Después de pasar nueve meses aprendiendo los básicos del oficio de periodista en las delegaciones nacionales de la Agencia EFE, los becarios seleccionados en la XIV edición del Programa de Becas de Periodismo ”la Caixa”- Agencia EFE, considerado por las universidades como el mejor de España, empezaron la segunda etapa de su formación en las delegaciones internacionales de la reputada agencia de noticias. Fue al poco tiempo cuando pasó lo inesperado: una pandemia insólita sacudió el planeta. Carla Samon Ros nos cuenta cómo está viviendo esta atípica situación de confinamiento desde Sao Paulo (Brasil). 

“Imagina un estado de interminable alabanza y gratitud y adoración y habrás invocado un mundo de nulidad y conformismo infernales. (…) Imagina un estado de beatitud y felicidad y armonía perpetuas, y habrás invocado una visión de tedio y vacuidad y situaciones previsibles”. Rebeldes y disidentes, las palabras de Christopher Hitchens en Cartas a un joven disidente resuenan hoy más que nunca entre las cuatro paredes de esta habitación que me abriga en la monstruosa ciudad brasileña de Sao Paulo que, repleta de rascacielos y oficinas, vio esfumarse, de la noche al día, sus ríos de gente y tráfico.

 

Becaria de periodismo confinada en Brasil

 

Ya hace más de cinco meses que empecé mi aventura en el gigante suramericano, de la mano del Programa de Becas de Periodismo #EFELaCaixa, después de pasar tres trimestres en la delegación nacional de la Agencia EFE en Barcelona.

¿Y quién hubiera imaginado que esta semana vería al mayor estado de Brasil desafiar al presidente de la república, Jair Bolsonaro, e iniciar un letargo de 15 días para contener la propagación del coronavirus, que ya ha dejado más de 250 muertes y 7.000 casos confirmados en el país?

Aunque previsible, fue un jarro de agua fría. “No crucé un océano para tener estos muros de paisaje, sino para desenterrar historias del asfalto o de la tierra de las favelas”, lamenté.

Pero entonces, con la misma sorpresa que cuando el cielo de Sao Paulo deja que el sol acaricie mis desayunos, recordé el libro de Hitchens. Y me dije que, cuando todo esto acabe, que acabará, una mezcla de nostalgia y orgullo invadirá las memorias de estos meses, cuando millones de personas anónimas se vistieron de humanismo y solidaridad para luchar contra un virus que desestabilizó el mundo entero. Y que cuando el tiempo difumine algunos momentos de miedo y soledad, pensaré en lo afortunada que fui de haberlo podido contar, a diez mil kilómetros de casa.

Os parecerá tal vez naíf, pero durante estos primeros días de confinamiento, de teletrabajo y decenas de videollamadas, me enamoré de la expresión brasileña “Bora” que, usada en contextos informales, vendría a incentivar a una persona a salir. Sería un “Vamos” en nuestra lengua. Y me prometí no ahorrarme ningún bora cuando la cuarentena llegue a su fin. Bora a tomar un agua de coco y comer una coxinha en el parque Ibirapuera, el pulmón verde de la ciudad. Bora a pasear por la icónica avenida Paulista un domingo por la tarde, cuando se cierra el acceso a los coches y se llena de música y espectáculos. Bora a intentar aplaudir, con las manos llenas de brigadeiros, cuando el sol se esconda detrás de los edificios des de la plaza Pôr do Sol. Bora a volver a ver a los surfistas bailar entras las olas que agitan las playas del Litoral Norte de Sao Paulo.

Y, mientras tanto, prometí cuidarme y cuidar de los míos, a quienes, a pesar de la distancia que nos separa, hoy siento más cerca que nunca.

 

Texto: Carla Samon, becaria de la XIV edición del Programa de Becas de Periodismo ”la Caixa” – Agencia EFE