Por el momento, siete coronavirus han sido capaces de infectar a seres humanos, y el SARS-CoV-2 es el último de ellos. Menos letal, pero más contagioso que sus parientes más conocidos, el SARS o el MERS, ha pasado de cero a cien en tan solo tres meses: desde que se detectó en Wuhan (China) ha infectado a cerca de medio millón de personas en casi 200 países. No obstante, los científicos cada vez conocen mejor el virus y la enfermedad que provoca, la COVID-19. De todo ese conocimiento y de los tratamientos que se están desarrollando hablamos con la inmunóloga y redactora científica del ISGlobal Adelaida Sarukhan

Hasta hace poco más de 3 meses no sabíamos que el SARS-CoV-2 existía. ¿Qué sabemos ahora de él?
Sabemos que es el séptimo coronavirus capaz de infectar a humanos y que tiene una secuencia genética muy parecida a la de otros coronavirus que ya se han descrito: el SARS, que apareció en el 2002 y causó una epidemia que se controló; y el MERS, que se identificó por primera vez en el 2012 en Oriente Medio. La mayoría de los coronavirus han salido de aves o mamíferos, particularmente los murciélagos. Estos últimos son un reservorio increíble de estos microorganismos.

 ¿Y cómo se produjo el salto de un animal a un humano?
Con la epidemia del SARS se comprobó que el virus pasó de un murciélago a un gato salvaje, y de este, al hombre. A partir de ahí, empezaron a estudiar a los murciélagos y encontraron un virus muy parecido al SARS-CoV-2. Eso indica que salió de este animal, luego mutó y pasó a otro mamífero, pero aún no sabemos cuál. Y a continuación, un par de mutaciones más, y se extendió al ser humano. 

 

Ilustración de la inmunóloga Adelaida Sarukhan para entrevista sobre coronavirus con microscopio y casas

 

¿Tenéis constancia de alguna mutación más?
Por el momento, no existen evidencias de que haya acumulado ninguna mutación más que pueda aumentar su peligrosidad. 

¿Qué lo diferencia de otros coronavirus ya descritos?
Cuatro de ellos circulan entre nosotros desde hace tiempo, pero solamente provocan resfriados comunes. El MERS tiene una tasa de mortalidad muy elevada, alrededor de un 34 %; sale de los camellos, pero es poco transmisible entre personas. Por su parte, el SARS también tiene una tasa de letalidad más elevada, del 10 %, pero fue más fácil de contener, porque las personas padecían síntomas antes de ser contagiosas.

¿A cuántas personas puede infectar el portador del virus, aunque no presente síntomas? ¿Es más contagioso que la gripe?
Se calcula que una persona con coronavirus, aunque no tenga síntomas, puede infectar a 2-3 personas. Alguien con gripe puede infectar a 1-2 personas. Pero este no es un número fijo, se va modificando en función de qué medidas tomamos para evitar el contagio. Cuando logremos que la tasa de contagio baje a por debajo de 1 habremos logrado acabar con la epidemia.

Otra incógnita es la tasa de mortalidad…
De hecho, es una de las mayores incógnitas, porque depende de muchos factores, como la posibilidad de testar a la población o la capacidad del sistema de salud de la región afectada. El problema es que no sabemos a cuántas personas ha afectado realmente, porque una buena parte no desarrolla síntomas, y a las que sí lo hacen, si son leves, no les hacen el test. Por eso, si mueren 100 personas por coronavirus no sabemos si son sobre 1.000 o sobre 10.000 afectados. Sabemos que en China fue alrededor del 3 %, en Italia fue más alta… y en Corea del Sur, que hizo un excelente trabajo diagnosticando de manera masiva, tuvieron una tasa por debajo del 0,6 %. 

¿Te puedes volver a infectar si ya has pasado la enfermedad?
No hay ninguna evidencia científica que muestre que una persona que ya se curó pueda volverse a infectar. 

Todo el mundo habla de “la curva” en referencia a la expansión de la pandemia. ¿Qué es y qué podemos hacer para controlarla? ¿En qué parte de esa curva estamos?
Es el progreso del número de casos en el tiempo. En este momento, estamos en plena fase ascendente y lo que queremos lograr es que el ascenso sea más plano. Porque no es lo mismo tener diez mil casos en el transcurso de dos semanas, que tenerlos en dos meses: cuanto mayor sea el tiempo, más evitamos la saturación de los servicios de salud, y como consecuencia, los fallecimientos no solo por coronavirus, sino por otras enfermedades. Para ralentizar la transmisión, una de las medidas más eficaces es el distanciamiento social. 

¿Qué avances científicos se han hecho para tratar la COVID-19?
Si queremos algo rápido, no podemos desarrollar un nuevo medicamento de cero, sino que debemos usar otros antivirales que ya están en el mercado e investigar si funcionan también para este virus. Y es el caso de un antiviral que se llama remdesivir, que está dando buenos resultados en el laboratorio y en modelos animales. Es el candidato más prometedor de todos. Se están realizando ensayos clínicos en varios países, entre ellos España, pero no tendremos resultados hasta dentro de un par de meses. ¡Ojalá funcione!

¿Cómo van a afrontar los países más pobres esta pandemia? ¿Cómo podemos ayudarles?
Esa es la gran preocupación, cuando el virus se empiece a transmitir de manera más sostenida en África. De momento, no han notificado muchos casos, pero son países con una gran cantidad de problemas de salud como para que, además, tengan que asumir un exceso de enfermos por COVID-19. Esperemos que el impacto no sea tan fuerte. Podemos ayudarles fortaleciendo sus sistemas de salud y estableciendo capacidades para que realicen diagnósticos, ensayos clínicos e investigaciones a más largo plazo. 

¿Qué hemos aprendido de otras pandemias globales que han tenido lugar en otra época?
La epidemia de la gripe de 1918 nos ha enseñado que la medida del distanciamiento social es la mejor para controlar la curva epidémica y que los virus no conocen fronteras. Por eso, las soluciones deben ser globales: tenemos que fortalecer los sistemas de salud en todo el mundo e implementar sistemas de vigilancia de patógenos emergentes para evitar que se extiendan.

¿Qué lección deberíamos aprender de la gestión de la crisis en Asia y no hemos aprendido?
No hay una receta mágica, pero quizás el modelo más adecuado para nosotros sea el de Corea del Sur: realizaron test a la mayoría de la población y en tiempo récord; en 20 minutos ya sabían si estabas infectado. Además, rastrearon los movimientos de los contactos de los casos positivos gracias a tecnología móvil y al big data, y eso les ayudó a aislar a las personas afectadas muy rápidamente. También ellos habitan una cultura con un sentido de la responsabilidad que aquí nos falta un poco.   

¿Qué debemos hacer para evitar futuras crisis como esta?
Bill Gates dijo que lo que le preocupaba no era otra guerra mundial sino un virus. Tenemos que estar mejor preparados invirtiendo más en ciencia e innovación, para identificar los puntos calientes de donde puedan salir nuevos virus y estudiarlos para saber cómo podrían saltar al humano. También crear plataformas de diagnóstico rápido y de desarrollo de vacunas y antivirales de amplio espectro. ¡La situación cambiaría mucho!

 

Entrevista: Bárbara Fernández
Ilustración: Tamara González