Cuando el científico y autor de la saga de novelas Odisea en el espacio, Arthur C. Clarke, dijo que “cualquier tecnología suficientemente avanzada es equivalente a la magia”, no iba nada desencaminado. Mensajes de WhatsApp, e-mails del trabajo o stories de Instagram son algunas de las herramientas tecnológicas que han revolucionado nuestras vidas hasta el punto de que ya no imaginamos nuestro día a día sin ellas. Y de hecho, su papel es ahora tan trascendental que, si no supiéramos utilizarlas, perderíamos esa magia que nos une al resto del mundo y a su conocimiento.

Es imposible no hacer esta reflexión al hablar de ProFuturo. Este programa, impulsado por la Obra Social ”la Caixa” y la Fundación Telefónica, trabaja por reducir la brecha educativa en el mundo acercando el universo digital a niños, niñas y profesores de entornos con pocos recursos de 23 países de América Latina, África y Asia. El pasado julio, el responsable de relaciones con universidades y cátedras de Telefónica España, Alejandro Chinchilla, estuvo de voluntario en la escuela de la Fundación Aliñambi de Quito (Ecuador), una experiencia que le hizo ver cómo la realidad de 170 niños y ocho profesores daba un giro de 180 grados.

 

 

 

 

“No saber utilizar la tecnología es como tener una casa y no tener luz ni agua corriente. Te quedas aislado y te pierdes un montón de oportunidades”, dice Alejandro. Acto seguido, nos cuenta que durante los 11 días del voluntariado enseñaron a los niños y niñas, a través de programas interactivos, conocimientos sobre valores, medioambiente o cómo tener una alimentación saludable. Según Alejandro, sus sonrisas demostraban a cada rato que estar en contacto con algo tan cotidiano para nosotros como unas tablets o unos ordenadores les llenaba de ilusión y les motivaba a aprender. Y lo mejor de todo es que, con esas clases, esos chavales empezaron a escribir su futuro.

“Para estudiar, antes necesitábamos dinero. Ahora podemos hacerlo con mucha más facilidad, gracias a los tutoriales o plataformas educativas gratuitas que hay on-lineLa grandeza de ProFuturo es que los niños tengan la posibilidad de llegar hasta donde quieran, aunque no dispongan de dinero para pagar la matrícula”, insiste Alejandro. “Lo que más me gustó fue ver la ilusión que estábamos transmitiendo a esos niños”, añade.

De entre todos los alumnos de la escuela, uno de los mayores cambios lo apreció en un grupo de chicas de 14 años que eran también madres solteras. Antes de sumergirse en las clases, ellas creían que no tendrían otro mañana que ser madres y casarse para que un hombre las mantuviera. Sin embargo, los voluntarios les hicieron ver que, en realidad, siempre habían tenido un abanico de posibilidades infinito. “Era importante que entendieran que no estaban limitadas por tener un niño. Que podían hacer lo que quisieran. Que ahora ante sí tenían una nueva puerta (internet) que podían abrir. Una puerta que, para ellas, antes no existía. ¡Con qué caras se quedaron al escucharnos!”, dice Alejandro.

Y para que a las enseñanzas de los voluntarios no se las llevara el viento, también formaron a los profesores. “Ahora todo se maneja con la tecnología. Como docentes, tenemos que estar inmersos en las tecnologías de la información y la comunicación. ¿Qué mejor materia para enseñar a nuestros estudiantes?”, dice la profesora de primer grado de Educación Básica, Maribel Alava, al hablar de unas herramientas con las que, según ella, podrán contrarrestar en parte las desventajas que han acompañado a sus alumnos desde siempre.

Como cuenta Alejandro, “algunos de los chicos y chicas vienen de familias desestructuradas o están solos en la vida”, por lo que opina que la autosuficiencia que les dará la tecnología podría regalarles, con el tiempo, una mayor confianza en sí mismos que les animará a alcanzar sus metas. “Algunos quizá puedan terminar siendo los abogados, periodistas y médicos que sueñan ser de mayores”. Lo importante es que ya han dado el primer paso.

 

Texto: Alba Losada
Ilustraciones: Magoz