¿Recuerdas la primera vez que viste llover? ¿Y la primera vez que metiste la cabeza bajo el agua? Probablemente, no. Es normal. Ya se sabe, “eras muy pequeño”. Aunque quizás no se deba tanto a tu capacidad de almacenar recuerdos, sino a la acumulación de experiencias: cuanto más se repite algo, más corriente nos parece. Y un adulto ha visto llover demasiadas veces como para acordarse de la primera. Al fin y al cabo, la infancia época de descubrimientos y primeras veces por excelencia no dura para siempre. Y es justamente por eso que todos nos merecemos una.

Descubrir que hay noches en las que las estrellas se caen del cielo y que esa es razón suficiente para pedir un deseo. Descubrir a qué huele un burro. Una mañana sin coches, la hierba mojada. Descubrir el sonido de una noche llena de grillos, el canto de un gallo. La Obra Social ”la Caixa” lleva años colaborando con entidades como el Casal dels Infants para que niños de familias con pocos recursos puedan sorprenderse al descubrir lo más cotidiano de un verano fuera de la ciudad. “Es una realidad que está ahí pero que ellos no viven y nosotros intentamos acercársela”, cuenta Elisabet Puente, educadora del Casal y coordinadora de las colonias. “Una actividad que hacemos siempre antes de ir a dormir es ver las estrellas. Y flipan, claro. En la ciudad no las ven. Y puede que ni sepan que existen.”

Durante los campamentos en casas rurales como la de Can Font, en la población de Brunyola, los niños se sumergen en un montón de actividades como juegos de orientación, aquagym, yincanas o excursiones para descubrir la flora y la fauna del entorno, en las que no tienen que preocuparse de nada más que de ser niños. Por sus situaciones familiares, “son niños que están muy acostumbrados a jugar con adultos”, comenta Elisabet. “Muchos no saben jugar con sus iguales. Por eso aquí lo que más hacemos es jugar. Es a través del juego cuando les damos vías y pautas para aprender a relacionarse entre ellos”.

Pero que la infancia no dure para siempre no significa que la educación termine al soplar un determinado número de velas: trabajar también con las familias, involucrarlas, es vital. Un trabajo que en el Casal siguen haciendo el resto del año mediante actividades enfocadas a las relaciones afectivas entre los niños y sus familias.

Elisabet lleva años trabajando de educadora con niños con situaciones familiares complicadas, y tiene claro que nosotros también tenemos mucho que aprender de ellos. “Aprendemos la ilusión que ponen en las cosas. Como cuando aún no hemos empezado los campamentos, pero solo con ver el autocar ya están alucinando. Tenemos que aprender a valorar lo que tenemos, porque ellos lo viven, y se nota, y se contagia.” Está en nuestras manos dar a los niños las herramientas para que puedan descubrir lo que el mundo tiene para ofrecerles, todas esas pequeñas cosas que un niño debería ver por primera vez.

 

Fotografía: Román Yñán