La Cañada Real —como se conoce a los 16 km de asentamientos ilegales que recorren gran parte del sur de Madrid— es una de las zonas más marginadas del país. En este barrio, la vista se pierde entre el amarillo de los secarrales y el gris de las carreteras. Al fondo, las siluetas de los edificios dibujan la capital como una ciudad lejana, casi irreal vista desde aquí. Pero incluso en un entorno tan hostil como este la vida se abre paso con fuerza. Por la calle principal, asfaltada hace apenas año y medio, hay grupos de adolescentes echándose unas risas, perros correteando y familias atareadas en su día a día. Cerca de allí, en la antigua Fábrica de Muebles del sector 6, niños y niñas de la zona celebran que, por fin, ha llegado el verano.

Gracias al Proyecto ICI y al trabajo de 12 entidades que trabajan repartidas entre los 6 sectores, este verano es un no parar para los chavales de la Cañada Real. Por la mañana, un autobús completo con el campamento de la Fundación Secretariado Gitano ha puesto rumbo al Retiro; otro, con el grupo de menores del Proyecto ArteSí, a CaixaForum Madrid. Y mientras en el patio de la antigua Fábrica de Muebles niños y niñas de la Asociación El Fanal participan en la yincana “Juega y recicla”, los niños y niñas de Cáritas se preparan para irse de excursión al parque de atracciones. Eso sí, primero toca desayunar, lavarse los dientes y, como no todo van a ser obligaciones, también jugar un ratito a “las estatuas”: bailar hasta que la música se detenga (el que se mueve pierde). Por petición popular, la canción “Con altura”de Rosalía empieza a sonar a todo trapo.

 

 

Las actividades forman parte de la Escuela Abierta de Verano que, desde junio hasta finales de agosto, las entidades (Asociación El Fanal, Cruz Roja, Parroquia Santo Domingo de la Calzada, Asociación Barró, Accem, Fundación Secretariado Gitano, Fundación VOCES, Proyecto ArteSí, Aebia-Servicios Sociales Vicálvaro, Alamedillas-Servicios Sociales Villa de Vallecas, Diaconia y Cáritas) organizan conjuntamente para los más de 700 niños, niñas y adolescentes que viven en los alrededores.

El Proyecto de Intervención Intercomunitaria Intercultural (ICI) impulsado por la Obra Social ”la Caixa” los apoya durante tres semanas (entre el 24 de junio y el 12 de julio), ya sea juntando a más monitores, facilitando el transporte u organizando actividades propias. Entre ellas, la coordinadora de ICI en el área, Susana Camacho, destaca el innovador proyecto Referentes Positivos, que promueve una exitosa promoción educativa en 4º de ESO y una reducción del absentismo escolar entre el alumnado de Cañada Real. Así, los niños y niñas primero se acercan, a través de un audiovisual, a jóvenes de la Cañada Real expresando su motivación para seguir estudiando a pesar de las dificultades que entraña crecer en un lugar lejos de todo, y, luego, dibujan en cartulinas sus sueños, lo que les gustaría ser de mayores. “Aquí no hay suministros oficiales de luz y agua, por lo que en invierno estudiar se hace muy complicado”, cuenta Susana. “A pesar de todo esto, cada vez más niños y niñas acaban secundaria y llegan a la universidad. Eso es lo que queremos seguir fomentando”.

En este sentido, la Escuela de Abierta de Verano es el colofón perfecto para un intenso año de vida vecinal, de trabajar el refuerzo educativo y la atención a las familias. “Se trata, en cierto modo, de celebrar todos juntos las vacaciones de verano”, prosigue Susana. A través de yincanas, paseos por el parque, chapuzones en la piscina, visitas a museos, talleres en CaixaForum Madrid y actividades deportivas en polideportivos y rocódromos, niños y niñas de 17 nacionalidades diferentes, distintas religiones y aún más diversas culturas están creando lazos de amistad y aprendiendo valores como el trabajo en equipo o el respeto al otro y al medioambiente. Están, en definitiva, haciendo vida y creando comunidad.

Ayoub, uno de los monitores de la Asociación El Fanal, juega hoy con los pequeños a carreras de tapones, a los bolos con botellas recicladas y a derribar latas con pistolas de agua. Hace 15 años, él era uno de esos niños. “Yo venía a los campamentos desde muy crío. Me veo a mí mismo reflejado en ellos, tan revoltosos y llenos de energía”, afirma. “Me gustaría poder darles lo mismo que yo recibí. Enseñarles a llevarse bien entre ellos, a colaborar y, quién sabe, quizá hasta transmitirles las ganas de ser futuros monitores”. Suya fue también la idea de organizar en el 2016 una carrera de 2,5 km por la Cañada para reivindicar la distancia que los vecinos y vecinas deben recorrer a diario para coger el transporte público.

Dos años después, el transporte todavía no ha llegado. Pero nadie ha perdido las ganas de luchar por los suyos y por su barrio. Así lo prueba la Escuela Abierta de Verano, las 14 entidades sociales que año tras año se implican en ella y los más de 100 profesionales, monitores y voluntarios que se dedican en cuerpo y alma a unos niños y niñas que, aunque no lo tienen fácil, tienen todo un futuro por delante.

 

Texto: Patri Di Filippo
Fotografía: Bárbara Lanzat