Hoy es el Día Mundial de la Diversidad Cultural. En la Obra Social ”la Caixa” saben que la diversidad es riqueza y que solo juntos y bien avenidos podemos avanzar hacia una sociedad mejor: lo demuestra su Proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural, que fomenta la convivencia en zonas culturalmente muy diversas. Para celebrar este día hemos reunido a varias personas con perfiles culturales distintos alrededor de una mesa, porque allí es donde se suelen producir las conversaciones más interesantes.

MARZBAN – Es curioso porque en la India la sobremesa se hace antes de comer. Mi familia es muy matriarcal y siempre son las mujeres las que más hablan: de los hijos, la comida, la política…

FLORIAN.— A los franceses nos encanta debatir. Solemos tomar algo de alcohol después del postre, para digerir.

CECILIA.— En China hay un montón de normas a la hora de comer. No hablamos mucho…

DJALIL.— ¡Pues en Argelia hablamos todos al mismo tiempo! Y comemos dulces y té o café.

CECILIA.— Hablando de comida, creo que lo que más me gusta de España es el tiempo que se toma la gente para disfrutarlo todo.

JULIE.— No se toman el café de un Starbucks corriendo por la calle.

LUCY.— Sí, hay una cierta lujuria: de la buena comida, el buen dormir, el buen vivir.

CECILIA.— Por otro lado, si hay algo que me chocó cuando llegué es que se llame a los bazares o colmados “los chinos” o “los paquis”. Son tiendas, ¡no personas! Y los dueños de los “paquis” la mayoría de veces ni son de Paquistán.

DJALIL.— Las etiquetas nos ayudan a entender porque simplifican y nos permiten comparar con algo conocido, pero deberíamos empezar a entender a partir de ahí, no hasta ahí.

LUCY.— Cuando etiquetas reduces a las personas a una categoría y cierras sus posibilidades de ser y de formar parte de. Si eres “paqui”, ¿estás destinado el resto de tu vida a vender cerveza?

FLORIAN.— En Francia al “paqui” le llaman “el árabe de la esquina”. Todo el mundo lo dice con vergüenza, pero es lo habitual.

LUCY.— Pero podemos cambiarlo. Se hace desde el cariño, sin maldad, seguro. Pero estas narrativas hacen mucho daño.

CECILIA.— Hay que positivar el lenguaje. Yo no soy inmigrante: soy internacional. No soy una minoría: soy única.

JULIE.— Yo lo veo como una ventaja, el ser diferente.

 

 

CECILIA.— En el sector de la innovación, la diversidad es imprescindible. Lo que está funcionando son los espacios de coworking en los que hay una rotación de personas constante con perspectivas y experiencias distintas.

MARZBAN.— En el proyecto de Notegraphy éramos 12 personas de seis nacionalidades distintas.

DJALIL.— La diversidad expande tu mente y tu percepción.

LUCY.— Aporta tanto a nivel biológico como cultural y mental, pero todavía estamos en ese estado de miedo en el que creemos que si llega alguien de fuera puede quitarnos la identidad y borrar todo lo que somos.

CECILIA.— Cuando las personas se sienten inseguras es cuando surge el racismo.

FLORIAN.— Pero en las elecciones de Francia o de Suiza, por ejemplo, las regiones que más votaron a los partidos extremistas fueron precisamente las que tienen poca inmigración. Tenemos miedo al extranjero, pero no cuando tienes “la amenaza” en tu puerta, sino cuando proyectas desde lejos lo que podría ocurrir. Cuando lo tienes cerca, te das cuenta de que no pasa absolutamente nada.

CECILIA.— Un amigo mío da charlas sobre diversidad y racismo, y él se llama a sí mismo “experto en antirumores”. Cuenta que la mayoría no somos racistas porque tengamos algo concreto en contra de alguien, sino por desconocimiento. Circulan rumores que la gente va pillando y asumiendo. Y hay que intentar eliminarlos para entendernos como personas, cada uno con sus historias e individualidades.

