¿Cuál es el secreto de las canciones eternas? Para la mayoría, el misterio nunca se resuelve y, simplemente, década tras década siguen sonando tan vivas como el primer día. Pero en el caso de Stayin’ Alive de Bee Gees hay una explicación científica. El célebre tema está construido sobre el mismo ritmo al que late un corazón (unas 100 PPM). Tan sencillo como efectivo: es difícil hacer oídos sordos al sonido de lo que te mantiene vivo. Quizás por eso la música es la herramienta ideal para entendernos con personas de todos los rincones del mundo.

La historia de Stayin’ Alive apunta a una característica fundamental del lenguaje musical: la capacidad del ritmo para conectar a los seres humanos a un nivel mucho más profundo que las palabras. Una conexión que se vivió el pasado jueves en el taller musical para niños organizado por ComunicArt y el Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (ICI) de la Obra Social ”la Caixa” en el multicultural barrio de Sant Roc en Badalona. Enmarcado en las actividades de la Escuela Abierta de Verano del Proyecto de ICI, el taller contó con una primera parte en la que los niños convirtieron botellas y vasos de plástico en maracas, panderetas o “palos de lluvia”, y una segunda en la que los niños se pusieron a tocar acompañados por los músicos del centro de musicoterapia interactiva L’Espai.

“Las consignas son mínimas, con cero palabras, pero hemos conseguido que, cada uno a su manera, todos participaran”, señala Egoitz Urberuaga, musicoterapeuta y director de la orquesta improvisada nacida durante el taller. Gestos, miradas y golpes sobre los instrumentos fueron lo único necesario para que todos los presentes se sumaran. Y es que, como bien apunta Egoitz, “la música es una de las artes que más aglutina a las personas. Por eso es tan efectiva a la hora de trabajar aspectos sociales y comunitarios, de integrar a personas de diferentes naturalezas y características”.

“En los barrios donde existe mucha diversidad cultural, hay que trabajar la gestión del conocimiento y del conflicto”, observa Leandro Weller, técnico de inserción del Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural. “Es importante defender las identidades y, a la vez, promover la convivencia. Diferencia e igualdad. Que se relacionen entre sí, porque la mejor manera para trabajar los conflictos es trabajar la relación.” Un trabajo en el que los niños y la música juegan un papel fundamental: los primeros, porque “viven los procesos de relación e integración de una manera más inocente y natural”; la música, porque “funciona aunque no hablemos el mismo idioma. Es una vibración que tiene que ver con nuestra capacidad innata para el lenguaje, incluso antes de aprender cualquier lengua. Es una herramienta que nos permite estar juntos en el mismo sitio” y conectar con lo más esencial de la vida humana, más allá de culturas y generaciones.

 

Fotografía: Rita Puig-Serra