Darwin escribió El origen de las especies a los 50 años. José Saramago se estableció como escritor a los 60. La experiencia es un grado. Lo confirman estos y otros grandes artistas tardíos. Y en culturas como la asiática, aún hoy los más ancianos son los sabios de la tribu a los que todo el mundo hace caso. Todos deberíamos luchar por una sociedad en la que hacerse mayor sea visto como lo que es: una suerte y una oportunidad.

El programa de Personas Mayores de la Obra Social ”la Caixa” tiene como misión contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestros abuelos y abuelas. Una de sus iniciativas es un concurso de relatos que empezó en el 2009 y que cuenta con participantes de todo el territorio español. Cada año la pieza ganadora se dramatiza y se emite en RNE para dar voz a unos relatos que son el reflejo de cómo las personas mayores viven y observan nuestro tiempo. Para entender mejor su punto de vista, cómo llevan el hecho de sumar años y qué les aporta la experiencia del concurso, hemos hablado con José Luis Robles, ganador en el 2016 con su relato Interior con ascensor y jurado del concurso de este año, cuya entrega de premios se realizará en CaixaForum Sevilla mañana jueves 22 de junio.

 

José Luis Robles en CaixaForum

 

Leo todo lo que cae en mis manos. Devoro los libros. Uno me suele durar unas 48 horas. Mis autores favoritos son Manuel Llano, un escritor cántabro costumbrista y, por afinidad, porque soy de León, Julio Llamazares. Otra de mis lecturas favoritas son las obras completas de Antonio Gamoneda. Ah, y estos días estoy leyendo El monarca de las sombras de Javier Cercas.

Empecé a escribir en el 2003. La hija de un amigo tuvo un accidente y le escribí un poema. Cuando estás escribiendo, creas algo. Esa es la sensación. La palabra crear es lo que más me llena. Escribo a primera hora de la mañana, normalmente a partir de recuerdos y de la vida diaria.

Jubilarme me sentó muy bien. Aunque mi trabajo me gustaba mucho, ahora soy libre para hacer lo que nunca había podido hacer: leer mucho, escribir. Cuando te jubilas a veces te da la impresión de que se acaba el mundo, pero yo creo que, en realidad, nace otro mundo nuevo y hay que llenarlo con lo que sea que te guste hacer.

Mi relato para el concurso habla de un sintecho que se llama Isidoro, un personaje ficticio basado en la vida real. Solía tener la oficina en el barrio de Argüelles de Madrid y de camino al trabajo pasaba por delante de varias personas que dormían en la calle. En Madrid las cifras son de escalofrío. 2.059 sintechos censados. El 15 % tienen estudios superiores. El 40 % han sido víctimas de agresiones y solo el 41 % de ellos lo denuncian. Ahora quiero lanzarme a hablar con ellos. Y cuando lo haga habrá historias por doquier.

Si pudiera dejar un mensaje a los jóvenes del planeta, les diría que en su cuarto cuelguen un letrero y que vayan anotando una lista de ilusiones y objetivos y que vayan borrando los que consiguen, uno tras otro, y a por ellos. Y a las personas mayores como yo… El otro día leí a Daniel Guzmán y decía que lo que hay que contar son historias y decir que “puedo, puedo y puedo”. Hay que ilusionarse. La idea que tienes no vale para nada hasta que no la ejecutas. El concurso seguro que va a ser un éxito. Anímense a participar, este año o el que viene.

 

Fotografía: Máximo García