1.310 años. Esa es la cifra que suman las edades de todos los habitantes de la Residencia Cardenal Marcelo que cumplieron años durante el mes de febrero. Y resulta que lo celebraron juntos el pasado viernes, en una fiesta multitudinaria, acompañados de Voluntarios de ”la Caixa”. Envejecer puede convertirse en uno de los procesos más bonitos de la vida, sobre todo si se hace en compañía y con buen humor.  

De eso se encargan en la Residencia Cardenal Marcelo de Valladolid donde, una vez al mes, tienen lugar unas celebraciones de cumpleaños muy especiales, en las que participan también miembros del programa Voluntarios de ”la Caixa”. En la del viernes pasado, hubo merienda y bailes y, entre una cosa y otra, se fueron recitando los nombres de los cumpleañeros, a quienes se hizo entrega de un detalle, mientras se les animaba a compartir alguna anécdota con el resto.

 

 

Xoan González, encargado de actividades del centro y conocedor de las historias de todos sus residentes, ejerció de maestro de ceremonias y animó al personal, con la ayuda de varios voluntarios. Luis Gómez, empleado en una oficina de la entidad en Cuéllar (Segovia), lo es desde hace siete años. “Por muy bien atendido que estés, en una residencia la vida es muy monótona, así que este tipo de celebraciones son un motivo de alegría para la gente que vive aquí.

Aunque suene a tópico, para Luis ser voluntario significa recibir casi siempre más de lo que da. “Sus experiencias, sus sonrisas, sus miradas o simplemente ver cómo mueven los pies cuando suena la música, son cosas que te llegan al alma”. Luis recalca lo mucho que perdemos si no cuidamos a los mayores como se merecen. “Ellos son fuente de sabiduría. Las actividades que hacemos aquí son también un reconocimiento a su labor y sirven para poner en valor todo lo que han hecho por los que hemos venido después”.

Algunas de las historias de los residentes son dignas de ser contadas. Ramiro y Asunción, por ejemplo, son la viva prueba de que el amor no tiene edad. Se conocieron en Cardenal Marcelo y se hicieron novios; ahora, llevan ya cinco años felizmente casados. Faustino, “Tino” para los amigos, es uno de los más activos del centro. El día del cumpleaños contaba al micrófono que trabajó como cocinero durante toda su vida y llegó a abrir un restaurante en Alaska, donde asegura que lo primero que cocinó cuando llegó “fue un puchero de lentejas”. Por su parte, Aurora, una mujer con una energía desbordante y un gran sentido del humor, relataba aventuras de algunos de sus muchos viajes y confesaba que nunca le había gustado ser normal. “Me he diseñado mis propios pendientes y la ropa que he llevado, nunca he querido ser como todo el mundo”. Desde luego, este lugar está lleno de historias que merece la pena compartir y celebrar, como mínimo, una vez al mes.

 

Fotografía: Iciar J. Carrasco