La primera edición del EMOcionatour ha sido la de la consolidación en el territorio nacional. No solamente ha ampliado su campo de acción fuera de Cataluña, sino que su discurso en defensa de la introducción de la emoción en el espacio educativo aparece cada vez más como una evidencia. La iniciativa de EduCaixa congregó en CaixaForum Barcelona* a un gran número de profesionales de la educación que tratan de afrontar los grandes retos que plantea la educación desde una óptica enriquecedora e integral.

Ya lo decía Aristóteles: “Educar la mente sin educar el corazón no es educar”, una realidad que puede parecer evidente pero que durante demasiado tiempo no se ha introducido en las prácticas educativas. Si el ser humano es un animal racional, tampoco cabe duda de que las emociones determinan nuestra relación con el mundo que nos rodea y que, por tanto, no las podemos desligar de nuestra actividad cognitiva. 

Se trata de una óptica que actúa además en distintos ámbitos: según diversos estudios, la educación emocional aporta una mejora en las relaciones interpersonales, una reducción de la violencia en las aulas y claros avances en el rendimiento académico y en la empatía. Tener en cuenta este componente, más allá del aprendizaje de conocimientos, resulta pues, hoy en día, una auténtica necesidad. 

Como recalcó la primera ponente, Arantxa Ribot —pedagoga, doctora en educación y responsable de la línea de evidencias en educación de EduCaixa—, los docentes suelen repetir esquemas sin ponerlos en duda simplemente porque “siempre se ha hecho así”. Habló, por ejemplo, del tema de los deberes. No es que la joven pedagoga ponga en duda la necesidad de hacerlos, sino que invita a que se hagan estudios acerca de qué tipos de deberes son más eficaces. Las evidencias demuestran que lo son cuando son “breves, concisos y se relacionan directamente con lo estudiado en el aula”, y que “la calidad prime sobre la cantidad”. En cambio, una práctica tan extendida como repetir curso carece en general de eficacia, e incluso se ha comprobado que repetir dos o más veces aboca a menudo al alumno fuera del sistema escolar. Según Arantxa, “las evidencias no te dicen cómo debes dar las clases, pero te ayudan a tomar decisiones fundamentadas”.

 

Ilustración sobre educación y emociones

 

Cristina Gutiérrez, directora de La Granja, un modelo de escuela basado en el entrenamiento de las competencias emocionales del alumnado, recordó sus tiempos como monitora de ocio infantil en una escuela donde el miedo a equivocarse y la costumbre la llevaban a ir repitiendo lo que ya se hacía. “Acabé convirtiendo mi profesión en una gran mentira porque sabía que los niños y niñas no aprendían”. Por eso decidió hacer algo diferente, que desembocó en el modelo de La Granja y le permitió “que los alumnos volvieran a escuchar y con resultados demostrados científicamente.” 

Este desarrollo de las competencias emocionales busca que los alumnos ganen en autoestima y autonomía y, en este sentido, la educadora quiso subrayar la importancia de la valentía: “La valentía implica acción, la cobardía, pasividad.” El problema, según ella, es que nos encontramos ahora con padres asustados que caen en la sobreprotección: “Cada vez que les hacemos los deberes a nuestros hijos, que les llevamos la mochila, que los protegemos de todo y de todos, los estamos invitando a la pasividad. Así es cómo estamos formando a niños frágiles que no sienten que ellos sean sus dignos protectores.” El desarrollo de la inteligencia emocional resulta pues fundamental para que los alumnos ganen en autonomía y a la vez sean empáticos y colaboren con sus compañeros. “A mí la inteligencia emocional me salvó la vida, como profesora y como madre”, concluye.

La escritora y pedagoga Eva Bach, por su parte, centra gran parte de su trabajo educativo en una época tan cambiante, apasionante y a la vez terrible como la adolescencia. Recordó que adolescente significa etimológicamente “el que está creciendo” frente a adulto que significa “el que ha crecido”. “El primer problema es que nos encontramos ahora con adultos que no han crecido emocionalmente”, algo que dificulta el acompañamiento del adolescente. Así que “uno que se ha perdido debe ayudar a encontrase a uno que se está buscando”.  Por tanto, el primer trabajo debe centrarse en los padres, y Bach considera que “tenemos que ser referentes atractivos” y no mostrar el desencanto que a veces acompaña a la edad adulta. 

Para no tirar la toalla, los adultos deben ser uno de esos influencers que tanta incidencia tienen en la vida de los adolescentes y, para eso, nada mejor que centrarse en la competencia más transversal, “la competencia de las competencias” según Bach: la comunicación. Una auténtica comunicación que no solo da, sino que también recibe, y que nos permita apreciar lo que los adolescentes nos pueden enseñar, especialmente en cuanto a tomarse la vida con menos crispación y amargura.

Los sentimientos son personales y a la vez universales. A todos nos pasan cosas parecidas, pero luego cada uno lidia con ellas a su manera. Dentro de estos sentimientos, la vulnerabilidad no sería, a priori, uno de los que podrían tener un alcance positivo en el campo académico. Y sin embargo negar lo que algunos podrían considerar una debilidad es negarnos a nosotros mismos. Por eso, Jordi Amenós cerró la conferencia con una reivindicación de nuestra vulnerabilidad o, más bien, de nuestro derecho a expresarla, a comunicarla y, así, comprender también la de los demás.

Especialista en la narrativa como herramienta terapéutica, destacó que pasamos nuestra escolaridad “sentados y evaluados” y luego nos cuesta conectar con otras áreas primordiales, como la de las emociones. Por eso, dignificar la vulnerabilidad modifica nuestra mirada sobre nosotros mismos y sobre los demás.

La educación se encuentra ahora en una encrucijada: retos siempre cambiantes, niños y adolescentes expuestos a miles de estímulos, y unos padres y profesores muy implicados, pero desorientados. Ahora más que nunca la educación debe ser integral y abierta, y no cabe duda de que iniciativas como EMOcionaTour van a abrir nuevos campos de investigación que lleven a una pedagogía donde las emociones sean contempladas como parte fundamental de nuestro desarrollo.

 

*Además de Barcelona, las conferencias también se celebraron en Lleida, Tarragona, Palma, Sevilla, Madrid y Zaragoza.

 

Texto: Raúl M. Torres
Ilustración: Alexis Bukowski