Un chico de 21 años ha ideado un sistema flotante que aprovecha las corrientes marinas para eliminar el plástico de los océanos. Arquitectos diseñan casas para países en vías de desarrollo que se pueden imprimir en 3D por un módico precio. El mundo está lleno de buenas noticias y de personas con grandes intenciones: no necesitas ser médico o educador social para aportar tu granito de arena a la sociedad. Y el proyecto Reciclar para cambiar vidas de la organización medioambiental Ecoembes lo hace por partida doble. Mejora la vida de personas que están en situación vulnerable facilitándoles la inserción laboral en el sector del reciclaje, y los beneficiarios, a su vez, contribuyen al bienestar de nuestro planeta con su trabajo de convertir residuos en recursos. Como dirían los americanos, es un win-win.

Como cuenta la especialista en responsabilidad social corporativa de Ecoembes, Beatriz Aylagas, el proyecto Reciclar para cambiar vidas consiste en ofrecer a parados de larga duración, víctimas de la violencia de género y jóvenes que se benefician del Sistema de Garantía Juvenil, entre otros colectivos vulnerables, formación en gestión y tratamiento de residuos y la posibilidad de terminar trabajando como operarios de reciclaje en empresas del sector. Una contratación que es posible gracias a Incorpora, el programa de la Obra Social ”la Caixa” que conecta a los que más lo necesitan con las ofertas de trabajo disponibles. Y los datos hablan por sí solos: el 75 % de las personas que pasan por sus programas de formación consiguen un empleo.

 

 

“El trabajo dignifica y da estabilidad a nuestra vida”, señala Beatriz, y añade que el propósito de la mayoría de beneficiarios es “tener una vida normal y vivir tranquilos, nada más”. Para muchos, el hecho de conseguir un empleo es sinónimo de estabilidad, y esta estabilidad permite, a su vez, que todos ellos vean el mundo desde un prisma mucho más positivo.

Beatriz nos cuenta el caso de Francisco Aguilera, que al poco de conseguir trabajo les comentó que, por fin, tenía “visión de futuro”. Beatriz también nos habla de Ana Planes. Ana no tenía estudios, su situación familiar era complicada y no se sentía con fuerzas para luchar. Todo cambió cuando durante la formación entendió que aún le quedaban muchas razones para seguir adelante. “Un día se acercó a su superior en la empresa donde hacía las prácticas y le preguntó: ‘¿Qué tengo que hacer para conseguir un empleo aquí? Decidme cómo puedo demostrar mi valía’. Al poco tiempo la contrataron”, recuerda Beatriz.

Todos ellos han aprendido, además, una lección capaz de hacer del mundo un lugar mejor. “Les ha hecho adquirir una sensibilidad hacia el medio ambiente que antes quizá no tenían, y ahora son más conscientes de las montañas de residuos que generamos a diario y, por tanto, de la importancia de reciclar y consumir de forma más responsable. Y algunos, como Justo Moreno, hasta se han convertido en auténticos embajadores del reciclaje”, cuenta Beatriz.

Esta consciencia ecológica es precisamente lo que movió al responsable de fábrica de Condaplast, Francisco Javier García-Tristán, a empezar a colaborar con Ecoembes en el 2014. “Todos los trabajadores están muy comprometidos y agradecidos por esta oportunidad. Me han enseñado que hay gente con problemas muy graves que, aun así, salen adelante. Son todo un ejemplo de superación”. Francisco Javier se siente orgulloso de formar parte de dos causas tan imprescindibles para nuestra sociedad: cuidar del planeta y ayudar a quienes la suerte no siempre ha acompañado. “A este mundo no hemos venido solo a vivir, sino que también hemos venido a hacer de él un lugar mejor para todos, y me gusta saber que estoy aportando mi granito de arena”.

 

Texto: Alba Losada