Bajo una solana inusual para un verano que no se decide a llegar, Baby One More Time de Britney Spears retumba por todo el paseo marítimo de Barcelona. La brisa del mar se confunde con el olor de las hamburguesas que despachan los food trucks, y decenas de personas bailan El tembleque de King África agitando en el aire sus pulseras de tela. No, no se trata del último festival de moda, sino de la fiesta que, el pasado sábado 26 de mayo, los Voluntarios de ”la Caixa” en Barcelona montaron para el Día del Voluntario, una jornada que también se celebró en otras 46 ciudades españolas junto a más de 5.600 chavalines en situación de vulnerabilidad.

Para celebrar las 1.376 iniciativas solidarias realizadas en lo que llevamos de año, los voluntarios de cada delegación han organizado decenas de actividades de todo tipo: desde mañanas de piragüismo en Salamanca hasta tardes de juegos tradicionales en Burgos. Pero que el nombre no despiste a nadie: en el Día del Voluntario, los verdaderos protagonistas siguen siendo los demás. “Los voluntarios somos, sobre todo, un espejo”, cuenta el presidente de la asociación, Lluís Romeu. “Nos ponemos en la piel de la otra persona, para saber qué le gusta y qué necesita. Por más que los voluntarios nos volquemos mucho en el día de hoy, lo que queremos es que sea un día especial sobre todo para los más pequeños”.

 

 

Porque, en este día, solo hay una regla: que los niños y niñas de las entidades sociales que participan se lo pasen bomba. Y basta con aguzar las orejas para darse cuenta de que han cumplido: pese a estar frente al puerto, ni una sola bocina de barco se oye por encima de los gritos emocionados de los chavales. Hordas de renacuajos corretean de un lado a otro para conseguir la pulsera de tela que dan en los talleres organizados bajo el lema “De mayor quiero ser”: un concurso de dibujo, una carrera de obstáculos, un taller de huerto urbano, uno de construir tu propio instrumento de percusión y hasta un futbolín humano.

Mientras tanto, sobre el escenario un grupo de bailarines da una masterclass de zumba a ritmo del “sacude y levántate, que todo lo malo se cura bailando” de Ivi Queen. Mires donde mires, ves a grupos de niños zarandeando sus puñitos en su particular demostración del baile que ha conquistado internet: el frenético Swish Swish. Más tarde, sobre ese mismo escenario, los músicos Marina y Fran dedican una versión de Piece of My Heart de Janis Joplin “a todas las niñas, madres y mujeres fuertes que sabemos que están hoy aquí”. Y, efectivamente, ahí están cuatro niñas en primera fila viviéndolo a tope como si estuvieran en el mismísimo Primavera Sound.

“Todos somos el resultado de la genética, de la familia, de la escuela, del mundo…, pero si queremos cambiar, hacerlo solo depende de nosotros”, afirma Nuria, voluntaria desde hace años y, hoy, responsable del taller de huerto. Por eso, al enseñarles a plantar un tomate, un pimiento o una lechuga, los niños también se llevan “la satisfacción de que algo hecho por ellos mismos tenga resultados”. Y esa satisfacción de los niños, su sonrisa, es para Aurora, también voluntaria, la razón de ser del día de hoy: “No sé si conseguiremos un mundo mejor, pero por lo menos vamos a intentarlo”.

 

Fotografía: Clara de Ramon