La inclusión de las personas con algún tipo de discapacidad es uno de los grandes retos del siglo XXI. Se trata no solamente de dar oportunidades laborales a este colectivo, sino también de hacer entender a las empresas todo el potencial que se pierden al no contar con unos trabajadores perfectamente capacitados y que muestran una motivación especial en su trabajo diario. Es el caso de Ricardo, un pintor que perdió el oído por una negligencia médica y que vio cómo de pronto el mercado laboral le cerraba sus puertas. Gracias a la labor de la entidad de ayuda a las personas con discapacidad auditiva ACAPPS, apoyada por el programa Incorpora de ”la Caixa”, ahora Ricardo vuelve a tener trabajo y ha recuperado la estabilidad en su vida.

“El 21 de octubre del 2016, al despertarme me di cuenta de que ya no oía”. Así empieza la historia de Ricardo Fernández, 51 años, pintor en el sector de la construcción hasta que su vida dio un giro radical e inesperado. “Me fui a urgencias, donde me hicieron un pronóstico equivocado. En un principio se suponía que tenía una otitis serosa, una enfermedad común y nada grave, pero al cabo de 12 días me di cuenta de que tenía que ser otra cosa, porque la otitis suele ser dolorosa y yo no sentía nada. Así que fui a otro hospital, donde me diagnosticaron una hipoacusia severa brusca”.

De un día para otro, el nervio acústico de Ricardo había dejado de funcionar por razones todavía no esclarecidas. Lo que sí está claro es que con un diagnóstico acertado en su primera visita a urgencias, Ricardo probablemente no habría perdido la audición. “Con una simple audiometría se habrían dado cuenta de que no era una otitis y, con un tratamiento a base de cortisona, habría tenido un 90 % de posibilidades de curarme por completo. Pero qué se le va a hacer…”

 

 

Empezó entonces un auténtico viacrucis para Ricardo. Al lógico golpe que supone la discapacidad se sumaron los problemas de aislamiento y la pérdida de su empleo. “Prácticamente de un día para otro entró en un nuevo mundo: me echaron del trabajo incluso antes de saber que ya nunca iba a volver a oír y empecé a aislarme. No podía salir solo de casa y tuve muchos problemas para relacionarme con los demás, incluso con mi propia familia”.

Recuperarse no fue fácil y Ricardo tardó más de un año en acostumbrarse al audífono. “Al principio oía mucho ruido. Luego la distorsión disminuyó y empecé a oír palabras sueltas. Y un día, en un tren, me di cuenta de que era capaz de oír las conversaciones de los otros pasajeros. ¡Qué alegría!”

Una vez acostumbrado, Ricardo se vio capacitado para volver a trabajar y, en abril del 2018, inició su búsqueda de empleo a través de ACAPPS. Sin embargo, aunque estaba perfectamente capacitado para desempeñar los trabajos a los que postulaba, se encontró frente a muchas muestras de incomprensión. “Recuerdo una entrevista en la que ya estábamos hablando de horarios y condiciones, pero cuando me levanté a recoger mi chaqueta, el responsable vio que llevaba un audífono. Y entonces se echó atrás”.

“Nosotros nunca mandamos a ningún candidato si no cumple estrictamente con los requisitos de la empresa”, nos cuenta Laia Soler-Cabot, técnica de atención a empresas de Incorpora. “Muchas compañías nos dicen que no contratan a gente con discapacidades simplemente porque las candidaturas no les llegan o porque no saben qué podrán hacer realmente esos empleados una vez los tengan en plantilla. Así que, por una parte, nuestro trabajo consiste en seleccionar a los candidatos que puedan cumplir perfectamente con lo requerido y, por la otra, en sensibilizar a los responsables de recursos humanos y a los que serán los compañeros de trabajo de la persona contratada”.

Antes de iniciar la búsqueda de trabajo, la prioridad de Incorpora fue la recuperación psicológica de Ricardo. “Hasta que no te sientes seguro de ti mismo y consigues relacionarte con naturalidad con los demás, creo que es inútil buscar trabajo, porque cada rechazo te hunde un poco más y puedes acabar creyendo que no volverás a encontrar empleo. Yo ya llevaba 38 entrevistas para funciones que podía desempeñar perfectamente, pero no había manera. Hasta que Incorpora me puso en contacto con Garden Bordas”.

Con más de cinco hectáreas de jardín, Garden Bordas es el vivero más grande de Cataluña y, además de la venta de plantas, flores y mobiliario para jardín, organiza actividades relacionadas con la jardinería para adultos y escolares. Pero lo que más la distingue es que se trata de “una empresa familiar donde lo humano tiene un papel muy destacado”. Nos lo cuenta Rosalía Cases, auténtico motor de Garden Bordas, quien se encargó de la contratación de Ricardo: “Ya en la primera entrevista vi que su discapacidad auditiva no suponía ningún problema y que además era una persona honrada y muy trabajadora. Por desgracia, la mayoría de empresarios solo contratan a personas con discapacidades si van a obtener subvenciones, sin darse cuenta del valor que pueden aportar a la empresa”.

Laia Soler-Cabot corrobora esta opinión: “Por la experiencia que tengo, puedo decir que las personas con discapacidades están mucho más comprometidas con su trabajo y muestran mucho más entusiasmo, dos cualidades muy buscadas en las empresas. Han tenido que superar tantos obstáculos que su motivación es máxima y valoran más las cosas. Además, la diversidad es lo que enriquece a una sociedad”.

Los únicos límites que tiene Ricardo respecto a su empleo son que debe descansar tres días por semana y que le cuesta soportar entornos ruidosos; nada que, con un poco de buena voluntad, no pueda solucionarse en prácticamente cualquier empresa. “Una de las cosas que más agradezco a Incorpora es haberme devuelto la confianza en mí mismo”.

Ahora Ricardo encara el futuro con serenidad y optimismo y, difundiendo su historia, quiere motivar a quienes estén pasando por una situación similar: “A las personas con discapacidades les diría que no tiren la toalla. Nunca”.

 

Texto: Raúl M. Torres
Fotografía: Rita Puig-Serra