MARZBAN.— Es muy bonito ver cómo internet nos ha acercado un poco a todos.

LUCY.— Tiene algo muy potente que es la aleatoriedad, que te permite encontrar historias, personas y narrativas increíbles, que en el mundo físico sería muy difícil que conociéramos. A mi pareja cuando le preguntan de dónde es dice que de internet. Yo también me identifico más con la globalidad que con una frontera o bandera. Porque eso son construcciones. Y no pueden ir por encima de ti y de mí como seres humanos.

DJALIL.— Ahora con las redes sociales hay menos estereotipos sobre la gente porque somos más conscientes de la diferencia.

LUCY.— Internet te ayuda a visibilizar al otro. Para mí lo más potente es ver iniciativas individuales que intentan cambiar estas ideologías y categorizaciones. Hablo de publicaciones como Calvert Journal, que busca unir a las comunidades de jóvenes de Rusia con Europa, o de Muslim Girl, una web que lucha contra los estereotipos sobre las chicas musulmanas en los EE. UU., o de la revista Brownbook, que es como la Monocle de Medio Oriente.

 

 

CECILIA.— Hace dos semanas empecé a salir con un chico. Nos conocimos en un bar. Nos lo pasamos superbién y un día salió el tema de la política y me dijo que había votado por Trump. De repente, me bloqueé. No entendía cómo podía, a mí, gustarme alguien que había votado a Trump. Luego me di cuenta de que siempre estoy hablando de no prejuzgar a la gente y estaba haciendo exactamente eso con él, y me dio un montón de vergüenza. Me dije a mí misma que tenía que escucharle. Resultó que había trabajado como militar y lo dejó porque vio lo terribles que son las guerras y ahora no podía votar por alguien que había apoyado una. Desde entonces le entiendo totalmente.

JULIE.— Escuchar a la otra persona es clave. El diálogo, hablar como hoy nosotros. Aprendes un montón.

FLORIAN.— Luego tienes la opción de irte o de seguir hablando.

LUCY.— Quizás habéis visto la campaña de esa agencia de viajes que te invitaba a hacerte un test genético para descubrir lo diversos que somos. Salía gente que creía que eran 100% cubanos o nórdicos y luego la mayoría tenían antepasados de todo el mundo. Yo hace cinco años me tuve que hacer uno de esos exámenes por un problema de salud y en la parte de ancestros me salía 57% europea, 37% nativa americana, tenía genes de África, de Asia ¡e incluso un tanto por ciento de neandertal más elevado que la media! Te das cuenta de que no eres tú, eres del mundo.

FLORIÁN.— Si es que venimos todos de África…

LUCY.— Exacto. Ves como todos los argumentos se van cayendo: la idea de las razas y las fronteras imaginarias que todos nos creamos…

JULIE.— Al final tenemos más en común que diferencias.

 

 

COMENSALES:

Cecilia Tham nació en Hong Kong, vivió en Macao y en los EE. UU. y hace 15 años se instaló en Barcelona, donde fundó el coworking MOB y el FabCafé. Marzban Cooper es londinense de familia india y ha vivido en Bombay, Nigeria, Alemania y Barcelona. Dirige el lab creativo y la miniaceleradora de la agencia Herraiz Soto. Djalil Maameri es argelino, director de vídeos y exestudiante del IED, una de las escuelas de diseño más internacionales de Barcelona. Julie Chrysler es de Seattle pero considera Barcelona su casa. Ha trabajado en proyectos de educación global y ahora lidera un proyecto de innovación en África. La colombiana Lucy Rojas creó junto a su pareja Internet Age Media, una plataforma y asesoría sobre temas relacionados con la cultura de internet y sus cruces con otras disciplinas. Por último, Florian Paulin, ha trabajado en agencias y startups por todo el mundo. Nació en París pero la mitad de su sangre es francochina y la otra, camerunesa.

 

Fotografía: Laia Sabaté