“Un ciego con su bastón blanco en medio del desierto llora sin poder encontrar su camino porque no hay obstáculos”. En el microrrelato Extravío, el escritor Alejandro Jodorowsky solo necesitó 20 palabras para dejar entrever una verdad que habla de todos nosotros: los obstáculos no son solo lo que vamos sorteando a lo largo de los años, sino también aquello que nos marca el camino por el que continuar.

Hay textos que no necesitan una extensión de dos folios ni describir minuciosamente a su protagonista para remover algo dentro de nosotros. En un microrrelato cada palabra es un capítulo de la historia; un arte que podrán explorar todos los que participen en el XI Concurso de Relatos escritos por personas mayores, organizado por la Obra Social
”la Caixa” y Radio Nacional de España. Este año el concurso, como novedad, cuenta con dos categorías: la de relatos, de hasta cuatro páginas, y la de microrrelatos, de hasta 100 palabras. La inscripción está abierta hasta el 13 de mayo. Y, como cada año, las piezas ganadoras se emitirán en RNE para que todos podamos entender un poco mejor cómo las personas de más de 60 años ven el mundo.

 

 

Los participantes pueden escribir sobre el tema qué más les motive: en ediciones anteriores hay desde historias sobre el que lo deja todo para montar un chiringuito en el Caribe hasta relatos sobre envejecer junto a la persona que más queremos. Todo vale mientras cada una de sus líneas tenga el poder de atrapar al lector. Esto lo sabe bien Hernán Morgenstern, ganador del certamen del 2018 y jurado de esta edición junto a los escritores Soledad Puértolas y Fernando Schwartz. “Lo importante es que cuando llegues al final del relato, digas: ‘¡Ostras! ¿Qué ha pasado aquí?’, que te deje en shock y te invite a pensar. Eso es importante sobre todo en el microrrelato porque, mientras que en una novela tienes que leer 500 páginas para llegar al final, en el microrrelato lo tienes casi después del comienzo”, nos cuenta Hernán desde la librería + Bernat.

Hernán lleva 35 años, casi media vida, escribiendo, y cuenta que para plasmar lo mejor de uno mismo en el papel hay que vivir nuevas experiencias, conversar con desconocidos e intentar conocer mejor a nuestros allegados, empaparse de autores que a uno le gusten —en su caso, Joseph Roth o Franz Kafka—, aventurarse a pisar nuevos bares, plazas, pueblos o ciudadesy, por último y más importante, “observarlo todo”.

Así nació el relato que le hizo ganador del concurso del año pasado, Esperando la muerte. En él nos presenta a Romualdo Antúnez, a quien las cartas del tarot anunciaron que moriría un 19 de marzo a las 11.36 h de cualquier año. Eso hizo que cada año se sentara en una plaza a esperar su final hasta que, pasada la hora señalada, suspiraba de alivio y se marchaba a disfrutar de su siguiente año de vida. La historia está llena de miedos e intriga, y nos recuerda que ser conscientes de que, en general, la muerte es imprevisible nos debe llevar a disfrutar más intensamente de nuestro día a día. “Fíjate, el protagonista del relato solo teme a la muerte durante esos instantes, el resto del año se dedica a vivir. Y nosotros tenemos que hacer lo mismo porque, si vivimos esperando a la muerte, nos olvidamos de vivir”, insiste.

Hernán admite que hay una parte suya en cómo Romualdo lucha por disfrutar de su vida. Hasta hace poco, tener más de 60 años no le impedía correr maratones y poner sus fuerzas al límite para sentirse aún más vivo. “Cuando mi madre sufría por si me ocurría algo, le decía: ‘Lo preocupante sería que me muriera en el trabajo’. No podemos dejar de hacer lo que nos gusta por miedo, porque eso sí que nos mata”. Sus ganas de vivir al máximo llegan tan lejos que hace un tiempo Hernán se embarcó en “la locura de su vida”: abandonó Barcelona, compró una masía en un pequeño pueblo del interior y se pasó tres años reformándola con sus propias manos. Ahora, asegura que es de las mejores decisiones que ha tomado nunca. “Es muy cómodo decir que no a nuevas experiencias por el simple hecho de que somos mayores. Pero eso no vale. Siempre hay algo que todos podemos hacer, a cualquier edad”.

 

Texto: Alba Losada
Ilustración: Malota