En tiempos como los nuestros, revindicar el valor de la amistad, del estrechar lazos y formar vínculos, suena anticuado; puede que incluso cursi. Todo parece empujarnos hacia lo diametralmente opuesto: un día típico es salir del trabajo sin ganas ni tiempo de ver a nadie, pedir comida a domicilio a través de una app, ver una serie tras otra y no hablar con nadie hasta la mañana siguiente. Aun con todo, no debemos olvidar el poder de la ayuda desinteresada y de los encuentros sin grandes pretensiones pero honestos y estables, como los que pueden darse entre vecinos en el rellano del edificio o en los comercios del barrio. El pasado 19 de junio, una decena de expertos se reunió en CaixaForum Madrid para demostrar que erradicar el sinhogarismo —un problema que solo en España afecta a más de 30.000 personas— empieza precisamente por dar la oportunidad a estas personas de ser, sencillamente, un vecino más.

Presentada el pasado miércoles 19 de junio en un ciclo de conferencias, la iniciativa HOME_EU es el resultado de tres años de investigación organizados en torno a cuatro ejes principales, miles de encuestas y otros tantos análisis. Un esfuerzo conjunto de doce organizaciones e instituciones de nueve países europeos que han unido fuerzas para acabar con un problema que, cada noche y en cada ciudad de Europa, deja a más de 400.000 personas en situación de máxima vulnerabilidad durmiendo a ras de suelo, a merced del tiempo y de la suerte.

 

 

Basado en la metodología Housing First, la premisa del proyecto, apoyado a nivel nacional por la Obra Social ”la Caixa”, es sencilla: para acabar con el sinhogarismo, lo primero que necesita una persona que duerme en la calle es una vivienda. Puede parecer obvio. Sin embargo, tradicionalmente el enfoque ha sido bien diferente: antes de conseguir una vivienda, una persona sin hogar normalmente debe pasar primero por toda una serie de etapas y soluciones temporales (como albergues o comedores sociales) que, en realidad, terminan por posponer la verdadera solución y dejar a muchas personas por el camino.

En cada uno de los nueve países del estudio, se ha demostrado que empezar por el acceso a una vivienda individual reduce los síntomas psiquiátricos y el abuso de sustancias, al mismo tiempo que aumenta la integración comunitaria y el desarrollo de las propias capacidades. “Empieza una integración psicológica que te permite decir: ‘Tengo mi piso, mis llaves, puedo tomar mis propias decisiones, pertenezco a un lugar estable, puedo construir un futuro’”, apunta la investigadora Inês Almas.

Roberto Bernad, director del programa de vivienda Housing First de RAIS, revindica la relación horizontal que profesional y persona usuaria tienen en el modelo Housing First. “Cuando eres padre, llega un momento en el que tu hijo se tiene que independizar. Si tú le sigues infantilizando, marcando cuándo y qué debe comer, dónde y cómo debe ir, tu hijo nunca va a ser autónomo e independiente”, afirma. “Pues con las personas sin hogar pasa algo parecido: el trabajo del profesional ya no puede ser llevar a la persona de la mano o decidir lo que es mejor para ella, sino ayudarle a identificar lo que quiere y apoyarla completamente en ese proceso”.

“El sinhogarismo es un problema ocasionado por la sociedad, no podemos culpar a las malas decisiones tomadas por una persona. Esta última es la respuesta fácil, porque excluir lo incómodo siempre resulta más sencillo”, prosigue Roberto. “Puede resultar engorroso vivir cerca de una persona con, por ejemplo, un trastorno mental, que cada día a las 3 de la mañana se ponga a gritar. Pero es que esa persona existe y tiene derecho a existir. No mirarla no hará que desaparezca. Entonces, como sociedad tenemos que decidir entre invisibilizar a ese individuo o asumir que existe, que puede necesitar apoyo y que debemos ofrecérselo”.

Y cuando ese apoyo se da, ocurren situaciones en las que todo este trabajo, todos estos años de investigación y de lucha, cobran sentido. “Hemos visto muchos ejemplos en el programa de cómo el entorno termina apoyando a estas personas, ya sea en momentos complicados, como cuando se ponen enfermos yendo a visitarles al hospital, o ayudándoles económicamente a cambio de cuidar de sus hijos de vez en cuando. Ver cómo la propia comunidad acaba velando por ellos me parece precioso”, sentencia Roberto.

En definitiva, la consigna es clara: si a una persona le das las herramientas para vivir como los demás, vivirá como los demás. Los datos y las experiencias lo demuestran. El reto, ahora, es llevar el modelo a gran escala: que en toda Europa las personas que ahora duermen en la calle se conviertan en nuevos vecinos por conocer.

 

Texto: Patri di Filippo