Se conoce por efecto dominó a las consecuencias que un hecho tiene sobre otro, generando una reacción en cadena. Y eso fue precisamente lo que les ocurrió a los profesionales y voluntarios del Equipo de Atención Psicosocial (EAPS) de Ceuta que acompañaron a Miguel durante su larga estancia en el hospital de la localidad. Con dificultades para hablar, su mirada tuvo tal impacto en ellos que, como las piezas del dominó, derribó las barreras de la comunicación y les tocó en lo más profundo. Miguel, por su parte, descubrió el calor de un hogar en las personas que estuvieron a su lado a diario.

José Manuel Marín es el trabajador social del EAPS de la Ciudad Autónoma de Ceuta que —junto a Cristina, psicóloga, y Antonio, voluntario— han acompañado a Miguel durante el último año. Recuerda su primer encuentro: fue en el hospital y allí escribieron la primera conversación en una libreta, debido a las dificultades en el habla de Miguel. Todo el tiempo que compartieron, sus ojos, capaces de transmitir sensaciones y emociones como la curiosidad, el miedo o la ternura, fueron, junto con la escritura y los gestos, su vehículo de entendimiento. “Para mí, la mirada de Miguel, una mezcla expresiva de colores (marrón, azul, verde y violeta), tuvo un impacto que, como las piezas del dominó, derribó las posibles limitaciones de nuestra comunicación”, cuenta José Manuel.

Un cáncer de garganta en estado avanzado sumado al hecho de no poder contar con ningún familiar cercano para cuidarle, de carecer de recursos económicos y de ser demasiado joven para ser ingresado en una residencia ─Miguel no llegaba por aquel entonces a los 65 años─ hicieron que el médico decidiera que lo mejor era que se quedara temporalmente en el hospital hasta que le encontraran un hogar adaptado a los cuidados que requería. El caso de Miguel evidencia cuán necesario resulta el Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de ”la Caixa”, que complementa la asistencia sanitaria con un equipo de atención psicosocial, compuesto por psicólogos y trabajadores sociales y el acompañamiento de agentes pastorales y voluntarios.

Durante todo el tiempo que Miguel pasó hospitalizado, se benefició del apoyo y los cuidados de los profesionales y de las visitas de sus hermanos. Las mañanas las solía pasar en la cama, bajo la sábana henchida en forma de iglú, como permaneciendo guarecido en la calidez de un pequeño hogar improvisado. Pero eso cambiaba cuando llegaba Antonio, voluntario de vocación que se convirtió en su pareja de juegos de mesa.

 

El efecto dominó del Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de "la Caixa"

 

Antonio se conoce el hospital como la palma de la mano: creció correteando por sus pasillos. “Mis padres trabajaban aquí y en aquel entonces no había guarderías, así que a los tres años ya me traían”, recuerda. Luego entró a trabajar en el departamento de mantenimiento del hospital y ahora colabora como voluntario, finalizada su jornada laboral, bajo la coordinación de Damián, de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Él es uno de los más 500 voluntarios del Programa para la Atención Integral a Personas Avanzadas, cuya principal misión es acompañar a los pacientes y hacerles sentir como en casa, aunque sea durante un ratito. 

El primer día que fue a hacer compañía a Miguel, se lo ganó por goleada. “Vuelve mañana”, le pidió el hombre, que al principio se negaba a tener a alguien fijo junto a él. Antonio afirma: “Es todo un carácter, tiene una personalidad muy especial”. Con el dominó y el parchís bajo el brazo ─“él mismo me aseguró que le gustaban mucho, sobre todo el primero”─, lo visitó de nuevo al día siguiente. Y así siguieron muchísimas tardes. 

Miguel, “un excelente estratega”, enseñó a Antonio a manejarse con las fichas blanquinegras, así como a llevar las cuentas de los números que faltan. “A veces, cuando le llevaba la delantera, no le hacía mucha gracia, que digamos. Desde que le conozco, solo lo he visto reír de verdad cuando gana al dominó”, bromea el voluntario. 

Miguel descubrió el calor de un hogar junto al equipo psicosocial y los demás profesionales y familiares, que le atendieron y le dieron cariño día tras día. Ahora continuarán haciéndolo en su nuevo hogar, en un centro para personas mayores. José Manuel explica que, en el tiempo en el que Miguel permaneció en el hospital, Antonio fue su “compañero del alma”. “Ambos pasaron muchas tardes de dominó y parchís, de estrategias y jugadas, en un tablero que era el centro de la alegría de Miguel”, dice. Antonio supo crear un espacio en su vida que movió mucho más que unas fichas de juego.

 

Historia original: Inés Martínez Ribas
Visual: Oriol Castellar