Ante una pregunta, los seres humanos solemos buscar respuesta en dos sitios: Google y el arte. Y no pocos artistas se han preguntado qué significa esto de ser padre. Muestra de ello son la kilométrica carta que Kafka escribió a su padre, Bowie dudando si su recién nacido hijo se querría quedar en una familia tan rara o Cormac McCarthy preguntándose qué sería de un padre y un hijo en pleno apocalipsis. Porque ya puedes pasarte meses haciéndote a la idea de tener un bebé e imaginando cómo será su naricita que, cuando por fin lo tienes en brazos, solo puedes pensar en una cosa: “¿Y ahora, ¿qué?”. Hoy, en el Día del Padre, recordamos que padre no se nace sino que se hace.

Que nadie nace sabiendo ser padre pero que todos aprendemos a serlo es algo que Othman sabe muy bien. Nació en Marruecos y desde hace cuatro años vive en Nou Barris (Barcelona) junto a Randa, su mujer, y sus tres hijos: el mayor, de diez años; la más pequeñita, de casi dos; y la mediana, de cinco. Othman no tiene aún permiso de residencia. No puede buscar trabajo, no puede viajar, no se siente seguro por la calle. Pero eso no le impide estar siempre ahí para los suyos.

Porque puede que la situación de Othman sea precaria, pero su familia nunca lo será. “Como no puedo trabajar”, cuenta, “siempre estoy con mis hijos. Los llevo y recojo del cole, vemos los dibujos, les ayudo con los deberes, salimos a pasear… Cuando tienes hijos, todo lo haces para ellos: día, mañana y noche. Siempre estás ahí”.

 

 

Claro que un vínculo así no sale de la nada, como un caracol cuando llueve. Por esta razón, Othman y su familia participan en los talleres de Aprender juntos, crecer en familia, una iniciativa del programa CaixaProinfancia organizada en la entidad PES Cruïlla, que busca potenciar las capacidades de los padres para el cuidado y la educación de los hijos y contribuir al bienestar familiar a través del afecto, la comprensión y la comunicación. Y aquí viene la pregunta del millón: ¿cómo llevarte bien con tu familia?

Según Dolça Valero, miembro de la entidad y coordinadora de una de las redes de CaixaProinfancia en Nou Barris, se consigue, “por encima de todo, con comunicación”. Y, para poder aprender a escuchar a los demás, primero hay que darse cuenta de cómo habla uno mismo. “Los padres”, prosigue Dolça, “suelen depositar en los niños la responsabilidad de que las cosas vayan bien o mal. Y si a un niño te pasas el día diciéndole que se porta mal, va a portarse mal, porque eso es lo que esperas tú de él”, sentencia.

En las relaciones familiares siempre queda algo por aprender: tanto para el que coge por primera vez la manita rechoncha de su recién nacido, como para el que cruza en verde la calle de la mano de su hijo desde hace años. “Constantemente te preguntas si lo estarás haciendo bien, si los estarás educando bien”, confiesa Othman. “Pero luego, un día, la vecina te felicita porque tu hijo la ha ayudado con la compra, y te das cuenta de que igual lo estás consiguiendo… y te sientes feliz”.

 

Fotografía: Laia Sabaté