de vez en cuando. Cuando habla de sus hijos, a Sonia se le iluminan los ojos, pero confiesa que no ha sido nada fácil conseguir formar esta familia.

 

Incorpora ha permitido a Sonia integrarse en la sociedad

 

Hace tres años, en uno de los permisos que le concedieron en el centro penitenciario de Wad-Ras, vio a su padre “muy menguado”. En aquella época él vivía con su hijo mayor y su nuera, pero, como acababan de tener un bebé, no podían darle la atención que necesitaba. Sonia se dio cuenta de que su padre la necesitaba y comprendió que había llegado el momento de cambiar las cosas.

Desde entonces, Sonia ha hecho grandes esfuerzos, pero también ha recibido mucha ayuda. A veces no son más que pequeños detalles, como una vez que una amiga le regaló un smartphone. Otras veces, en cambio, la sociedad muestra su cara menos amable, algo que sucede sobre todo a la hora de buscar trabajo. En este proceso, Sonia recibió la ayuda de su inseparable Óscar. Vinculado al proyecto Incorpora de ”la Caixa” que, desde el 2006, impulsa la integración sociolaboral de las personas a través de técnicos de inserción y empresas que colaboran con el programa, Óscar nunca tuvo un “no” como respuesta, e hizo todo lo que estuvo en su mano para que Sonia encontrara un trabajo. “Sin él no lo hubiera conseguido”, dice ella.

No solo la ayudó a redactar el currículo y a buscar ofertas de trabajo, sino que también estuvo a su lado en los momentos más difíciles, dándole los ánimos que necesitaba. Sonia empezó a trabajar como limpiadora. Durante un tiempo llegó a ir hasta a cuatro edificios en un mismo día, pero el ritmo era tan cansado que tuvo un accidente de moto de puro agotamiento. Fue entonces cuando su amiga, Carmen, le ofreció un trabajo para limpiar en un barco y, aunque no pagaban tan bien, Sonia tuvo la intuición de que eso le gustaría. Y no solo le gustó, sino que le cambió la vida.

Decidió sacarse los permisos para navegar en mar abierto, cosa que no le resultó nada fácil. Una de las pruebas que tuvo que superar incluía saltar de un helicóptero al mar desde una altura de cuatro pisos. Ahora se siente orgullosa al recordar que fue la única en conseguirlo. Hoy su vida es su trabajo y la familia que ha construido con mucho esfuerzo, y algo de ayuda. Cuando piensa en el futuro, Sonia se imagina con el título de contramaestre y navegando con barcos de recreo. Eso sí, cerca de la costa para no alejarse de sus hijos.

 

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