Culturas Unidas es una asociación sin ánimo de lucro que lleva navegando por Madrid desde 1992. Su principal objetivo fue involucrarse en proyectos sociales, primero en Mozambique y más tarde en Madrid. Con el tiempo fue creciendo y los jóvenes voluntarios que iniciaron aquel sueño empezaron a formar sus propias familias. Pronto surgió la necesidad de que alguien cuidara de las nuevas generaciones, mientras sus padres y madres intentaban dejarles un mundo mejor trabajando en la asociación. Fue así como surgió lo que hoy es la esencia de Culturas Unidas, una asociación que cuenta con cuatro centros —tres en Madrid y uno en València— orientados a dar apoyo social y escolar a familias con recursos escasos. El despliegue de los más de 20 trabajadores y más de 60 voluntarios les da para atender incluso una clínica dental, en la que realizaron más de 1.000 intervenciones entre niños y adultos durante el año pasado. Por toda su labor, el proyecto ha sido seleccionado en la convocatoria de Lucha contra la pobreza infantil y la exclusión social del Programa de Ayudas a Proyectos de Iniciativas Sociales de la Fundación ”la Caixa”. Una ayuda que les ha llegado, dicen, como agua de mayo.

Las familias de Lavapiés conocen bien a Carmen Gómez, una de las responsables de Culturas Unidas. Ella fue la primera en cuidar de los hijos que los voluntarios llevaban al centro, pues algunos no tenían donde dejarlos mientras desempeñaban su labor en la asociación cuando esta empezaba a dar sus primeros pasos. Y donde caben niños propios, también pueden tener espacio los de los demás. “Así fue como pronto empezamos con el Programa de Infancia y Familia. Siempre ha habido bastantes voluntarios que han participado, pero desde hace cuatro años hemos hecho un gran avance. En estos momentos somos 21 personas trabajando y más de 60 voluntarios, atendiendo a más de 400 personas”. 

 

Collage de niños con bola del mundo, libros, escuadra y regla

 

Fueron la inquietud de Carmen por la educación y las ganas de ayudar las que impulsaron, dentro de Culturas Unidas, el proyecto de Apoyo Escolar de Infancia y Familia, orientado a combatir el fracaso escolar entre menores con recursos escasos. Muchos de ellos, venidos de otros países. “Estamos muy contentos con los resultados del programa, porque el año pasado el 99,5 % de los niños y niñas que atendimos pasaron al curso siguiente. Desde el punto de vista personal y de la asociación, es muy gratificante”. 

Una de las claves del éxito del programa escolar es la implicación de las familias. “Nos dimos cuenta de que la educación de estos pequeños mejoraba muchísimo si se implicaba a la familia entera, por lo que trabajamos especialmente para integrar a padres y madres en actividades que pudieran hacer juntos”. Este trabajo de integración de familias dentro del programa escolar ha tenido un efecto colateral inesperado para Carmen. “El hecho de poner en contacto a personas que tienen pocos recursos, y que además son originarias de distintas partes del mundo y se juntan en Madrid, ha ayudado a romper estereotipos culturales y a crear lazos. Hemos abierto las barreras para que puedan interactuar de una forma mucho más cercana. Han perdido el miedo a lo diferente”.

Sin embargo, durante el 2020 estos lazos han quedado en pausa, como consecuencia del confinamiento. Y la demanda de ayuda ha aumentado en un 100 %. “La mayoría de las familias que atendemos no tuvieron recursos para poder seguir la escuela desde casa mientras estábamos confinados. De hecho, nuestra labor ha sido la de poner en contacto a las familias que atendemos con los colegios, porque muchas de estas personas se quedaron sin datos en sus teléfonos y eran imposibles de localizar”. 

Además del Programa de Infancia y Familia, también el de Educación en valores, los Campamentos urbanos de verano y la labor del Banco de Alimentos y la Clínica dental, que son las áreas en las que trabaja Culturas Unidas, han visto alterado su funcionamiento.

Cuenta el voluntario David Mur que “antes tenía unas tareas más delimitadas, pero tras el confinamiento ayudo en todas las áreas en las que se me necesita. Incluso tengo un salvoconducto para ir a repartir alimentos a zonas de Madrid donde ahora no podría estar, a causa de la situación sanitaria”. Durante el verano, David ha visto cómo el confinamiento ha afectado a la salud emocional de los pequeños. Hasta el punto de que “hubo un momento en que, durante una dinámica de grupo que hicimos en el centro, uno de los niños nos pidió por favor que no cerráramos la puerta. Tenía la sensación de quedarse atrapado. Así que nos ha tocado trabajar mucho para darles a entender que ahora la situación es distinta”.

Tan distinta, que Carmen asegura que, si no fuera por apoyos como los del Programa de Ayudas a Proyectos de Iniciativas Sociales de la Fundación ”la Caixa”, no podrían seguir adelante. “Hay que tener en cuenta que un 90 % de las familias que atendemos trabajan en la economía informal. Y eso ha desaparecido, con lo cual su situación se ha complicado todavía más. De ahí la importancia ahora mismo del Banco de Alimentos, que ahora ha adquirido mayor demanda, aunque intentamos no perder el foco de la educación”.

A pesar de todo, Carmen no pierde el ánimo. “Hay que seguir haciendo lo que estamos haciendo, pero el doble. No hay que parar, porque la necesidad cada vez es mayor. Y va a ir en aumento.” De hecho, señala que, afortunadamente, la demanda de ayuda ha ido pareja a la oferta de manos para ayudar. Así es como David cuenta cada vez con más compañeros voluntarios para desempeñar las tareas que requieren todas las áreas de Culturas Unidas. “Seguimos las actividades, como si no pasara nada, pero doblando el trabajo. Y para eso hacen falta manos. La gran suerte es que hemos visto cómo la solidaridad es una virtud que surge de los lugares más insospechados”.

 

Texto: Itziar Lecea