Si Valtencir Mendes es consciente del incalculable poder transformador de la educación es en primer lugar porque él lo experimentó en su propia piel. Originario de una zona rural del sur de Brasil, Valtencir vio muy pronto que la educación era la única manera de salir de un entorno con unas perspectivas de futuro limitadas. En Barcelona, donde realizó sus estudios posuniversitarios, este informático de formación empezó a tener contactos con organizaciones centradas en innovación social y pedagógica, y ahí empezó una carrera que le ha llevado ni más ni menos que al área de innovación, tecnología e investigación educativa de la UNESCO. Valtencir es ahora uno de los impulsores de la Coalición Mundial para la Educación COVID-19, en la que colabora EduCaixa, un ambicioso plan que pretende paliar los efectos de la pandemia sobre los estudiantes del mundo entero.

¿Cómo se creó esta coalición?
En la UNESCO vimos que, tras el cierre de las escuelas debido a la pandemia, no había una planificación adecuada en muchos países. No estamos hablando solo de la falta de cobertura educativa. Los centros educativos, como entramados sociales, representan un lugar seguro y de convivencia positiva para muchos menores, donde se les garantiza además una alimentación correcta. En cuanto a la educación en sí, el caso es que 1.500 millones de estudiantes se han quedado sin poder seguir con sus estudios, y es la primera vez que ocurre algo así en la historia. No hay que minimizar el problema, porque, si el alumno o alumna procede de un entorno con pocos recursos, las consecuencias pueden ser muy graves, ya que puede suponer su expulsión del sistema educativo. Vimos que la ONU sola no podía hacer frente a tamaño desafío. Necesitábamos una gran coalición que incluyera también a las empresas privadas (especialmente las que proceden del mundo de la tecnología), las ONG, la sociedad civil, etc. Y con este espíritu se creó esta coalición global, con premura, para poder dar respuesta durante y después de la emergencia.

 

Educar desde casa durante la crisis del coronavirus

 

¿Cuáles son los objetivos concretos de la coalición?
Tenemos tres pilares. El primero es el apoyo a los países miembros de la UNESCO para una planificación de la educación que vaya más allá de este momento y continúe después de la emergencia. Esta respuesta engloba una educación inclusiva, equitativa y de calidad, utilizando recursos pedagógicos con el soporte tecnológico para la educación a distancia. Además, tiene en cuenta los recursos y las posibilidades de cada país, combinando tecnologías avanzadas con la televisión, la radio y los teléfonos móviles de bajo costo. El segundo se focaliza en la conectividad, en cuestiones de género y en el soporte al profesorado, por ejemplo, ofreciendo a los docentes soporte para su salud socioemocional, bienestar y capacitación en competencias digitales. Finalmente, el tercer pilar sería el de la sensibilización y la comunicación para explicar al mundo que, en un contexto de crisis, el aprendizaje debe ser una de las prioridades globales y que necesitamos más inversión en educación.

¿Cómo funciona vuestra colaboración con los gobiernos y con las empresas privadas?
El primer paso es que el gobierno en cuestión solicite la ayuda. Luego evaluamos sus necesidades con ayuda de expertos locales y vemos qué nos pueden ofrecer nuestros socios. Por ejemplo, GPE movilizó un importante fondo económico. Microsoft nos está ofreciendo sus recursos y experiencia de manera gratuita posibilitando continuar el aprendizaje en muchos países. Y en zonas con acceso limitado a Internet, hemos recurrido a Google que, a través del proyecto Loon, puede dar acceso a la red en zonas rurales a través de sus globos.

¿Quién forma parte de esta coalición y cómo valoras concretamente el papel de EduCaixa?
Contamos con alrededor de 100 miembros y unos 40 que están en espera; desde otras organizaciones de Naciones Unidas hasta el sector privado y las ONG: Banco Mundial, Microsoft, Save The Children, BBC, Khan Academy, ProFuturo, etc. De EduCaixa lo que más valoramos son todos sus recursos y su experiencia en cuanto a apoyo a las iniciativas pedagógicas: el hecho de saber relacionar con rigor prácticas de innovación pedagógica de eficacia probada y validadas por evidencias. No se trata de digitalizar un libro y hacerlo accesible: hay que pensar en el diseño y la innovación pedagógica y, para eso, la creatividad del profesorado es esencial. La enseñanza debe ser colaborativa, orientada a las competencias del siglo XXI y tenemos que encontrar fórmulas que eviten la desmotivación y el abandono educativo prematuro.

