El Festival Internacional de Cine y Discapacidad de Barcelona Inclús ha celebrado su séptima edición con un nuevo récord de espectadores. Un año más, la cita se ha llevado a cabo en CaixaForum Barcelona y  ha incluido importantes novedades que posibilitan el disfrute del séptimo arte a un abanico cada vez más amplio de sensibilidades. En esta ocasión, ha inaugurado una muestra de cine en lengua de signos y una sesión de animaciones infantiles para niños afectados por TEA.

Nadie cuestiona el poder del cine para remover conciencias. Bien dirigido, su influencia puede llegar hasta el lugar más recóndito de nuestra psique, arrancarnos una lágrima (de risa o de tristeza) o cuestionar nuestras certezas. Sin embargo, los principales elementos que configuran este arte —la imagen y el sonido— excluyen a un sector de la población que también quiere vibrar con el séptimo arte. Hablamos del colectivo con discapacidad auditiva y visual. Una frontera que, no obstante, ya se puede superar. Pero se necesita compromiso. Y aquí entra en escena nuestro protagonista, Inclús, el Festival Internacional de Cine y Discapacidad de Barcelona.

 

Marta de Muga y Adriana Pérez, directoras del Festival Internacional de Cine y Discapacidad

 

Inclús nació hace siete años con una doble intención: visibilizar a las personas con algún tipo de diversidad funcional y facilitar su inclusión en la sociedad, y abrir el acceso al arte audiovisual a personas sordas o invidentes. Hoy, es un festival consagrado y con una afluencia de público cercana a las 3.000 personas. Y para muestra, un botón: “Cada vez llenamos más salas y, para nosotras, eso es señal de que es un festival necesario”, nos dicen con una sonrisa las directoras del festival, Marta de Muga y Adriana Pérez.

Y eso que, al principio, su principal temor era que no hubiera suficiente producción audiovisual sobre esta temática. Sin embargo, este año recibieron 350 películas, llegadas de cualquier parte del globo, aunque destacan especialmente las obras polacas, que han ganado en varias ocasiones el certamen. “Se hace muy buen cine sobre esta temática en Polonia. De hecho, en la ciudad de Koszalin celebran el festival YOU and ME”, dice Adriana. De las 350 cintas, se proyecta una selección. “La hacemos principalmente en función del mensaje. Nos queremos alejar del victimismo. Y si una película tiene un enfoque innovador, mejor”, explica Marta.

Así, de las 350 iniciales quedan 19 en la selección oficial, y de estas salen 4 ganadoras, una mención especial y un premio del público. El palmarés se puede consultar en la web de Inclús, pero estas películas no se encuentran en los circuitos de cine habituales. “O bien las hallas en otros festivales, o les sigues la pista individualmente”, indica Marta. Tampoco es fácil encontrar actores con alguna diversidad funcional. “Se calcula que el 10 % de la población tiene algún tipo de discapacidad, pero no salen representados en las películas. Debería haber una lucha más continua para que hubiera más representación y que fueran protagonistas”.

Otro de los grandes retos del cine es hacerlo más accesible a toda clase de personas. “Por eso lo celebramos en CaixaForum, porque está adaptado”, indican. Aparte de la accesibilidad, en Inclús todas las películas están debidamente subtituladas, incluyendo los sonidos, y contienen una audiodescripción: una voz que narra la escena cuando no hay diálogos. “El primer año lo hacíamos en directo. Ahora utilizamos la aplicación móvil Audesc Mobile de la ONCE”, explica Adriana.

Una de las novedades que ha incluido este año el festival ha sido una muestra de cine en lengua de signos, que se ha celebrado por primera vez en Barcelona. “La acogida ha sido excelente. Una parte del colectivo de personas sordas prefiere ver cine en esta lengua porque, así, pueden sentir las emociones”, señala Marta. La otra gran novedad ha sido una sesión de cortos de animación para niños con autismo, en colaboración con El meu primer festival y la asociación Aprenem. “Simplemente tuvimos que adaptar el espacio para este público: pusimos el volumen a un nivel adecuado, quitamos los créditos, dejamos las luces encendidas y organizamos una antesala con posibilidad de realizar actividades por si querían salir”, dice Marta. Como era de esperar, la sesión fue un éxito total y completaron el aforo.

Sin embargo, señalan que todas estas iniciativas, con frecuencia, se circunscriben a sesiones especializadas. El resto de la oferta que se proyecta en las salas de cine comerciales continúa siendo inaccesible para estos colectivos. “Creemos que deberían parar y pensar que, quizás, están perdiendo una parte del público”, dice Adriana.

Mientras tanto, Inclús continúa creciendo: están trabajando con otros festivales europeos en la creación de un programa común itinerante para centros educativos y, además, han dado el salto a América Latina con la celebración este año de la muestra Inclús Campeche, en México. Una muestra que, dicen, tendrá continuidad el año que viene. “El cine te mueve. Tiene que ver con las sensaciones, con las emociones. Es algo que te cala, una herramienta muy potente. Por eso defendemos que todos tengan el mismo acceso”.

 

Texto: Bárbara Fernández Sena
Fotografía: Carla Step