Ya basta de deberes, ya basta de madrugar. Si hay que levantarse pronto que sea, como mucho, para jugar. El verano ha llegado ¡al fin!, y si ya no tienes cole no deberías hacer otra cosa que intentar pasártelo en grande. En la entidad YMCA de Getafe (Madrid) tienen muy claro que los niños deben mantenerse activos durante el verano y, por eso, con el apoyo de CaixaProinfancia, vienen desarrollando desde hace casi una década sus colonias urbanas. Durante todo el mes de julio, el colegio Sagrado Corazón se convierte en el campo de juegos de los niños, niñas y adolescentes, de 3 a 18 años, con los que trabajan durante el curso escolar.

Este año, la temática de las colonias gira en torno a la televisión, por lo que cada grupo participa creando su versión particular de los programas en antena. Los chicos y chicas de 16 a 18 años aprenden hábitos de salud y consumo responsable elaborando cócteles para Coctelchef y practicando un crossfit pasado por agua, mientras que los que les siguen en edad tienen que impresionar al jurado de YMCA Talent haciendo gala de sus mejores habilidades: hay quien baila, quien prepara un número de magia o quien, como Hakim y Moha, aprovechan su pasión por el fútbol para proponerse marcar 10 goles en 5 minutos. Otros también repasan conocimientos de mates e inglés jugando a Boom, el popular concurso de preguntas y respuestas.

 

 

Para Davide Bombassei, director de Intervención Social en la entidad, las colonias urbanas ocupan un lugar muy importante en la conciliación familiar. “Si estamos hablando de familias con pocos recursos, que los padres sepan que cuentan con un lugar donde sus hijos están atendidos mientras ellos están trabajando o buscando empleo es fundamental. Pero también es una manera de seguir educando a los niños en valores como el trabajo en equipo o la expresión de emociones, de una manera mucho más transversal, gracias al juego”, añade.

Y el juego es hoy el rey. Armados de sus gorras de superhéroes o personajes de Disney, los más chiquitines corretean por el colegio en busca de un tesoro escondido. En el otro patio, un grupo de 6 a 8 años se refresca jugando a un Hundir la Flota humano. Si el equipo enemigo dice la casilla en la que estás ubicado, recibes una palangana de agua. Aunque, visto el calor que hace, hoy perder apetece casi más que ganar. Lo esencial, sobre todo, es que todo el mundo esté a gusto, así que, para el que no le apetece jugar, también hay un hueco: Zahira se ha puesto un poco tristona, pero los monitores le ofrecen el honor de ayudarles a organizar la actividad. Y la niña vuelve a sonreír enseguida.

Seguramente, gran parte del éxito de estas colonias urbanas se deba precisamente al cariño, la energía y la dedicación que les ofrecen sus monitores. Yaser y Agus, por ejemplo, empezaron en YMCA de pequeños, participando en estas mismas colonias urbanas. Ahora, a sus 19 años, son monitores y todo un ejemplo de madurez y capacidad de liderazgo. “Cuando entré, me encantaban los campamentos”, cuenta Agus. “Ya de más mayor, empecé a ir a las formaciones para los que están pensando ser monitores, donde tratábamos temas como la diversidad o el género, los valores y otros que no se dan en el colegio, pero que son muy necesarios. Eso me hizo crecer poco a poco como persona y me ayudó a encontrarme. Ahora me gustaría devolver de alguna manera todo lo que han hecho por mí. Me gustaría enseñar a los niños el respeto por el otro y, por supuesto, que se diviertan mientras tanto”.

Yaser, por su parte, ha pasado de ser “un niño muy revoltoso” a representar a YMCA en Alemania, Estados Unidos y hasta en la ONU. “Yo antes no podía hablar delante de 150 personas como ahora, no sabía inglés, no había salido de España nunca”, cuenta. “Pero aquí me dieron la mano que necesitas para salir de tu zona de confort y poder desarrollar habilidades que ni sabías que tenías”. Como si se tratara de transmitir un legado de generación en generación, ahora es su turno de acompañar y echar una mano a quienes vienen detrás de él.

 

Texto: Patri di Filippo
Fotografía: Víctor Bensusi