¿Cuáles son los pros y los contras de la educación impartida por Internet?
Tanto en la educación on-line que conocíamos hasta ahora como en la que se da en situaciones de emergencia como la actual, lo que sí sabemos que no funciona es limitarnos a un “cortar y pegar” de los libros de texto existentes o reproducir métodos de “transmisión” obsoletos. En cambio, si ponemos el acento en una educación que fomente el espíritu crítico, el aprendizaje por proyectos, la resolución de problemas o la educación socioemocional, podemos convertir esta crisis en una gran oportunidad. Hay que tener claro también que todo plan educativo debe tener la equidad como factor clave, porque cuando las comunidades más desfavorecidas avanzan, todo el país avanza.

De todo lo que aprendamos sobre educación on-line, ¿qué aspectos crees que se mantendrán cuando todo esto acabe?
Si la educación on-line se hace bien, el alumnado pedirá que esta esté más presente en su proceso de aprendizaje. Lo que hay que evitar es volver a una enseñanza donde el docente ofrece su contenido de manera unidireccional con metodologías diseñadas para el siglo pasado. La evidencia nos demuestra que hay diseños pedagógicos que pueden tener la tecnología como aliada, ser mucho más motivadores y generar aprendizajes significativos. Si el alumnado experimenta una autonomía, un “sentido de agencia” en un proceso de aprendizaje flexible, personalizado, en que el profesorado le ayuda a diseñar cómo quiere aprender y con qué recursos, cuando vuelva al aula pedirá un cambio en la educación. Y si no lo hay, se aburrirá y hay riesgo de que abandone el sistema. Por eso es tan importante hacer bien esta etapa y su transición una vez las escuelas abran sus puertas.

¿Crees que la sociedad tiene ahora la oportunidad de darse cuenta de que no hay futuro sin una buena educación?
Sin duda, es un tema clave. Antes de la crisis ya habíamos lanzado una campaña llamada Los futuros de la educación, en la que, a través de un proceso consultivo, analizamos el impacto que están teniendo sobre la educación los cambios ambientales o la inteligencia artificial y la revolución digital. Ahora que unos 1.500 millones de estudiantes han dejado de golpe de acudir a sus aulas, con todas las repercusiones socioeconómicas que eso supone, es fundamental que nos planteemos qué futuro deseamos y cómo podemos ayudarnos y crearlo entre todos. Es un ejercicio de defensa colectiva de la educación como bien público. Y tenemos que darnos cuenta de que la solidaridad es clave. Ahora es el momento de valorar profesiones a las que no dábamos la relevancia que merecen. Ser un educador que genere la capacidad y motivación en los estudiantes para seguir aprendiendo durante toda la vida es de una importancia fundamental, y muchas familias lo están empezando a apreciar ahora.

Finalmente, ¿qué lecciones generales esperas que saquemos de esta crisis?
Una de las primeras lecciones es que el mundo está interconectado como nunca lo había estado y que las fronteras son más artificiales que reales, aunque lo hayamos tenido que ver con una consecuencia tan terrible como la propagación de un virus. Sin embargo, también hemos visto que la interconexión tecnológica puede ser una aliada cuando la ponemos al servicio del ser humano. En un mundo con una complejidad creciente, necesitamos el multilateralismo en las relaciones internacionales y la creación de alianzas como la que hemos puesto en marcha en la UNESCO. Nos urge una inteligencia colectiva y conectiva, ancorada en los valores humanos y aumentada por las tecnologías, que nos ayude a ser más humanos y solidarios y a buscar soluciones compartidas que beneficien a los colectivos más vulnerables. Esperemos que así consigamos ser mejores de lo que lo hemos sido hasta ahora.

 

Entrevista: Raúl M. Torres