Encarar el último capítulo de nuestra vida nunca puede ser fácil. Pero precisamente en ese tránsito, duro pero inevitable, es cuando más necesitamos el apoyo de los demás. Para las personas que se encuentran en cuidados paliativos contar con una asistencia psicológica especializada y personalizada es fundamental. Porque cada caso es diferente y cada paciente, distinto. El Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Obra Social ”la Caixa” trabaja en todo el territorio español para que pacientes y familiares puedan hacer frente a este lance de la vida en las mejores condiciones posibles. En Almería, Cruz Roja gestiona el proyecto desde el 2008. Hemos hablado con dos de las psicólogas del Hospital Cruz Roja para que nos relaten su experiencia en esta labor tan exigente como gratificante.

¿A qué podemos aspirar cuando tratamos de ayudar a personas que se encuentran en los últimos momentos de su vida? Algunas respuestas parecen evidentes: evitar el sufrimiento físico y hacer lo posible por preservar su dignidad serían las primeras. Pero más allá de las respuestas estrictamente médicas, la dimensión psicológica ocupa un lugar primordial para el bienestar del paciente y de su familia.

La atención a la familia es en efecto una de las prioridades de los psicólogos y especialmente del propio paciente. “En la mayoría de casos, los pacientes están más pendientes del sufrimiento de su familia que del suyo propio y por eso trabajar la comunicación es tan importante”, recalca la psicóloga Trinidad Martínez, “por ejemplo, para reconciliarse si hay algún asunto pendiente de solucionar”. Su compañera Lucía Pérez incide en esta necesidad de facilitar la comunicación: “Recuerdo a un marido que no podía besar a su mujer en estado terminal cuando estaba delante de su familia. Él necesitaba dar ese último beso y conseguirlo le aportó mucha serenidad”.

 

 

La capacidad para expresar los sentimientos también es fundamental, ya que en ocasiones “hay pacientes que piensan que si los expresan delante de sus familiares van a sufrir más, y no es así. Cuando el sufrimiento es compartido es mucho más llevadero y en este sentido procuramos facilitar no solamente la comunicación verbal, sino también el contacto físico: cogerse de la mano, darse un abrazo…”

Es importante, por otra parte, irse sin dejar cuentas pendientes o cosas por decir: “Una hija quería pedirle perdón a su padre por una situación que habían vivido y la acompañamos para facilitar ese proceso. Todo lo que se haga en ese momento va a hacer que el duelo sea más saludable”.

La situación en la que se encuentra el paciente en cuidados paliativos es, evidentemente, muy delicada, y todo lo que se haga para aportarle seguridad y autonomía será bienvenido. En esta atención personalizada, hay que respetar en todo momento su ritmo y atender a necesidades de todo tipo. Así, la atención espiritual e incluso religiosa puede llegar a ocupar un lugar destacado en el proceso y en no pocas ocasiones hay que lidiar con momentos de crisis: “Hay personas creyentes que entran en conflicto con su religión, y los profesionales tenemos que abordar las creencias como una fuente de gratificación y de paz, algo que puede permitir al paciente entender con serenidad lo transitorio de nuestro paso por la vida”, nos cuenta Trinidad Martínez. En cualquier caso, la delicadeza y la capacidad de escucha son indispensables, ya que las necesidades del paciente son variadas y la manera de tratar de satisfacerlas, también. Para Lucía Pérez, “hay una base común, pero cada caso es diferente: si algo he aprendido es que cada uno vive su muerte según cómo ha vivido”.

Puede resultar difícil asumir una implicación profesional tan intensa sin que haya consecuencias personales y los profesionales del sector tienen que establecer estrategias para que el impacto emocional sea asumible. Sin embargo, lo que más destacan ambas psicólogas es lo mucho que les aporta su trabajo y las lecciones de vida que estos pacientes les dan casi diariamente: “Que ellos se sientan acompañados es la mayor satisfacción profesional que puedo obtener”, nos dice Lucía. “Y los valores te cambian, claro. Los cimientos personales pueden tambalearse, pero es algo que te ayuda a recolocarte en tu camino y a adquirir nuevos valores. Muchas veces, vuelves a casa y solo piensas en abrazar a tus seres queridos”.

Los progresos en la medicina y los cambios sociales van a hacer que la atención psicológica en paliativos adquiera cada vez mayor relevancia: “Hace 50 años las personas morían en casa con toda su familia, los amigos e incluso algunos vecinos. Hoy en día, la muerte se oculta más en los hospitales, es más anónima”.

Por su parte, Trinidad Martínez destaca que su trabajo la hace cada día “mejor persona, por eso me siento una afortunada. Este trabajo me presenta cada día oportunidades para mejorar, delante de las familias y sobre todo delante de los pacientes, que son nuestros maestros. Estas personas te hacen de espejo porque podrías ser tú la que estás ahí. Personalmente he sufrido crisis, pero de las crisis se aprende mucho. Este trabajo te enseña a vivir de otra manera”.

 

Texto: Raúl M. Torres
Ilustración: Carla Berrocal