Patricia Simón es periodista freelance especializada en derechos humanos y perspectiva de género, y subdirectora hasta el 2013 del medio Periodismo Humano. Con ella hablamos hoy, Día del Periodista, sobre sus motivaciones y referentes, sobre el estado del periodismo actual y sobre qué podemos hacer como ciudadanos, educadores y periodistas para intentar mejorar el mundo en el que vivimos.

 

¿Cuándo supiste que querías ser periodista?
En primero de EGB una profesora me dijo que escribía muy bien y que tenía que ser periodista. Ella era delegada de la agencia EFE en mi pueblo, Estepona, y compatibilizaba su faceta de profesora con la de corresponsal. Y desde entonces lo tuve claro. Me atrajo la escritura y, con los años, fui descubriendo todo lo que significa ser periodista, las posibilidades que te proporciona de ver otras realidades y de estar en otros mundos.

¿Y qué te interesó del ámbito social, en particular?
En segundo de carrera empecé a trabajar en un programa de Canal Sur en el que se debatían temas como la educación o la adopción por parte de parejas homosexuales. Me di cuenta de que ese tipo de cuestiones candentes eran las que me interesaban. Luego, hace 12 años, a raíz de un viaje a Açailandia (Brasil) entendí que no solo quería contar las vulneraciones de derechos fundamentales, sino también las estrategias con las que la ciudadanía les hacía frente, todas esas pequeñas revoluciones que se están desarrollando en lugares muy distintos para defender la dignidad y la justicia.

¿Cuál es el objetivo final de todo tu trabajo? ¿Qué te mueve?
Aparte de la conciencia ética y de la responsabilidad, hay algo de egoísmo. Es muy estimulante ser testigo de las injusticias, poder contarlas y denunciarlas. Cambiar de escenario y que tu cerebro sea tan permeable para intentar entender todo lo que pasa y poder contarlo de la mejor manera posible te mantiene en un estado vibrante y te permite conocer a gente diversa y, al tener que reelaborar la información para relatarla, todas estas experiencias te influyen y te transforman. Me hacen sentir profundamente plena.

¿Quiénes son tus referentes en el mundo del periodismo?
Para mí fue fundamental conocer a colegas periodistas en Colombia, en mi primer viaje en el 2007 y en pleno momento de machaques militares y continuos asesinatos y amenazas a periodistas. Conocer a profesionales de una pluma exquisita, que hacían ese trabajo sabiendo que les podía costar la vida, me sirvió para entender que en España igual era complicado llegar a fin de mes siendo periodista, pero que nadie me iba a matar por ello. Me cargó de muchísima fuerza.

¿Qué implica tener un enfoque de derechos humanos a la hora de tratar la información?
Hay que mostrar a las personas no como números, sino como personas que tienen voz y la capacidad de hacer sus propios análisis políticos, sociales y económicos cuando les preguntamos sobre un asunto que padecen como sujetos. Por ejemplo, la política de extranjería. Si empezamos a darles voz es más fácil que, siguiendo el ejemplo, la ciudadanía del país de destino los vea como iguales. Y, por otra parte, es fundamental hacer hincapié en que lo que pedimos las personas que hacemos enfoque de derechos humanos no son utopías. Parece absurdo, pero lo que pedimos es simplemente que se cumpla el marco normativo nacional e internacional.

 

 

Has hablado alguna vez del necesario cambio de enfoque de la comunicación violenta a la comunicación “bio-lenta”. ¿En qué consiste?
Tradicionalmente, las ciencias sociales han narrado los hechos desde el lenguaje belicista, basado en procesos históricos donde ha habido unos supuestos héroes, que son quienes han escrito la historia. En el discurso de la inmigración, por ejemplo, se habla de una supuesta defensa de nuestra seguridad por la que es necesario frenar los flujos de personas. La comunicación “bio-lenta” supondría reconectar con los procesos vitales de esas personas. No verlas como seres que son movidos por fenómenos naturales, sino como sujetos corresponsables de sus trayectorias vitales, que tienen unas razones y contextos de partida y llegada, que sufren transformaciones… Yo creo en un periodismo que se base en el “enfoque de fortalezas”, en construir relatos que pongan el foco en la capacidad de superación, de supervivencia y de fortaleza de esas personas para fomentar su proceso de empoderamiento y que se den cuenta de lo que han sido capaces. El periodismo tiene que construir nuevos relatos que sean más justos con los protagonistas.

Fuiste una de las primeras reporteras en cubrir la crisis humanitaria de los refugiados. ¿Cómo valorarías la cobertura informativa acerca de este tema?
Hay muchos periodistas que siguen intentando informar sobre ello. Pero la mayoría de medios contestan que ya no es noticia. Yo creo que se ha perdido el foco de entender qué es y para qué sirve la información. La información no es un entretenimiento con el que pasar el rato. Y ahora los medios priman el clic, la visita, y nos llenamos de noticias tramposas, donde el ingenio está por encima de la profundidad. Saben que el hecho de que muera gente de frío es noticia, pero saben que no da dinero. Y una vez generado el hábito de que informar es entretenimiento, cuesta que alguien se siente a leer un reportaje de cinco páginas profundizando en una cuestión. Si tú no educas a la ciudadanía en algo, ella tampoco lo va a pedir.

¿Crees que el periodismo puede cambiar el mundo?
El periodismo con recursos para investigar, estar en el terreno, para montar un documental de calidad que transmita no solo hechos, sino sensaciones… sí. Puede impulsar a la gente a que se movilice.

¿Internet y las redes sociales terminarán con el periodismo como lo conocíamos hasta ahora o hay alguna esperanza?
Esperanza hay. Porque siempre va a haber un sector que pida y demande un periodismo de calidad y veraz. Obviamente, las redes sociales e internet lo han cambiado todo, hasta tal punto que los periodistas nos hemos tenido que convertir en micromedios de comunicación. Y eso hace que la ciudanía se encuentre con una gran cantidad de información entre la que tiene que aprender a buscar cuál tiene credibilidad. Y eso cuesta tiempo y esfuerzo. Sin embargo, aún hay pequeños nichos de periodismo digno, y lo que tenemos que intentar es llegar a una mayor parte de la población.

¿Crees que la educación puede servir para reestablecer esos valores de dignidad e información de calidad?
La alianza entre periodismo y pedagogía es fundamental. Y la producción de contenidos audiovisuales que tengan carga de formación e información para gente joven para mí es el ámbito donde cabe más esperanza. Creo que es la gran revolución pendiente. Es fundamental, por otro lado, que en los colegios se forme a los jóvenes en qué es la información de calidad, en cómo buscarla y contrastarla, y en identificar las fuentes de desinformación.

Por lo tanto, ¿el pensamiento crítico se puede enseñar?
Absolutamente, como casi todo y a cualquier edad. Aunque, obviamente, es más sencillo que se convierta no solo en conocimiento, sino también en palanca de cambio en la etapa más joven.

 ¿Y qué valores deben aprender los jóvenes periodistas de ahora?
Para empezar a construir una nueva mirada, primero tenemos que remodelar la que arrastramos. Lo primero es hacer un autoanálisis sobre las cargas con las que nos hemos formado: el colonialismo, el centralismo, el racismo, el machismo. Y luego, llenarlas con nuevo contenido: formarse en pensamiento poscolonial, en economías alternativas y circulares, en pensadores antirracistas, en el ecologismo y los feminismos… y, sobre todo, poner de nuevo en valor la educación. No solo “estudiar para algo”: estudiar hace que se agrande lo que pensamos y nos ayuda a hacer frente a los prejuicios.