“Era una persona invisible en un entorno que no me permitía avanzar”. Así se sentía Susana Morales cuando llegó al programa Vitamina, impulsado por el Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de la Fundación ”la Caixa”. Cuatro años antes, su timidez se había convertido en un problema para relacionarse con su entorno. Aunque sus padres siempre la animaban a estudiar, y su trabajo en el pequeño restaurante familiar le había dado experiencia laboral, apenas salía de casa, no tenía amigos y, además, vivía en uno de los barrios más pobres de Barcelona. 

En un momento especialmente difícil, cuando incluso los estudios le iban mal, un primo le habló de Vitamina. Entonces hacía muy poco que se había puesto en marcha este programa que, gracias al proyecto ICI, se está implantando en otros territorios a través de la Fundación Carta de la Paz dirigida a la ONU. Su voluntad era ofrecer a chicos y chicas residentes en entornos con vulnerabilidad convivencial habilidades de liderazgo ético que les permitieran transformarse a sí mismos y a su entorno. 

 

Retrato de Susana Morales

 

Así, Susana empezó a ir al polideportivo del barrio sin saber muy bien qué encontraría, pero enseguida se sintió a gusto. Todos los jueves se reunía con otros seis adolescentes y, a través de los juegos que les proponían las dos psicólogas, Alba y Flors, reflexionaban sobre ellos mismos y su entorno. Por ejemplo, una vez hicieron unas cartulinas con distintas palabras, como amigos, familia, enfermedad…, y cada uno tenía que dar su punto de vista. A veces tenían que hablar de temas tabú, como la muerte, o también de sus problemas personales. A pesar de algunas reticencias iniciales, estas charlas le fueron de gran ayuda, porque se podía sincerar y contar todo lo que le preocupaba. 

También recuerda con gran cariño las colonias de verano. A principios de julio, todos los grupos del programa —el del barrio y los de Santa Coloma y Mataró— se iban cinco días a la montaña, sin cobertura en el móvil y con mucho tiempo por delante. Allí hacían deporte, se encargaban de la limpieza de los espacios y participaban en actividades para reflexionar. Este paréntesis lejos de su barrio suponía una oportunidad para divertirse, asumir responsabilidades y, también, pensar sobre ella misma y su entorno.

Las sesiones de los dos primeros años se centraron en la dimensión ética, que depende de la capacidad de conocerse a uno mismo y de relacionarse con el entorno. Si estos dos años fueron de gran crecimiento personal, el tercero le mostró que podía hacer lo que se propusiera. El objetivo que se marcaron fue implicarse en un proyecto de transformación social, y el grupo de Susana montó un torneo de distintos deportes y juegos para los jóvenes del barrio. La experiencia salió tan bien, que fueron seleccionados en un concurso estatal, Abierto hasta el amanecer, y ganaron un viaje a Gijón para formarse con expertos en asociacionismo. 

Este ha sido el último año de Susana en el programa Vitamina y ha consistido, esencialmente, en visitar a su tutora, que la ha ayudado a ganar autonomía y tomar sus primeras decisiones como adulta. Después de cuatro intensos años, la joven resume todo lo que le ha aportado Vitamina: confianza, mucha fuerza y ganas de comenzar nuevos proyectos. Antes no quería hacer nada porque era muy tímida y cuando aparecían oportunidades las obviaba, ya que le resultaba muy difícil dar el paso. Ahora, en cambio, tiene muchas ganas de empezar a estudiar Magisterio. Su única duda es en qué facultad hacerlo: si en Barcelona, en Logroño o en Granada. Aunque ahora que ha vencido su timidez, cualquier cosa le parece posible.

 

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