Hoy en día, la astronomía cuenta con una tecnología que décadas atrás habría sonado a ciencia ficción. Hemos ido y vuelto del espacio ya unas cuantas veces y sabemos más sobre el universo que todos nuestros antepasados (aunque sigue sin ser mucho). Pero puede que, a nivel individual, nunca hayamos estado más lejos de las estrellas. Las luces de nuestras ciudades esconden el cielo nocturno y salir al campo para verlo ya no está de moda. Además, toda la información que podríamos sacar de la observación astronómica ya nos la da nuestro móvil. Pero no está todo perdido. En ocasión del eclipse lunar del pasado 16 de julio, decenas de curiosos, astrónomos aficionados y expertos en la materia se reunieron en el Planetario de Madrid  para experimentar —algunos por primera vez— lo que es quedarse en silencio contemplando el cielo.

 El Planetario de Madrid, la Obra Social ”la Caixa” y la Agrupación Astronómica de Madrid  (AAM) suelen organizar una Jornada Pública de Observación Astronómica con Telescopiosal al menos una vez cada verano. Este año, la fecha se adelantó para una ocasión que bien lo merecía: el eclipse de Luna parcial que se pudo ver desde toda España. La jornada, además, tenía algo de simbólico: tan solo unos días después se cumplirían 50 años desde que tres astronautas y una nave de tecnología inferior a cualquier smartphone actual consiguieran poner pie en la Luna.

 

 

Para que todo el que quisiera tuviera la oportunidad de acercarse un poquito más a los astros, varios miembros de la AAM llevaron hasta allí sus propios telescopios. Y que levante la mano quien haya mirado alguna vez por un telescopio de gran potencia. ¡Es tan poco habitual como alucinante! Pones el ojo y, de repente, ese puntito iluminado se transforma en una esfera llena de variaciones de colores. El planeta en cuestión parecía tan cerca que hasta se podían apreciar sus cuatro satélites. Estamos hablando de nuestro amigo y vecino Júpiter. Después de la experiencia, es fácil de entender que Pedro, por ejemplo, miembro de la AAM, lleve 40 años apasionado por las estrellas y hasta haya viajado a China solo para ver un eclipse solar.

Joaquín, también de la AAM, quiso poner en valor la figura de los astrónomos aficionados: “Hasta hace no demasiado tiempo, los cometas los descubrían las personas. Los grandes telescopios no podían competir con la pléyade de astrónomos aficionados que, mirando con sus propios ojos, eran capaces de seguir el recorrido de un punto luminoso día tras día”. Sin ir más lejos, a finales del 2018, fue un astrónomo aficionado quién descubrió una nueva galaxia enana. “Una observación pública y gratuita como la de esta noche es importante para que la gente vea que la astronomía no son solo las espectaculares fotos de la Estación Espacial Internacional, sino que, a veces, basta un par de prismáticos”, añadió.

Finalmente, los astros estuvieron algo tímidos. Júpiter asomó la cabeza un par de veces más, pero las nubes no dejaron ver ni a Saturno ni el eclipse lunar. Aun así, la noche contó, en la Tierra, con una estrella particular. El astrónomo Antonio del Solar, tan lleno de pasión y humor a sus 72 años, amenizó la velada contándonos los secretos del universo y comentando las imágenes del alunizaje y el eclipse que se proyectaron en la cúpula del planetario. “Desde el Planetario tenemos la obligación de hacer divulgación de la astronomía y la ciencia”, afirmó. “Porque poder ver las estrellas y los planetas a través de un telescopio profesional es algo que vas a recordar toda la vida, sobre todo si eres un niño. La astronomía se está perdiendo en las grandes ciudades, y tenemos que intentar evitarlo. Mirar al cielo es una preciosidad: son miles y miles de objetos deseando que los veamos”.

Cuando se dice que la astronomía es una experiencia de humildad, también es por cosas así. No es solo el explorar lejanas galaxias lo que nos recuerda que somos apenas “una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”, sino también es el no conseguir ver lo que esperabas. Porque ya pueden reunirse decenas de personas y sus telescopios para ver la Luna, que si la Luna no quiere salir, no saldrá. Como decía Carl Sagan, el universo ni fue hecho a nuestra medida, ni nos es hostil: tan solo le somos indiferentes. En este sentido, la lección de astronomía que nos llevamos la otra noche fue más valiosa que si el eclipse se hubiera dejado ver en todo su esplendor. Aprendimos que la astronomía requiere paciencia y perseverancia, que no podemos ni soñar con mover los astros a nuestro antojo y, sobre todo, que jamás hay que perder la curiosidad por entender ese gran cielo oscuro y titilante que nos envuelve. Pasada la medianoche, cuando ya casi todo el mundo estaba volviendo a casa, un niño se acercó a Antonio y le preguntó: “¿Dónde se estudia para esto?”.

 

Texto: Patri di Filippo
Collage: Lara Lars