La capacidad de innovación tecnológica crece a un ritmo exponencial y parece que solo nuestra imaginación puede suponer un freno a su avance. Ideas que hasta hace poco pertenecían al ámbito de la ciencia ficción son ahora una realidad y absolutamente todo es planteable en el panorama científico que se avecina. La clave está ahora en crear estrategias de colaboración y líneas de investigación que tengan un impacto real y positivo sobre todos nosotros. Por eso, y por tercer año consecutivo, ”la Caixa”, a través de su Área de Investigación y Estrategia, se ha aliado con el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para apoyar los proyectos de investigación más disruptivos desarrollados entre universidades y centros de investigación españoles y grupos de investigación del MIT a lo largo del último año.

El programa MIT Spain ”la Caixa” Foundation Seed Fund, único en España, tiene como objetivo promover el conocimiento y la investigación pionera para poder resolver cuanto antes los grandes retos del siglo XXI en materias de salud, energía y economía global. Esta tercera convocatoria del programa supone, además, un nuevo paso en la voluntad de crear sinergias entre los investigadores españoles y los del MIT, algo esencial para que puedan avanzar con eficiencia. Los centros interesados en participar en la convocatoria que se acaba de abrir pueden inscribirse hasta al 17 de septiembre del 2019.

A continuación, te contamos algunos de los proyectos más destacados de los 12 seleccionados en la convocatoria anterior para que te hagas una idea de cómo la investigación puede mejorar nuestro futuro de forma tangible.

 

 

Un filtro para proteger el cerebro

Vivimos cada vez más años, pero no siempre con una calidad de vida satisfactoria. El cerebro cuenta con la barrera hematoencefálica, que permite filtrar el paso de nutrientes e impide al mismo tiempo el paso de toxinas. El problema es que, con el tiempo, esta barrera se va deteriorando, y esto causa la aparición de demencias y otras patologías cerebrales, como el alzhéimer o los accidentes cerebrovasculares. Un proyecto liderado por Olga López (Instituto de Química Avanzada de Cataluña – CSIC) y Mercedes Balcells (MIT) persigue la creación de partículas nanométricas que permitirán actuar sobre esta barrera, reparándola o facilitando la acción de los medicamentos sobre el cerebro. Si tenemos en cuenta que, según la OMS, hay unos 50 millones de personas en el mundo con demencia, nos daremos cuenta del alcance que puede tener esta iniciativa.

 

 

Reduciendo riesgos en cirugía

La cirugía obra milagros. El nivel de precisión en el que se mueven los cirujanos roza actualmente la perfección. ¿Pero, qué hay del factor humano? Todos los avances alcanzados en la materia pueden irse al traste si el cirujano no se encuentra, sin saberlo, en las condiciones requeridas para realizar las delicadísimas acciones que debe llevar a cabo. Uno de los factores que influyen tiene que ver con el auge de la cirugía mínimamente invasiva, que ha traído muchísimos beneficios para el paciente, pero también limitaciones ergonómicas para los cirujanos que podrían comprometer la calidad del servicio durante la operación. Así, con la idea de minimizar la posibilidad de un error humano, la iniciativa de Francisco Miguel Sánchez del Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón (Cáceres) y Thomas Malone del MIT se centra en el desarrollo de un sistema de sensores que permita analizar los parámetros de salud del cirujano mientras opera, así como la interacción entre cirujano y paciente.

 

 

 

Hacia una mejor calidad de vida en la tercera edad

A estas alturas no hay ninguna duda de que un buen estado físico es fundamental para el bienestar mental y social. Ya se sabe: mens sana in corpore sano. Y, sin embargo, se han llevado a cabo muy pocos estudios exhaustivos sobre esta cuestión precisamente entre aquellos que, por edad, más lo necesitan. Aprovechando la amplia experiencia que tiene sobre la cuestión el MIT AgeLab, su investigadora Samantha Brady y Maria Giné, de la Universitat Ramon Llull, hacen ahora especial hincapié en la relación entre el ejercicio físico y el aislamiento social. Explorando estrategias para estimular la actividad en las personas mayores podrán contribuir a minimizar uno de los problemas más graves entre este colectivo: la soledad. Porque sentirse bien con uno mismo es fundamental para sentirse a gusto con los demás.

 

 

Aprovechar la energía para distribuirla mejor

En estos tiempos de tecnificación extrema, no disponer de energía suficiente equivale prácticamente a quedar aislado del mundo. Si tenemos en cuenta que casi la mitad de la población mundial vive en una situación de pobreza energética, nos haremos una idea de la amplitud del problema. Por suerte, ahora la propia tecnología está permitiendo el desarrollo de sistemas autónomos de energía: gracias a las nuevas formas de procesarla, las tecnologías de la información y la inteligencia artificial, la perspectiva de un acceso universal a la energía ya no es una quimera, y el proyecto liderado por Pedro Rodríguez (Universidad Loyola Andalucía), el Dr. Álvaro Luna (Universidad Politécnica de Cataluña) e Ignacio Pérez Arriaga (MIT) va encaminado a que sea una realidad no muy lejana en el tiempo. Concretamente, este proceso de electrificación se podrá llevar a cabo aprovechando las redes inteligentes, la generación distribuida o las microrredes, teniendo siempre en cuenta que esta generación de energía sea sostenible dentro de las sociedades que la necesiten.

 

 

Cómo regenerar la piel y curar heridas

No hay máquina mejor diseñada que el ser humano. Un ejemplo muy claro lo encontramos en el epitelio: se trata de un tejido que recubre diferentes superficies de nuestro organismo y que permite, por ejemplo, curar heridas en la piel o la córnea. La ciencia todavía no puede alcanzar este nivel de perfección absoluta y los esfuerzos por crear un dispositivo artificial capaz de desempeñar ese papel no han logrado todavía los resultados perseguidos. De ahí la importancia de este proyecto fruto de la colaboración entre Miguel González-Andrades (Instituto Maimónides de Investigación Biomédica y Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba) y el Dr. Jing Kong (MIT). Aprovechando los nanomateriales desarrollados junto a los expertos del MIT, la investigación persigue la creación de una membrana basal artificial capaz de emular las funciones del tejido epitelial; es decir, que pueda regenerar el tejido dañado y evitar la aparición de infecciones y cicatrices. Las aplicaciones de esta membrana serían múltiples, pero hay que destacar su capacidad de tratar a las personas con quemaduras muy graves y a aquellas que han perdido la vista debido a los daños sufridos en la córnea.

 

Texto: Raúl M. Torres