En un restaurante, ni se te pasa por la cabeza pedir un plato que no está en la carta. Sería tan absurdo como ir al cine y exigir que te proyecten una peli que no está en la cartelera. Funcionamos así: escogemos en función de las opciones que sabemos que tenemos. Por eso, la Asociación para la Reeducación Auditiva de Niños Sordos de Burgos (ARANSBUR) busca fomentar la expresión artística entre los niños con discapacidad auditiva para que sepan que el arte es una opción también para ellos, y demostrar, de paso, que no hace falta hablar la misma lengua para entendernos.

Cada viernes por la tarde, una treintena de chavalines se dan cita en ARANSBUR, una de las 24 entidades sociales seleccionadas por la Fundación Caja Burgos y la Obra Social ”la Caixa” en la Convocatoria Burgos 2017 del Programa de Ayudas a Proyectos de Iniciativas Sociales. Allí les esperan Kike y Carlota, junto con algunos voluntarios de ”la Caixa”, y todo tipo de artefactos típicos de circo: zancos, malabares, sombreros, platos chinos y hasta monociclos. Algunos de los niños tienen problemas auditivos, otros no; pero todos tienen algo en común: debutarán por todo lo alto con un espectáculo circense durante la multitudinaria Noche Blanca de Burgos.

Aunque EXPRESIONARTE sea una iniciativa bastante reciente, la expresión artística y la integración entre personas sordas y oyentes está en el ADN de ARANSBUR desde sus inicios, en los años 80, cuando niños oyentes empezaron a asistir al comedor escolar de la asociación: “Normalmente son los niños sordos los que se integran en entornos oyentes”, explica Marisol, coordinadora de proyectos de la entidad. “Pero en este caso es al revés, los niños oyentes vienen a la casa de los sordos y se acercan a su realidad”.

 

 

Además, tienen otra iniciativa, la empresa MQD “Mira lo que te digo”, a través de la cual jóvenes y adultos sordos desarrollan su creatividad formándose y trabajando como diseñadores gráficos, cámaras, ilustradores o desarrolladores web, o creando audio-signoguías para las exposiciones artísticas de la ciudad. También organizan talleres para escuelas, de cómic y de observación de aves, dinamizados por personas sordas, construyendo así espacios donde estas puedan mostrar toda su capacidad.

En ARANSBUR, la atención temprana, la integración desde chiquitines, es fundamental. Y aquí es donde entra en juego EXPRESIONARTE. Gracias a este taller de circo y baile, los niños sordos aprenden a comunicarse a través del movimiento y a compartir sus sentimientos al ritmo de la música: ponen en práctica lo aprendido en las sesiones de logopedia, pero desenvolviéndose libres y a través del juego.

Los niños oyentes, en cambio, aprenden a comunicarse en lengua de signos. Cuenta Kike, profe de circo, que él mismo está todavía descubriendo este lenguaje y aprendiendo a interpretar la expresión de los ojos, “que muchas veces lo dicen todo”. Por su lado, Carlota, profe de coreos, asegura que la iniciativa “es muy necesaria para estos niños, pero sobre todo para nosotros, ya que muchas veces somos los que ponemos barreras con nuestros prejuicios”.

Echar todos a andar como una manada de elefantes o de leones, remarca Carlota, también sirve a estos niños para perder el miedo al qué dirán. “Les da igual verse feos o guapos, hacerlo mejor o peor”, señala la coreógrafa. “Yo veo que se sienten cómodos, se sienten libres. Y, para mí, cultura accesible es también sinónimo de cultura libre”.

Porque, como apunta Marisol, de lo que va al final todo esto es precisamente de libertad. “No queríamos imponer ninguna vía de expresión”, explica, “sino plantearlo como una explosión de experiencias, que los niños descubrieran por sí mismos habilidades artísticas que igual no sabían ni que tenían” y, luego, “poder orientar a las familias sobre cómo seguir esa formación y desarrollar ese potencial”.

Además, “también estamos alimentándoles de cultura”, explica la coordinadora. “Porque si estos niños no saben que las obras de teatro, las pelis y las expos también pueden adaptarse para que ellos las disfruten, ¿cómo van a pedir a sus padres que les lleven al teatro, al cine o al museo? Estos niños serán ya una generación que hará valer sus derechos como ciudadanos demandantes de cultura, porque les estamos dando opciones culturales desde pequeñitos”, y tienen claro que el arte es –y debe ser– una opción para todos.

 

Fotografía: Ana Alborés